Si en 2021 alguien me hubiera dicho que en 2026 la secretaria de Bienestar, Ariadna Montiel Reyes —entonces subsecretaria—, y Cruz Pérez Cuéllar —entonces senador— iban a ser aliados, buscando ella la Presidencia Municipal para su equipo y él la gubernatura para sí mismo, no lo hubiera creído.
Como tampoco hubiera creído que su más cercano aliado, Juan Carlos Loera —entonces delegado de Bienestar, precandidato y candidato a la gubernatura—, ya no sería aliado ni parte de su equipo. Pero así es la política, así son las personas y así es la 4T en Chihuahua.
En vísperas de las definiciones para la gubernatura de Chihuahua y la Presidencia Municipal de Juárez (y, por extensión, del resto del estado), y en el marco del Consejo Nacional que fijará las reglas para las definiciones de dichas candidaturas —y de todas las del país dentro del morenismo—, horas antes de la sesión del consejo Ariadna y Cruz sellaron públicamente ese pacto-alianza.
Por supuesto que la alianza es más pragmática que ideológica: es un ganar-ganar para ambos, por necesidad mutua y justo en el momento en que más lo necesitan. La pensaron mucho, sobre todo la secretaria de Bienestar, por lo que representa para ella dicha alianza. Lo intentaron el año pasado en la elección judicial, pero no funcionó.
El presidente municipal tendrá el apoyo de la secretaria de Bienestar y todo lo que ello representa; y ella tendrá el respaldo del presidente municipal de Juárez, con su estructura y logística, con miras a la encuesta que definirá primero la posición que él busca —la candidatura a la gubernatura— en junio, y después, en septiembre, la Presidencia Municipal de Ciudad Juárez para alguien de su equipo.
“Feliz, feliz, feliz de desayunar y compartir con mis amigos antes del Consejo Nacional de Morena”, fue lo que publicó Cruz el viernes 6 de marzo en sus redes sociales, acompañado de una foto en la que aparecía con Ariadna Montiel, secretaria de Bienestar; Carlos Castillo, diputado federal plurinominal; Cuauhtémoc Estrada, diputado local y coordinador de la bancada de Morena en el Congreso del Estado de Chihuahua; así como Mayra Chávez, delegada de Bienestar, todos ellos vinculados con el conocido grupo Coyoacán de la Ciudad de México.
Y el lunes 9 de marzo, en conferencia de prensa, destacó dicha reunión y la excelente relación con ese grupo, lo que confirmó la alianza, con la cual van contra sus compañeros de partido: los senadores Andrea Chávez y Juan Carlos Loera; ella por la gubernatura y él por la Presidencia Municipal, ambos punteros en sus respectivas encuestas, según la mayoría de ellas.
Esta alianza ya desató una batalla al interior del morenismo en Chihuahua. Cada militante apoya a su preferido o preferida, desatando incluso una guerra de descalificaciones entre simpatizantes de los distintos equipos —y uno que otro cercano a ellos—, escenario que sin duda es el deseado por el PAN y que podría darle el triunfo a Marco Bonilla, seguro candidato a gobernador por el partido azul.
Esto es malo para el morenismo chihuahuense, pues una batalla fratricida sólo beneficiará a la oposición. En este escenario, la secretaria de Bienestar es quien menos tiene que perder y poco que ganar, pues, sea cual sea el resultado, la posición que busca para su equipo, en caso de no obtenerla, no le restaría poder ni influencia por pertenecer al epicentro del poder del morenismo y ser titular de la Secretaría estrella de la 4T: la de los programas sociales de todo el país.
Esta guerra interna en Chihuahua me recuerda la batalla por la candidatura presidencial, donde el entonces presidente AMLO resolvió de manera magistral las pugnas internas, sentando a todas y todos los que aspiraban a la Presidencia para acordar una competencia en buena lid, respetándose mutuamente y reconociendo los liderazgos de cada uno. Además, acordaron que todos colaborarían, de una u otra manera, en el proyecto de nación, ocupando posiciones relevantes.
Sería lo deseable para el morenismo de Chihuahua, para no servirle la mesa al PAN, lo que podría hacerles perder no sólo la gubernatura, sino también posiciones en el Congreso federal —algo perjudicial para la presidenta de la República— y en el Congreso estatal.
Un acuerdo en el que se sentaran la secretaria de Bienestar, la senadora y el senador, así como el presidente municipal, para pactar una sana competencia y el respeto a los liderazgos, acordando también cómo colaborarían ellos y sus equipos rumbo a 2027 en Chihuahua.
Si eso se lograra, ganaría el morenismo y sería una fuerza difícil de vencer para el PAN. Es necesaria una alianza de todas y todos, por la fuerza que representan cada uno de ellos en el estado.
Ojalá se logre, porque de lo contrario todos saldrían perdiendo, en mayor o menor medida.