Una fotografía, un video, un rumor o cualquier otra situación que no nos aporte contextos ni certezas, dará para especular al por mayor, máxime si se involucra a personajes expuestos al enjuiciamiento y al escarnio público.
Caso reciente, y nada desaprovechado en redes sociales y en distintos medios de comunicación, lo fue la limpieza de zapatos realizada por parte de una dama y de un caballero al ministro presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Hugo Aguilar Ortiz, cuando asistía al evento conmemorativo del 109 aniversario de la promulgación de la Constitución Mexicana de 1917.
De inmediato, e insistentemente, se le ha atribuido al funcionario judicial una actitud de abuso y denigración hacía la mujer y al varón mencionados —principalmente hacia la primera—, lo que efectivamente, de haber sido ese el propósito y actitud de Aguilar Ortiz, merece el reproche y sanción a que haya lugar.
Pero al observarse el video, con ánimo objetivo, se aprecia sólo el momento en que se lleva a cabo tal limpieza, pero no el antes y el después que pudiera ofrecer un contexto adecuado, o al menos un contexto. Igualmente, se carece del audio correspondiente que permita conocer diálogo, indicación u orden alguna.
Entonces, ¿por qué asumir que el jurisconsulto “ordenó” a dichas personas que se agacharán para asearle su calzado? ¿Por qué recriminarle diciendo que qué poca madre tiene al haber “obligado” a tales personas a supuestamente humillarse? No hay un diálogo o movimiento de labios en el video, que permita asumir la realización de tal agravio.
Lo que se contempla, es al ministro de la Corte un tanto extrañado por lo que están haciendo con su calzado, incluso se balancea para mirar de un lado a otro, como cuando algo sucede sorpresivamente a nuestro alrededor. No tiene una postura premeditada que implique alzar o adelantar sus pies para dicho fin. Dentro de esas especulaciones, también cabría el asumir que son dos personas comedidas ante el inminente acceso al lugar del evento de uno de los principales participantes en el mismo, que requería de una presentación e imagen decorosa, lo que sugiere una limpieza apropiada. Pero no, se optó por la desacreditación.
Es de destacar, que llega un momento en que se le ve a la mujer, ya puesta de pie, sonriendo junto con las demás personas presentes, incluso al ministro, como si el momento hubiera sido gracioso, sin denotar alguna incomodidad o inconformidad por parte de ella. No se contempla una escena de prepotencia y humillación, como se ha querido dejar asentado.
El jurista ha aclarado que a la mujer que lo acompañaba, a quien refiere como directora de Comunicación Social, se le había caído el café y nata y le había salpicado el zapato, ante lo cual, habiéndose percatado ella, trató de resolver la situación tomándolo a él por sorpresa. Además, agradeció el gesto a la dama de quien dice se llama Amanda Pérez, y a la vez le ofreció una disculpa y le reiteró su respeto, aún y cuando le pidió que no continuara.
Por supuesto, sería pertinente y conveniente que con la misma terquedad y amplia difusión con que se ha condenado el hecho, también se replique la versión proporcionada por la aludida directora de Comunicación Social, para saber si fue: gentileza, solidaridad, compañerismo, abuso, humillación, sometimiento, servilismo o qué, evitando de esa forma más especulaciones que están derivando en un perjuicio para ella.
Amanda Pérez ha declarado que por accidente derramó sobre los zapatos del ministro nata: “De verdad fue un error mío. Voltee como mamá muerta de pena a querer limpiar” (“La vocera de la SCJN explica: tiré nata al zapato del Ministro, y me agaché a limpiar”, Sin Embargo, nota de la redacción, 05 de febrero de 2026, https://www.sinembargo.mx/4761671/video-vocera-de-corte-aclara-tire-nata-en-zapato-de-ministro-y-me-agache-a-limpiar/).
No obstante, se continúa con una campaña de desprestigio hacia quien encabeza la SCJN, haciendo alusiones hasta racistas relativas a su pertenencia a los pueblos originarios, pretendiendo que por ello no tiene derecho a determinada vestimenta, profesión y cargo. No está por demás señalar, que han puesto palabras en su boca en un propósito perverso de tergiversar unas imágenes que no dan para ello. El “periodista” Francisco Zea, poniendo en duda lo explicado por Aguilar Ortiz y falto de toda ética profesional, después de haber exagerado el suceso, lo tildó de payaso, para terminar su nota informativa prácticamente ordenándole escandalosamente “pida disculpas y cállese hombre, por Dios” (https://www.bing.com/videos/riverview/relatedvideo?q=Francisco+Zea+y+los+zxapatos+de+Hugo+Aguilar&mid=3E9959D04E5DD402E34A3E9959D04E5DD402E34A&FORM=VIRE).
Según lo observado en el video sin audio que nos ocupa, y de lo aclarado por Hugo Aguilar y por la propia Amanda Pérez, no se desprende ningún abuso o humillación, como sí ocurrió, entre otros ejemplos: con Lorenzo Córdova cuando se burla de los representantes de los pueblos originarios; con Xóchitl Gálvez al colocar su chicle masticado en manos de una mujer, y; con Manuel Velasco Coello al abofetear a su asistente.
Entonces, lo que se está originando, es que la dama en cuestión sí resulte víctima, pero no de una actitud negativa que indebidamente se le atribuye al citado jurisconsulto, sino producto de un consecuente linchamiento que se le estaría haciendo por personas ligadas al periodismo y a la política, pues de manera expresa e implícita aluden a su persona como si fuera: falta de carácter, sumisa, servil, etc. Esto si es violencia en contra de su dignidad y de su imagen.
¿Qué pensará su familia (esposo e hijos, en su caso), amistades, compañeros de trabajo, etc., si están considerando que lo que se dice de ella es cierto?
Habrá que revisar el video detenida y objetivamente, así como las aclaraciones realizadas por ambas personas, para reconsiderar lo que se ha estado pregonando dolosa e irresponsablemente. La verdad, la justicia y la honestidad intelectual, así lo exigen.