Imagina que estás en clase y tu profe no solo te enseña ética, matemáticas o introducción a la psicología, sino que además te dice: “¡Vamos a realizar una investigación que nos permita plantear una solución a un problema actual!”. De repente, sientes ganas de participar, ayudar a otros y sentirte parte de algo grande, trascedente.
Pero, ¿por qué pasa esto?, porque cuando los maestros nos motivan con entusiasmo, ¡nuestra participación en actividades a favor de la sociedad se incrementa de modo animoso!, a diferencia de cuando no lo hacen, incluso, en ocasiones con su actitud fomentan la apatía. Estudios científicos lo confirman, y hoy te lo cuento de forma sencilla, como si estuviéramos platicando en la cafe.
Cifras en estudios recientes en contextos universitarios y de bachillerato[1] permiten apreciar una correlación sorprendente del 90% entre el desempeño del docente y la participación de sus alumnos. Esto significa que un profe entusiasta puede hacer que salgas de clase a limpiar un parque o realizar un estudio que beneficie a la sociedad.
Cuando un(a) profesor(a) se esfuerza por ser un guía activo, la probabilidad de que sus estudiantes se involucren en proyectos sociales se dispara; ¡uy! no solo eso, desean con ansia ir más allá de lo propuesto originalmente. No es casualidad, es el resultado de una visión docente que ve al estudiante no como una vasija vacía, sino como un ser con un potencial que en un dos por tres puede cambiar su entorno. El docente no solo transmite datos, ahora diríamos como una IA, sino que es un detonante o chispa de la conciencia social.
Hace no muchos años, Toledo y Reyes en 2010[2], realizaron un experimento padrísimo, hecho por y con 100 universitarios, los dividieron en dos grupos: uno hizo un proyecto de “aprendizaje-servicio comunitario”, guiados por un tutor motivador que los animaba a ayudar en la comunidad. ¡cambiazo!, sus conductas como ayudar, ser solidarios y empáticos, pasaron de “medio” a “alto”. ¿y qué crees?, el otro grupo, sin esa guía, no avanzó tanto; pareciera que el profe fuera el motor que en gran número de ocasiones enciende la chispa para realizar acciones nobles.
¡Y hay más! en un estudio de 2023 sobre formación ciudadana, profesores usaron proyectos semestrales sobre medio ambiente y derechos humanos. Los estudiantes no solo aprendieron, ¡sino que actuaron! Limpiaron ríos, organizaron charlas y transformaron su entorno. La clave fue la motivación del docente, que los hacía sentir protagonistas. Y en medicina online, un artículo de 2024 mostró que incentivando a unos pocos alumnos altruistas al inicio, ¡el 100% del grupo participó en foros solidarios!
Ya lo había comentado en una colaboración anterior, en el idioma rumano encontramos la palabra cuib, ésta se traduce como “nido”. El salón de clase lo comparo con un cuib, lugar donde los maestros a semejanza de los pájaros, alimentamos a los alumnos con el conocimiento verdadero, a través del “pensamiento lógico” (o “riguroso”) y el “pensamiento crítico” herramientas que les darán bases para enfrentarse a los problemas que la vida les presenta.
Como Maestros(as) tenemos el deber de hacer que en los estudiantes broten nobles aspiraciones, impulsos generosos como parte de su formación y en relación con el servicio a la sociedad; la persona docente debe tener el firme compromiso de elevar o revigorizar moralmente al individuo. Evitemos en la enseñanza el equívoco, con esto ayudamos al(a) estudiante a perfeccionarse en la virtud de la ciencia.
[1] Fajardo García, L. M. (2025). Impacto del desempeño docente en la formación ciudadana de estudiantes de bachillerato. Journal of Science and Research, 10(I CIEDI), [páginas si disponibles]. https://revistas.utb.edu.ec/index.php/sr/article/view/3939
[2] Toledo, A. & Reyes, M. (2010). Proyectos de aprendizaje de servicio-comunitario y su influencia en conductas prosociales. Revista Venezolana de Educación, SciELO.