Al conductor y crítico Pedro Sola le llegó una enorme fama, aunque mala y tarde.
Pero debemos ver el trasfondo del asunto. Para empezar ¿es justificable que, bajo la libertad de expresión, todos podamos decir y hacer lo que se nos ocurra? No, ni moral ni legal ni epistemológicamente hablando. Mi moralidad y mi albedrío llega hasta donde no afecte a los demás; hasta donde las leyes y la racionalidad y la objetividad lo permitan. Cuando no afecten a terceras personas.
En México, todavía, tenemos derecho a pertenecer a grupos religiosos, filosóficos, políticos a nuestro criterio. Si defendemos la postura P tenemos la obligación de defenderla, justificarla, argumentar a su favor. El decir simplemente “es porque me gusta” denota ignorancia sobre cómo fundamentarla.
Sean los casos la fiesta brava y la pelea de gallos. Yo no estoy de acuerdo que animales cuyo sistema neural es plástico y por lo tanto sienten dolor y sufrimiento sean sacrificados para que un grupo de aficionados lo disfruten. He escrito muchísimos artículos al respecto. Llegué a asesorar tesis sobre el tema y cuando me encuentro con taurófilos los reto a un debate público para tratar el tema. Nadie ha aceptado. Un profesor de la Facultad de Zootecnia fue el que más animado estaba, pero me puso varias condiciones: que el evento fuera en su facultad, de acuerdo; que no llevara alumnos ni correligionarios; de acuerdo solito y mi alma. Después se retractó, cambiar de opinión no es rajarse, decía mi papá, porque en aquel entonces estaba en auge ahí la carrera de Ingeniería en Ecología.
Si a alguien le gustan los toros o los gallos y no infringe la ley, adelante. Tampoco estoy de acuerdo con las asociaciones defensoras de los animales que agreden física y verbalmente a quienes asistían a la Plaza de Toros La Esperanza –que en paz descanse-.
La política y la farándola se parecen tanto que a veces no hay manera de distinguirlas. En el aspecto ideológico los morenistas creen que nos insultan si nos dicen “es que eres de derecha” “es que pregonas la ultraderecha” “es que eres fifí” y etc. En sentido estricto la postura política de derecha tiene derecho a coexistir. Igual que la izquierda, la extrema derecha, el anarquismo, el racionalismo, el existencialismo, la filosofía analítica, la escolástica, etc. Si eres fifí es porque lo decidiste. Lo que ni la izquierda, ni la extrema izquierda, ni las dictaduras deben hacer es imponer por la fuerza –así estén convencidos de que la verdad proviene del todopoderoso- su forma de pensar y actuar.
Es pocas palabras, debemos vivir en una sociedad abierta con libertades individuales y colectivas de pensamiento y acción, estado de derecho pleno, democracia transparente, tolerante, plural.
Pero ¿esa libertad de pensamiento le da permiso al mencionado conductor de expresar lo que se le venga en gana? No le gustan los animales domésticos, en este caso, ni que se les permita a sus dueños llevarlos a tiendas y a restaurantes y como seres vivos, de pronto, sin previo aviso, la naturaleza haga de las suyas. Recuerden que donde sí tienen sus amos libertad de llevarlos son normalmente lugares –vamos a decirlo así- de categoría. Pero eso de sugerir darles a comer carne envenenada es no tener ni criterio, ni conectar la lengua con el cerebro, ni conciencia humanística, ni conocimiento de causa, ni cultura, ni entender las épocas en que estamos viviendo.
¿Quiénes ven Ventaneando.? Cuando el programa nació en 1996 me percaté que su rating subió muy pronto. Actualmente su audiencia oscila entre 400 mil o más de un millón de espectadores diarios. Ha sido superado en algunos años por el programa apéndice de José Origel, pero ahí se dan y agregue usted Hasta en las Mejores Familias dirigidas por Carmen Salinas en el 2000. Es una tristeza, como conclusión anticipada, que estas emisiones sean tan dañinas en todos sentidos y sean tan populares. Eso nos da una idea del nivel de la educación en México. Sigamos con Ventaneando, su audiencia está conformada en su mayoría por mujeres de entre 30 y 60 años pertenecientes a niveles socioeconómicos medios y bajos.
Pedro Sola no tiene nada que perder. Su edad no justifica sus estupideces y finalmente su público ¿es culto, concientizado de la política, de los derechos humanos, del respeto a los animales y tienen conciencia ecológica?
A mi álter ego le agrada que los sistemas populistas-demagógicos estén siendo derrotados en las urnas en Latinoamérica. Lo que le preocupa es que en algunos casos se vayan al lado opuesto: la extrema derecha. Tan peligrosa una como la otra.