“La mayoría siempre tiene la razón, pero en las elecciones la razón nunca tiene la mayoría”
Jodorowsky
La democracia es acechada por el influjo del autoritarismo, pero también por el mal desempeño de la clase dirigente y su desconexión de asuntos que exigen atención. Este artículo trata de explicar tres temas que requieren espacio en la agenda política.
Decir que la democracia está en recesión no es una sentencia alarmista. Constituye un diagnóstico evidente. A las debilidades propias de los regímenes democráticos, debemos agregar la influencia de factores exógenos. El autoritarismo global que opera por la vía económica y a través del ‘soft sharp power’, junto con las plataformas mediáticas, académicas e intelectuales en Latinoamérica.
Pero la democracia latinoamericana también está acechada por el mal desempeño de la clase dirigente y las instituciones que no han podido encarar tareas pendientes para recobrar su perfil y afrontar los retos del futuro.
La institucionalidad democrática de los países latinoamericanos y las instancias de coordinación internacional tienen asuntos por incluir en la agenda de discusión. El contexto es adverso por la crisis económica pospandémica y la guerra entre una potencia autoritaria (Rusia) y un país que busca acogerse a Occidente (Ucrania). Sin embargo, no debería restar importancia a la necesidad de reformas políticas y una mayor defensa de los ideales democráticos ante semejantes desafíos.
La democracia no se puede dar por sentada. No existe por inercia. La democracia es una construcción constante. Protegerla requiere de observación, reflexión y acción. La economía no es el único indicador a tener presente, y no solo con seguridad se logra la estabilidad social. Si bien estas dos variables explican buena parte de las crisis sociales que vive la región, otros asuntos también requieren conversación.
Este artículo pone el foco en tres temas sensibles en materia de riesgo político que todo gobernante latinoamericano debería tener sobre el escritorio: 1) confianza en el sistema democrático, 2) emergencia ambiental y 3) migraciones intrarregionales.
La principal amenaza a la democracia y a la recuperación de la confianza en el sistema político es el ascenso de las autocracias. En la actualidad, se trata de nuevos modelos de autocracia, que arman un sistema a medida, cuidando de una forma tramposa las formas esenciales de la democracia (elecciones periódicas), mientras un único sector controla todos los poderes y ataca las libertades.
Hoy día son comunes los casos de deterioro democrático en los que se evidencia que, una vez en el poder, hay gobernantes que toman acciones para erosionar la división de poderes y el equilibrio institucional. Esta situación ha sido ampliamente abordada por Moisés Naím en su más reciente libro, La revancha de los poderosos (Debate, 2022). Naím habla de los autócratas, es decir, que hacen uso del populismo, la polarización y la posverdad.
Lamentablemente, como se explica en el informe Riesgo político en América Latina (2022), «los mecanismos regionales creados para la protección de la democracia, como la Carta Democrática Interamericana, no están actualizados para afrontar estas amenazas, por lo que requieren de urgentes precisiones y modernización para incrementar la eficiencia en su objetivo». He ahí una primera tarea que urge revisar: el alcance y efecto de los acuerdos internacionales en defensa de la democracia.
En el libro Cómo mueren las democracias (Debate, 2018) Levitzky y Ziblatt hacen especial hincapié en este tipo de líderes autoritarios que arremeten contra las instituciones desde dentro. A menudo no tienen necesidad de dar golpes de Estado en el sentido clásico. En cambio, tienen el mismo resultado: degradar las instituciones y anular a la oposición.
El cambio climático, la escasez de agua y la contaminación son temas ausentes en la agenda de discusión política latinoamericana. No destacan entre los principales asuntos sobre los que conversan los gobernantes en cumbres regionales ni encabezan las agendas bilaterales.
En el caso de México ya consumieron más del 60% de sus reservas de agua. Este dato, entre otros, es más ignorado que conocido. Tampoco tiene prioridad el debate sobre la ausencia de control a prácticas ilícitas ampliamente extendidas en la región.
Todo esto también incrementa el riesgo político. ¿Por qué? De acuerdo con el informe Riesgo político en América Latina, la falta de políticas efectivas y acuerdos regionales que organicen una gobernanza decidida en torno al tema, incrementa «el riesgo de transitar a escenarios de mayor escasez, principalmente de bienes públicos como el acceso al agua, un mayor impacto de los desastres naturales y, en definitiva, agravar la vulnerabilidad de los países ante sus efectos».
La explosión de la migración interna en Latinoamérica, cuyo máximo exponente desde 2015 es el exodo venezolano, exige repensar la migración intrarregional como fenómeno y las normativas para regularizar la circulación y las residencias de los ciudadanos migrantes en general. La pandemia generó una contención del flujo migratorio entre los diferentes países. Sin embargo, tanto los caminos y pasos irregulares como las solicitudes de refugio y asilo siguieron su curso.
A medida que las políticas de flexibilización han permitido la reapertura de fronteras, los caudales migratorios vuelven a su tamaño prepandemia. La falta de coordinación intrarregional, la escasez de recursos para abordar el tema y la debilidad de los Estados para organizar el movimiento migratorio son una falencia que en los últimos años han incrementado el riesgo político de este asunto.
Esta marea alta de xenofobia es una expresión de la tensión social generada por los inesperados flujos migratorios que no parecen cesar en el corto plazo. El tema requiere un posicionamiento jerárquico en la agenda intergubernamental con miras a generar mecanismos mancomunados que permitan articular soluciones a los movimientos migratorios actuales y futuros.
Elementos que agregan complejidad son: el movimiento migratorio en la frontera sur de Estados Unidos con Mexico, la nueva ola de migrantes cubanos que huyen de la crisis en la isla y los desplazados por la violencia en Centroamérica. Si bien son temas más notorios en la prensa, no encabezan las agendas de encuentros multilaterales en la región.
Los tres asuntos descritos exigen su lugar en la agenda política de los países de la región y en sus espacios de coordinación internacional. La garantía más fiable de la democracia es su protección constante. Por esto, la élite dirigente no debería obviar estos llamados de atención.
México vive una constante desviación de la democracia, el rechazo por parte del poder legislativo sobre la reforma electoral. A la presidenta le causó un gran enojo político y personal, no se quiere enterar de que los partidos satélites de Morena, también forman parte del juego reglas que buscan modificarlas. Estos reclaman sus posiciones en el entramado electoral y desde luego los dineros con lo que subsisten sus dirigentes.
El pueblo le autorizó realizar todos los actos de gobierno que pretende, dice la presidenta.
Salud y larga vida
Profesor por Oposición de la Facultad de Derecho de la UACH.
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