Si tienes entre 17 y 25 años, seguramente creciste con un control remoto en la mano, celular o tablet frente a la cara, en algunas ocasiones ansioso de terminar la clase, tarea u ocupación, para volver a tenerlo a la vista. Pero, ¿Qué crees?, hoy estamos ante una realidad vieja que talvez era desconocida para algunas personas: la ciencia está mostrando qué pasa dentro de la cabeza de un niño cuando la televisión o el celular se convierten en su "niñera".
No "satanizo" la tecnología, porque es buena en sí, sino que es necesario entender que el cerebro de un niño no es un puerto USB o una computadora que solo recibe información; es un órgano vivo que reacciona con los estímulos que recibe a través del sistema nervioso, de los aparatos digitales mencionados, modificando su conducta, y que este órgano pertenece a una persona compuesta de alma y cuerpo.[1][2]
Seguramente has notado que, tras ver de manera constante caricaturas o videos, a los niños les cuesta más dormir; pues ¿qué crees?, no necesariamente es por capricho. La televisión y algunos aparatos digitales emiten una luz azul que engaña al cerebro haciéndole creer que es de día. Esto detiene la producción de melatonina, la hormona que nos dice cuándo dormir. Lo que hace esa luz azul es inhibir la secreción de melatonina, la hormona clave para el ciclo de sueño–vigilia en niños.
Según la Gaceta UNAM [3], este "apagón" hormonal impide que el cerebro realice su limpieza nocturna de toxinas, afectando directamente la memoria y la estabilidad emocional del niño al día siguiente. Un niño que no duerme porque vio tele, es un niño que muy posiblemente no podrá concentrarse en la escuela y se sentirá cansado todo el día; ¡eso sí! con ganas deber televisión para recuperase.
Te has preguntado “Por qué un niño se desespera tanto cuando le quitas el dispositivo”, de tal modo que empieza a gritar, a patalear y a insultar; la respuesta está en la dopamina, esta es una sustancia química asociada con el placer y la recompensa, que si se estimula de forma repetida puede crear un ciclo adictivo similar al de una droga, de ahí la explicación de por qué los videos con movimientos rápidos y los colores brillantes de la televisión actúan como una ráfaga de premios instantáneos para el cerebro de un niño y la posterior necesidad urgente de estarlos recibiendo.
La University of Rochester Medical Center [4] señala que esto crea una "desensibilización": el cerebro se acostumbra a niveles altos de estimulación que las actividades normales, como leer un libro o escuchar a un profesor, así estas últimas pueden resultar aburridas o molestas a tal grado que deriven en insoportables. Pongamos atención y cuidado porque pudiéramos estar criando niños y adolescentes que necesitan "ruido" constante para sentirse bien, lo que a largo plazo perjudica su capacidad de atención.
La cosa es clara, el tiempo frente a la pantalla debe ser guiado y limitado. No se trata de prohibir, existen programas y películas formativos, por tanto, se trata de acompañar. Recuerda, el niño es como el yeso fresco en la pared, lo que se escriba en él ahora, se quedará grabado cuando seque. Las experiencias tempranas buenas o malas dejan huellas duraderas, lo que se repite con frecuencia tiende a consolidarse para bien o para mal. Antes de encender la televisión, recuerda que el mejor programa que podemos brindar a los niños y adolescentes es convivir con ellos, formalos moral e intelectualmente, jugar, leer, descubriendo el mundo real, lejos de los píxeles.
[1] Aristóteles. (1978). Acerca del alma (T. Calvo Martínez, Trad.). Madrid: Editorial Gredos.
[2] S.Th., I, q. 76, a. 1
[3] Gaceta UNAM. (2026). El uso excesivo de dispositivos y sus pantallas conlleva riesgos cognitivos, lingüísticos y socioemocionales. Universidad Nacional Autónoma de México. https://www.gaceta.unam.mx/
[4] University of Rochester Medical Center (URMC). (2025). Screen Time and the Developing Brain: Are 'iPad Kids' at Risk? Health Encyclopedia. https://www.urmc.rochester.edu/encyclopedia.aspx