No los capturan cuando usted ve el operativo en las noticias. Los capturan mucho antes, cuando alguien de su entorno comete una rutina.
Esa es una de las preguntas más repetidas en la conversación pública: si eran tan buscados, ¿por qué tardaron tanto?, ¿por qué parecían intocables?, ¿por qué los encuentran “de repente”? La respuesta no está en la espectacularidad del arresto, sino en un trabajo silencioso que rara vez se explica: la inteligencia sobre relaciones humanas.
Durante años imaginamos la persecución del crimen organizado como una cacería directa. Hoy funciona más como una investigación social. La criminología contemporánea describe estas estrategias como análisis de redes relacionales: no se sigue solo al líder, se estudia el sistema de vínculos que lo sostiene —familiares, operadores logísticos, administradores de bienes, personas de confianza— porque ningún fugitivo puede sobrevivir aislado (UNODC, 2023).
Un capo puede dejar de usar teléfonos, evitar redes digitales y cambiar constantemente de ubicación. Pero no puede dejar de comer, trasladarse, proteger a su familia o administrar dinero. Esa dependencia cotidiana genera patrones. Y los patrones son rastreables.
Por eso muchas investigaciones no comienzan con armas, sino con observación prolongada: movimientos financieros pequeños pero constantes, visitas repetidas a ciertos inmuebles, trayectos que parecen irrelevantes, relaciones personales que se mantienen en el tiempo. La inteligencia moderna no busca la señal evidente, sino el “ruido periférico”: todo aquello que rodea al objetivo y termina delatándolo (Felbab-Brown, 2018).
Esto explica algo que suele interpretarse como ineficiencia: las autoridades a veces saben dónde está un objetivo antes de detenerlo. Sin embargo, detenerlo en ese momento podría arruinar meses —o años— de investigación. Un arresto prematuro puede impedir la identificación completa de la red, debilitar los procesos judiciales o provocar que la organización se reorganice con mayor violencia.
Las agencias encargadas de perseguir el crimen transnacional han señalado que la prioridad no es la captura inmediata, sino la construcción de casos sólidos que permitan procesar estructuras completas por conspiración, lavado de dinero y operación internacional. Es un enfoque que privilegia el impacto legal sostenido sobre el golpe mediático inmediato (U.S. Department of Justice, 2022).
También por eso la cooperación internacional suele ser menos visible de lo que se cree. No se trata de operativos extranjeros en territorio nacional, sino de intercambio de inteligencia financiera, análisis de comunicaciones globales y seguimiento de flujos económicos que cruzan fronteras. Mientras un país ejecuta la detención, otro puede estar integrando expedientes judiciales paralelos.
Desde fuera, la ciudadanía observa solo el desenlace: la fotografía del detenido, los vehículos oficiales, el comunicado. Lo que no se ve es la fase más larga y decisiva, la que ocurre antes. Investigaciones académicas en materia de seguridad señalan que la etapa de inteligencia dura considerablemente más que la operativa, precisamente porque busca desmontar la estructura que permite la continuidad delictiva y no solo capturar a un individuo (Astorga, 2015).
Esto no significa que las estrategias sean perfectas ni que siempre logren su objetivo. Muchas veces las redes criminales se regeneran, se fragmentan o se adaptan con rapidez. Pero entender el método permite desmontar una idea equivocada: las detenciones no responden a fechas simbólicas ni a coincidencias misteriosas, sino a momentos en que la investigación alcanza suficiente solidez jurídica y operativa para actuar sin perder el caso.
En otras palabras, la captura no ocurre cuando aparece la orden de arresto. Ocurre cuando se logra reconstruir el entramado invisible que hacía posible la impunidad.
El desafío real no es detener a alguien. Es impedir que su lugar sea ocupado por otro al día siguiente.
Ahí se juega la diferencia entre una noticia que dura veinticuatro horas y una estrategia que, con suerte, modifica la realidad.
Referencias
Astorga, L. (2015). ¿Qué querían que hiciera? Inseguridad y delincuencia organizada en México. Ciudad de México: Grijalbo.
Felbab-Brown, V. (2018). The Extinction Market: Wildlife Trafficking and How to Counter It. Oxford: Oxford University Press.
United Nations Office on Drugs and Crime (UNODC). (2023). Global Report on Organized Crime. Viena: Naciones Unidas.
U.S. Department of Justice. (2022). Federal Prosecutions of Transnational Criminal Organizations. Washington, D.C.: U.S. Government.