Los partidos paleros de antaño eran, como lo son los actuales, un negocio más de las veces familiar. Si les quitan dinero –que es donde más les duele- claro que se oponen. No les interesa alcanzar el poder, saben que vivir fuera del presupuesto es vivir en el error como sabiamente lo dijo César Garizurieta. A ellos no les interesa ganar elecciones, es mejor quedarse con las grandes ganancias que les dejan salarios, dietas, comisiones, gastos de representación, asesores, vehículos, choferes, moches y solo por levantar el dedo cuando se los ordenen.
Efectivamente, no debe permitirse que dinero de la delincuencia organizada ponga y quite candidatos libremente. Tampoco grandes aportaciones de empresarios porque la elección sería inequitativa.
Por eso propongo la más importante: la opción c. Primero que en las elecciones no intervengan los gobiernos para apoyar partidos ni aspirantes. Las últimas elecciones fueron de estado. Por eso si cualquier funcionario destina recursos de cualquier clase a candidatos, de inmediato destituirlo de su cargo y cancelar el registro del suspirante. Esto sería válido para todos los niveles de gobierno: presidencia de la república, gobernadores, diputados locales o federales, senadores, alcaldes y funcionarios de los tres niveles de gobierno. Directamente o por interpósitas personas o instituciones.
En segundo lugar, que se limite la participación pública por cualquier medio de comunicación de quienes tienen el mando político. En una veda electoral total, en este caso las mañaneras del pueblo, estarían restringidas. Porque hemos visto que directa o indirectamente, abierta o veladamente, apoyan al candidato de su partido. Acusan casi de traición a la patria a quien no vote por sus correligionarios.
Tercero, eliminar la propuesta de voto electrónico porque para empezar no está del todo claro cómo se llevaría a cabo. En democracias auténticas es posible ejercer el sufragio de esta manera además del correo. Pero en México, donde la transa y el fraude electoral ha sido durante muchísimo tiempo una constante, el voto electrónico es una buena oportunidad para manipular resultados. El ingenio para realizarlos antes rayaba en lo inconcebible con nombres bastante originales, (carrusel, el ratón loco) y con ellos votar varias veces, la anulación de los votos contrarios, el robo de urnas, el cambio de las papeletas eliminando las indeseables y cambiándolas por las favorables al partido en el poder. Pero la elección del poder judicial se voló la barda. Los famosos acordeones fueron groseros. Entonces, si les dio resultado en esa farsa, por qué no rescatarlos. Es más sencillo y los acarreados no tienen ni siquiera la necesidad de pensar, simplemente escriben los números que les indica el papelito y listo.
En México hemos vivido tiempos de dictadura perfecta, o dicta blanda, pero dictadura al fin y al cabo. Si con el nacimiento a finales del siglo pasado de un instituto electoral independiente de los gobiernos, confiable, honesto, se logró la alternancia en la presidencia de la república, entonces para qué modificarla. Así dos periodos los ganó el Partido Acción Nacional, el Partido Revolucionario Institucional volvió a Los Pinos y la izquierda, con reglas claras obtuvo por fin su oportunidad. Entonces, qué necesidad hay de cambiar un organismo que era imparcial. La respuesta es sencilla, para garantizar el unipartidismo que nos lleve a un estado totalitario.
Los políticos mexicanos no han aprendido nada de lo que ocurre en Cuba, Nicaragua, Venezuela, en su momento Bolivia y nos quieren llevar a esos sistemas que solo provocan pobreza, marginación, hartazgo. En este país no amamos ni valoramos la democracia. Y la propuesta a la Reforma Electoral lo dice con todas sus letras. La aspiración es, como lo dice al final la película La Ley de Herodes, permanecer en el poder por siempre y para siempre.
Si finalmente Morena obtiene, por las buenas o por las manos, los votos que darán el tiro de gracia, no solo a la democracia, sino al juego político, veremos derrumbarse una sociedad abierta para regresar al oscurantismo político. Y más temprano que tarde, veremos sus aciagas consecuencias.
Volveremos al fraude patriótico (importado de Argentina). Y será práctica cotidiana la retención de documentos electorales, la violación del sufragio secreto y simple y tendremos un solo partido, hegemónico, absoluto, dominante, despótico y arbitrario.
Si el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista votan a favor de la reforma, no se darán un disparo en el pie, se lo darán en la cabeza. Y se llevarán a la nación entre las patas.
A mi álter ego dos libros leídos recientemente lo tienen decepcionado: La Duda Sistemática de Francisco Labastida y Ni Venganza ni Perdón de Julio Scherer y Jorge Fernández Menéndez.