«Nunca pensamos que el ataque vendría de nuestros hermanos de clase»: Lilia Aguilar (PT).
La anunciada derrota de la iniciativa de la presidenta Claudia Sheinbaum, en materia electoral, trajo, -además de ser la primera ocasión en que el partido gubernamental, Morena, acudiese a una votación en el Congreso de la Unión sin el acompañamiento de sus aliados-, una serie de repercusiones, a cual más de lamentables para el conjunto de la cuarta transformación, pero, sobre todo, que mostró el grado de podredumbre mostrado por la coalición gobernante.
La descarnada denuncia pública y política efectuada por Lilia Aguilar, legisladora chihuahuense del Partido del Trabajo (PT), en el curso de la discusión electoral, la retrata nítidamente.
A las desconocida razones del porqué la presidenta de México decidió arriesgarse a sufrir una derrota política en la aprobación de su iniciativa, que eso es, por más que traten de enmascararlo, es una derrota de la mandataria.
En ese entorno se dieron los ataques denunciados por la integrante del clan Aguilar chihuahuense, cuyo jefe -Rubén- es un político y activista social de muchas décadas en Chihuahua y cuyo liderazgo ha merecido acres críticas, tanto en lo local como en lo nacional.
Afectada por una enfermedad que le paralizó una parte de su rostro hace años, afección frecuente en Chihuahua, Lilia Aguilar no tuve empacho en denunciar las graves y groseras ofensas lanzadas que hacían énfasis en ello, en los últimos cinco días, en contra de su apariencia física, sólo porque su partido y los legisladores de ese partido resolvieron no acompañar la iniciativa presidencial.
Paradojas de los gobernantes, la denuncia se efectuó a tan sólo tres días del Día Internacional de la Mujer, en la que decenas de miles en el país denunciaron las gravísimas condiciones en que viven millones de ellas, a causa de los ataques, acoso, hostigamiento, agresiones y asesinatos.
A lo que se suma, el clima de discriminación laboral y el de la violencia doméstica.
En ese entorno se dan los ataques denunciados por Lilia Aguilar, lo que nos puede llevar, y es lógico concluirlo, que si eso sufre una legisladora federal, el resto de las mujeres están sometidas a mayores y más frecuentes riesgos.
Entre las denuncias efectuadas por la diputada, se encuentra la que la estigmatizaron por tener una fortuna personal de 22 millones de pesos.
La legisladora petista dice no avergonzarse sobre ese monto, pero que sí ilustra el modo en el que los integrantes de la clase política acceden fortunas que, ni soñados, pueden acumular la mayoría absoluta de los mexicanos.
Muchos años atrás, se dio a conocer la fortuna personal de Porfirio Muñoz Ledo, un hombre que participó en la política y en los más altos niveles del quehacer público en el país, del que nunca se informó, se rumoró o se supo, que hubiese acumulado riquezas más allá de las que hubiese podido acceder merced a sus ingresos como funcionario público.
Declaró tener menos de 2 millones de pesos en propiedades, cuentas bancarias y vehículos, pero que una integrante de la clase política chihuahuense, cuyos ingresos conocidos proceden de la función pública, merced a sus participaciones como legisladora federal y local, además de dirigente partidista en el país y el estado, dan pie a la justificada suspicacia de la mayoría de los mexicanos hacia los políticos.
La dimensión de la fortuna de Lilia Aguilar Aguilar se suma a la que se ha empezado saber de otros integrantes de los partidos de la 4T, entre ellos descollantemente la de Gerardo Fernández de Noroña, cuyos ingresos, que adujo eran por venta de libros que vendía personalmente en el edificio en el que vivía, -que no era de ninguna manera de clase media alta o alta- le permitieron adquirir una propiedad de 12 millones de pesos.
Más lo que hemos sabido a lo largo de los últimos años en los que los integrantes de la 4T, o los beneficiados del ejercicio público de estos, han originado serios escándalos, mediáticos, protagonizados por varios de estos integrantes, en los que el derroche, el dispendio y el mal gusto campean por su fueros.
De este modo, no sólo asombra la postura del PT o del PVEM frente a la reforma electoral, sino la furibunda reacción de algunos de los integrantes de Morena en contra de sus propios aliados, o como les llamó Lilia Aguilar, «hermanos de clase».
A estas alturas habría que preguntarles a qué clase social pertenecen muchos de los integrantes de la cúpula dorada de la 4T, hoy gobernante en México.
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