Los fantasmas de la derrota del PAN en 1998 rondan la elección interna para elegir candidat@ a la alcaldía de Chihuahua.

Breve historia de la elección interna y constitucional del PAN en 1998.

Por aquellos años Acción Nacional gobernaba por primera vez el estado de Chihuahua. Tras el atraco electoral de 1986, cuando la sociedad civil se hartó del PRI y se volcó a respaldar la candidatura del alcalde de Ciudad Juárez, Francisco Barrio Terrazas, la revancha le llegó en 1992 al respaldar nuevamente al juarense.

Barrio fue un funcionario de medio pelo en la administración pública federal priista, no precisamente un militante activo que, eventualmente, recibió el respaldo de la iniciativa privada de la frontera y de los electores juarenses para contender por la alcaldía en el 83.

En verano de ese 83 una ola azul sorprendió con sendas victorias en todo el corredor panamericano del estado. Desde Jiménez hasta Juárez, pasando por Camargo, Delicias y Chihuahua, los chihuahuenses se atrevieron a desafiar al sistema podrido y populista de Luis Echeverría y José López Portillo que arrastraron el peso a grandes devaluaciones y endeudamiento público sin precedentes.

Para 1986 la efervescencia ciudadana anticipaba la primera victoria del PAN en una gubernatura, pero el presidente vendedor de las corruptas y endeudadas empresas paraestatales de México, Miguel de la Madrid Hurtado, privatizó Telmex, Aeroméxico, Fertimex, Mineras y Dina, la primera fabricante mexicana de camiones de carga y autobuses; tuvo otros planes.

En el quinto año del primer gobernador de oposición en Chihuahua, Pancho Barrio que había armado un gabinete con empresarios afines al PAN, algunos militantes con trayectoria partidista y destacados priistas, entre ellos el notario juarense Eduardo Romero Ramos, al que invitó como secretario general de Gobierno.

En la segunda mitad del año 1997 arrancó la galopada panista de entonces. Ramón Galindo Noriega, alcalde de Ciudad Juárez, hijo de padres panistas; Enrique Terrazas Torres, acaudalado empresario de la capital, socio de Cementos de Chihuahua y funcionario de la administración barrista, y Eduardo Romero Ramos levantaron la mano para ir por el relevo del gobierno.

Por su militancia probada y su perfil arrojado pa’ delante, Galindo enarbolaba las aspiraciones 100% panistas.

La gestión del contador público no estuvo exenta de escándalos, ya que fue acusado de corrupción y de misoginia por un par de regidoras albiazules a las que tachó de “hormonales”.

Las presiones internas más fuertes provinieron del entonces presidente estatal del PAN, Guillermo Luján Peña, otro empresario que unió a las filas partidistas en la década de los 80. Luján apoyaba las investigaciones de corrupción en contra el del edil juarense.

Con toda la presión interna y gubernamental, Ramón Galindo presentó licencia al cabildo para contender por la candidatura al gobierno del estado. A la secretaría del Ayuntamiento de Juárez llegó César Jáuregui Moreno, un bajacaliforniano avecindado en la frontera y con fama de buen operador político.

Como era de esperarse, la interna del PAN fue un verdadero hervidero de pasiones. La militancia de viejo abolengo se decantó por Galindo Noriega, la militancia de la capital por don Enrique Terrazas, y la militancia gubernamental por el no panista Eduardo Romero Ramos.

Durante toda la campaña interna- antes eran internas- galindistas y romeristas se dieron con todo. El día de la Convención, ante un repleto gimnasio Manuel Bernardo Aguirre, Ramón Galindo, con el respaldo de Enrique Terrazas en la segunda ronda de votaciones, se hizo cómodamente de la candidatura al gobierno del estado.

Las relaciones entre la campaña galindista y el gobierno de Barrio estaban rotas.

Romero ni por casualidad saludó la campaña del juarense, Galindo hizo poco o nada para acercarse a Barrio y a su “gallo”. De hecho, Ramón se quejaba de que Pancho tenía atenciones y deferencias con el candidato del PRI y alcalde con licencia de Chihuahua, Patricio Martínez, y desdén a su propia candidatura.

Un mes antes de la elección constitucional, la campaña de Ramón Galindo comenzó a recibir más apoyo de la dirigencia partidista y la suma, discreta, de los romeristas. Se decía que funcionarios públicos estatales tuvieron sesiones psicológicas para ensayar el apoyo al candidato de su partido.

La tarde del domingo 5 de julio de 1998, a eso de las 18:45 horas, llegó a las instalaciones de la campaña estatal en la calle Gómez Farías una camioneta, de ella descendió Cruz Pérez Cuéllar, si no mal recuerdo era el secretario general del PAN, y se introdujo con un sobre en la mano.

Al interior nos encontrábamos Manuel Carrasco, comerciante juarense, exsíndico, excoordinador de la campaña de Pancho Barrio en 1992, y coordinador estatal de la de Ramón Galindo, pocos colaboradores y un servidor.

El resto de la tarde y noche los ánimos fueron decayendo en la medida que llegaban los resultados. Para la madrugada las esperanzas de triunfo se habían esfumado.

Tiempo después supimos que la noticia que llevaba Pérez Cuéllar eran los datos de las encuestas de salida que proyectaban la victoria de Patricio Martínez García.

Hoy, esa historia puede repetirse. Los afanes puritanos de la militancia no siempre llegan a buen puerto, como tampoco las imposiciones garantizan la victoria.

"Aquellos que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo".

No vaya a ser que el ave de mal agüero que sirvió de mensajero en 1998 se convierta en el buitre que termine de comerse la carroña que sobre.

Es cuanto.

Manuel Narváez Narváez

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