Un niño de nueve meses o un año de edad no sabe que la persona que lo cuida es su mamá, ¡es más! no entiende el concepto de "madre" y mucho menos puede explicar qué es el amor de hijo a madre y de madre a hijo. Sin embargo, si su madre lo deja solo unos minutos en algún lugar o bien sale de la habitación ¡en la torre! ¡oh sorpresa! angustia, temor y, luego, empieza llorar, sin saber qué es lo que le sucede.
Ese lagrimear no es injustificado; es una alarma biológica. Ese niño pequeño, que aún no sabe que existen las matemáticas y que más tarde aprenderá a sumar y entenderá porqué dos más dos son cuatro, y tampoco sabe que la persona que lo dejó es su mamá, posee en sí una potencia o facultad llamada cogitativa que dice quién le proporciona seguridad y quién no, entre otras cosas.
En la filosofía clásica encontramos el rastro de esta facultad: posibilidad de obrar, de hacer o recibir. Tomás de Aquino explica que, además del conocimiento racional, existe una forma de conocimiento sensitivo que incluye lo que llama estimativa: una capacidad por la cual el animal y, en este caso como el niño (respecto del ser humano antes del uso pleno de la razón se llama cogitativa), capta intenciones como “conveniente” o “nocivo”, relaciones “favorables” o “desfavorables” “útiles o perjudiciales”, sin necesidad de razonarlas.
En el niño pequeño esta facultad tiene base orgánica, concretamente en el sistema nervioso en desarrollo. La diferencia entre la estimativa que encontramos en el animal, y la cogitativa que posee el ser humano desde el momento mismo en que es persona, consiste en un campo de ejercicio más amplio de la segunda.
La existencia de la cogitativa se observa más fácilmente en los niños por la uniformidad de reacciones antes las mismas situaciones, por ejemplo, cuando ven llegar a la mamá con el biberón manotean desesperadamente o de alegría, por el bien que perciben. Esta facultad es conocida hoy en la psicología moderna como: un sistema biológico y psicológico de supervivencia o a decir de Lazarus: sistema de evaluación cognitiva[1]; expliquémosla con ejemplo.
Imagina que tienes dos cámaras fotográficas; con una cámara capturamos solo los colores, los sabores, los sonidos y las formas de las cosas, esta cámara son los sentidos externos: la vista, el gusto, el olfato, Etc.; la otra cámara, es capaz de detectar si lo que la persona está viendo es "útil o perjudicial”, a esto se llama en los animales estimativa. Pero en el ser humano esa facultad se llama cogitativa, la cual es el fundamento biológico de los apegos.
En términos sencillos, el apego es el vínculo profundo y duradero que conecta, en el caso del niño, con su papá y su mamá o sus hermanos, tíos o abuelos, o bien quién lo cuide, que le proporciona seguridad, protección frente a amenazas. Desde la perspectiva de Gardeil[2] y la filosofía tomista, el apego sería el resultado de la cogitativa identificando a una persona concreta como un "bien necesario" para la propia existencia, lo que genera una respuesta de búsqueda de proximidad y refugio.
Siguiendo esta línea, algunos siglos después el psiquiatra y psicoanalista John Bowlby, en su obra “Attachment and Loss”, (Apego y pérdida), señala que el apego no es un capricho cultural, sino un sistema conductual innato orientado a la supervivencia. El bebé busca proximidad porque su biología está programada para ello.
De este modo, la cogitativa en el niño pequeño es la capacidad con base orgánica que le permite reconocer, sin razonar, aquello que le conviene para vivir, esto le permite crear apegos. El rostro materno no es solo una imagen, es un algo que le da seguridad. La ausencia de la mamá, del papá o de quien lo cuida y protege no es solo un dato físico; es vivida por él como amenaza, aplica de modo práctico el “yo me siento protegido” o “yo me siento en peligro” si saberlo ama y se siente amado.
[1] Lazarus, R. S., & Folkman, S. (1986). Estrés y procesos cognitivos. Martínez Roca. (Obra original publicada en 1984).
[2] Gardeil, H. Iniciación a la Filosofía de Santo Tomás de Aquino. 3 Psicología. Editorial Tradición. México.