Ciudad de México.- En San Quintín, Baja California, la presidente Claudia Sheinbaum debió enfrentarse al coraje ciudadano generado por el incumplimiento gubernamental en brindar mejores carreteras, calles, servicios de salud y medicinas; derivado del reclamo ella a su vez, regaño a la alcaldesa de ese municipio, Miriam Cano y a varios legisladores, quienes al pedirle una fotografía se le figuraron frívolos al no estar atentos a los reclamos sociales.
La molestia de la presidente Sheinbaum no deriva de ese reclamo en particular, en todo caso se genera por los constantes sucesos donde gobernantes, militantes, funcionarios o sus allegados son el centro de escándalos.
Esa fue la gota que derramó el vaso y colmó la paciencia de una gobernante que debe poner la cara a la incapacidad, indolencia o banalidad con la cual se comportan sus subalternos o aliados.
Y es que a Claudia Sheinbaum no le faltan motivos para estar molesta, es una tras otra, sus conferencias mañaneras ya no son para informar de las acciones gubernamentales, se han convertido en un espacio donde justifica, hace maromas y protege a cada uno de los que anda metido en escándalos.
Para que vea que cada semana hay algo que termina por alterar la agenda comunicativa, les expongo los tres casos de la semana del 2 al 6 de febrero.
A media semana, en el Senado de la República se descubrió que en el segundo piso del edificio senatorial funcionaba una estética que daba servicio exclusivo a las legisladoras de la 4T (Morena, Partido del Trabajo, Partido Verde) y eso no tendría nada de particular de no ser porque el expresidente López Obrador ordenó que se cerrara una estética similar en el mismo Senado que funcionaba desde varios años antes.
Dentro de los estándares de la 4T una estética dentro del edificio senatorial era la prueba de los privilegios que gozaban los neoliberales, una manifestación fifí de clasismo, un dispendio de dinero público y por tanto algo oprobioso, molesto al ciudadano, por lo cual no debía existir.
Pero seis años después ahí estaba el mismo salón de belleza, ahí estaba la senadora Juanita Guerra con su pelo entintado y recibiendo un tratamiento capilar; el servicio que antes se brindaba a todas las legisladoras, ahora era exclusivo de las legisladoras que forman parte de la 4T; operaba con derecho de admisión reservado.
El problema no es el salón de belleza, el problema es la incongruencia, el asunto es que lo calificado como privilegio antes, sigue como privilegio ahora.
Otro caso que también debe molestar a la presidente Sheinbaum Pardo es el trato principesco que recibe el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Hugo Aguilar; quien diciéndose indígena y capaz de movilizarse en el metro para demostrar su origen humilde y popular, también es incapaz de limpiarse los zapatos y deja que ese trabajo lo realicen empleados de la SCJN.
El presidente de uno de los tres poderes, casi homólogo de Claudia Sheinbau –aunque en realidad es subalterno—se dice de cuna humilde, de origen indígena, habla de austeridad; pero en los hechos recibe trato de príncipe y no se muestra incómodo por ello.
Otra vez, la incongruencia entre lo que se dice y lo que se hace.
Un tercer caso de escándalo es la detención del alcalde de Tequila, Jalisco, Diego Rivera; un personaje que fue acusado de tener ligas con grupos criminales, de extorsionar a comerciantes, de ser un delincuente con charola de político honesto.
En no pocas ocasiones Morena lo defendió y lo cobijó con el manto de ser un perseguido por diferencias políticas con el gobierno emecista de Jalisco; pero en los hechos era un personaje con un oscuro pasado que lo acompañaba en su presente como alcalde.
Extorsionó a comerciantes, cobró derecho de piso a prestadores turísticos, cerro empresas que se negaron a pagarle los impuestos exorbitantes que les cobraba y a la par de todo lo anterior, era un enlace que trabajaba para el Cártel Jalisco Nueva Generación; todo lo anterior sumado a que se apropió ilegalmente del edificio donde estaba el Museo Nacional del Tequila; de que mandó golpear y detener a periodistas que documentaban sus trapacerías.
Diego Rivera es una auténtica fichita, un delincuente que logró alcanzar la presidencia municipal de Tequila y que se proyectaba para otros cargos; cuando las autoridades federales lo detuvieron ya no hubo nadie que saliera en su defensa, pero lo que sí quedó expuesto es la doble moral en el comportamiento de Morena.
Cuando se acusa a gobernantes emanados de sus filas de ser criminales y corruptos, se trata de mentiras y acusaciones sin fundamento, es una persecución política; es la mafia del poder que se siente amenazada por alguien que gobierna diferente; pero cuando son las mismas autoridades emanadas de su partido las que lo detienen, entonces optan por quedarse callados, por no aceptar el error y todo queda en el anecdotario.
Con todos esos escándalos que la persiguen y agobian, la paciencia de la presidente Claudia Sheinbaum se agota; en lugar de gobernar debe dedicar tiempo a explicar esos comportamientos y fallas; ella debe dar la cara y hacer frente a los reclamos que le llegan de todos lados.
El problema que le reclama a los de abajo, cuando el motivo de todos esos escándalos es la permisividad que les dieron en el pasado reciente y al que ella no puede reclamar y menos expresarle molestia.
Y esos solamente son los asuntos domésticos que debe atender, de Donald Trump luego hablamos.