Durante décadas se ha enlazado el desarrollo económico, a la inversión, crecimiento y la producción, pero este modelo debe cambiar al usarse solamente la lógica de extraer, producir, consumir y desechar.
Al revisar el artículo La autosustentabilidad comunitaria como una de las metas de la economía circular en México, de Cristina Cortinas, queda claro que la discusión sobre el futuro económico del país también pasa por replantear la forma en que nuestras comunidades gestionan sus recursos y su propio desarrollo.
La autora diagnostica que el modelo económico lineal ha generado enormes presiones ambientales y sociales. La producción masiva y el consumo acelerado han derivado en una generación creciente de residuos y en un uso poco eficiente de los recursos naturales.
Desde mi perspectiva, uno de los puntos más valiosos del planteamiento de Cortinas es que la economía circular no debe limitarse a la innovación tecnológica o a las estrategias empresariales. Muchas veces el debate sobre sustentabilidad se concentra en grandes industrias o en nuevas tecnologías, pero se olvida que la verdadera transformación puede comenzar en lo local, en las comunidades donde se producen, consumen y desechan los bienes.
La autosustentabilidad comunitaria implica justamente eso: que las comunidades desarrollen la capacidad de gestionar de manera responsable sus recursos, fortalecer su economía local y reducir la generación de residuos. No se trata únicamente de reciclar más, sino de reorganizar los ciclos de producción y consumo para que los materiales permanezcan en uso el mayor tiempo posible.
Cuando las comunidades participan activamente en estos procesos, se abre la posibilidad de cerrar ciclos dentro del propio territorio. Esto puede traducirse en cooperativas de reciclaje, proyectos de agricultura sostenible, emprendimientos locales o sistemas de aprovechamiento de residuos que generen empleo y valor económico. En otras palabras, la economía circular puede convertirse en una herramienta para fortalecer tanto el medio ambiente como el tejido social.
Otro aspecto importante que señala la autora es que la economía circular debe entenderse en distintos niveles. Desde el ámbito micro, que involucra productos, consumidores y pequeñas empresas; pasando por el nivel meso, donde aparecen redes de empresas o ecosistemas productivos que intercambian materiales; hasta llegar al nivel macro, donde intervienen las ciudades, las regiones y las políticas públicas nacionales.
Este enfoque multiescalar es particularmente relevante para México, un país caracterizado por su diversidad territorial y social. No es lo mismo hablar de economía circular en una gran zona industrial que en una comunidad rural o en un municipio con vocación agrícola. Por ello, cualquier estrategia debe adaptarse a las realidades locales.
A mi juicio, uno de los mensajes centrales del artículo es que la economía circular no puede consolidarse sin la participación de las comunidades. Son ellas las que pueden impulsar prácticas como el reciclaje, el aprovechamiento de recursos locales, la creación de cooperativas o la gestión comunitaria de residuos. Estas acciones, aunque puedan parecer pequeñas en comparación con los grandes proyectos industriales, tienen un enorme potencial transformador.
Por supuesto, este proceso también requiere el respaldo de políticas públicas adecuadas. La autosustentabilidad comunitaria difícilmente puede desarrollarse sin legislación ambiental efectiva, programas de gestión integral de residuos y una coordinación real entre gobiernos, sociedad civil, academia y sector productivo. Cuando estas alianzas funcionan, no solo se mejora la gestión ambiental, sino que también se generan empleos y oportunidades económicas a nivel local.
Si algo deja claro esta reflexión es que el futuro de la economía circular en México no depende únicamente de innovaciones tecnológicas o de reformas institucionales. También depende de la capacidad de nuestras comunidades para organizarse, colaborar y asumir un papel protagónico en la construcción de un modelo económico más justo, resiliente y respetuoso con el entorno.