Era agosto de 2023. Como Presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador tenía a Marx Arriaga como su director de Materiales Educativos en la SEP, a quien le había encargado la elaboración de los nuevos libros de texto para educación básica, con la participación de maestros de todo el país. Mario Delgado era dirigente nacional de Morena.
El entonces Presidente quería que se incluyeran los movimientos sociales que hicieron posible los cambios democráticos en México, incluyendo las represiones: esa memoria histórica que dejaba mal parados a los gobiernos prianistas por las matanzas de estudiantes, desde el 68 hasta Ayotzinapa, durante el sexenio de Peña Nieto.
Marx Arriaga, bien conocido en la frontera por ser un solvente, reconocido y premiado investigador de la Universidad Autónoma de Ciudad Juárez, con estudios de posgrado en España y adscrito al Departamento de Literatura Hispanomexicana, cumplió con lo solicitado por el Presidente.
Elaboró los nuevos libros de texto gratuitos de educación básica, pilar de la Nueva Escuela Mexicana, con la colaboración de cientos de maestros y expertos que atendieron una convocatoria para tal fin. El resultado fueron textos con mayor memoria histórica y un enfoque pedagógico más humanista, más solidario y menos individualista.
Entonces, la derecha y el PRIAN iniciaron una campaña nacional de condena contra dichos libros, aprovechando errores ortográficos y académicos aislados que se les encontraron —como todos los libros de texto han tenido siempre— y que nunca antes se habían politizado. Se difundió la propaganda de que eran libros de adoctrinamiento que fomentaban el “comunismo”, el diablo de la política de la derecha que nadie sabe cómo es ni logra definir.
La defensa de dichos libros la encabezó directamente AMLO junto con Marx Arriaga. Los gobernadores panistas de Yucatán, Querétaro, Guanajuato y Maru, en Chihuahua, amenazaron con no distribuirlos, aunque, siendo Maru la única que cumplió su amenaza al interponer una controversia constitucional, admitida por un ministro afín al prianismo, y que dos meses más tarde una de las salas de la anterior Suprema Corte desechó por unanimidad.
Era 17 de agosto de 2023 y, en estas mismas páginas de El Diario, con el artículo “Los libros de texto gratuito y la Santa Inquisición panista II (La distribución)”, un servidor abordó el tema de la prohibición que estaba haciendo Maru, pues era ilegal no distribuir los libros, y anticipaba que la controversia constitucional promovida sería desechada. Así fue el 4 de octubre de 2023.
Más de dos años después, con Claudia Sheinbaum como Presidenta y Mario Delgado como titular de la SEP, el viernes 13 de febrero de 2026 Marx Arriaga fue obligado a desalojar y dejar su puesto como director de Materiales Educativos por órdenes de Mario Delgado. Dicha escena se viralizó rápidamente a nivel nacional, pues Marx grabó el momento —con ayuda de un tercero— en que un funcionario de la SEP, acompañado de policías de resguardo de la Ciudad de México, le pedía que desalojara la oficina.
Marx, ofendido —y no es para menos— e indignado, les dijo que no desalojaría a menos que hubiera una notificación formal, la cual aún no se le había hecho llegar, y que si querían podían esposarlo y sacarlo a la fuerza, cosa que obviamente no sucedió. La escena se hizo viral rápidamente y provocó una crisis de imagen institucional y al interior de Morena, que tuvo que ser abordada directamente por la Presidenta de la República el lunes 16 de febrero y continuó el martes 17.
Para ese momento, prácticamente todos los medios del país habían reproducido el video y daban seguimiento a la noticia, ya que Marx seguía en su oficina sin abandonarla, señalando que se iría en cuanto le llegara el oficio respectivo. Esto no ocurrió sino hasta la tarde del martes, cuando por fin le notificaron el cambio de titular.
Por supuesto, la derecha prianista aprovechó lo ocurrido —la salida de Marx Arriaga— para ejemplificar, según ellos, la falta de seriedad y orden en el Gobierno, además de exhibir su clasismo con descalificaciones personales por el aspecto físico y la vestimenta del exdirector de Materiales Educativos, una vez más, así como revivir su viejo discurso del adoctrinamiento y el comunismo en los libros de texto gratuitos. Incluso Maru Campos salió a decir que el tiempo le daba la razón.
Pero lo sucedido revela lo que está ocurriendo en el Gobierno Federal: el desplazamiento de figuras obradoristas encumbradas en el sexenio anterior. Sin embargo, no se están cuidando las formas y ello está haciendo que distintas voces morenistas empiecen a leerlo como una ruptura entre el anterior gobierno y el actual, un distanciamiento con una rudeza innecesaria.
Resulta extraño, pues aunque la Presidenta ha llamado a la unidad del movimiento, en los hechos parece suceder lo contrario y lo que el prianismo más desea: un divisionismo que le dé una oportunidad de recuperar posiciones políticas en 2027 y que ya se empieza a sentir entre quienes se consideran obradoristas más que morenistas.
Porque el obradorismo no ve con buenos ojos lo que hicieron con uno de los suyos, uno de los ideólogos más cercanos al gobierno de AMLO, al que consideran limpio, honesto y ético; arquitecto de su política educativa, pero sobre todo fiel obradorista a los principios de la 4T, al que prefieren por encima de Mario Delgado, motivo por el cual muchos exigen ya la salida de éste.
Esperemos que esto no escale a una división seria en el morenismo que afecte las elecciones de 2027, donde la Presidenta necesita retener la mayoría calificada en el Congreso para una buena gobernabilidad y seguir construyendo el segundo piso de la Cuarta Transformación.