La realidad está cargada de sucesos muy interesantes. Adán Augusto López renunció a la coordinación senatorial de Morena; pero lo que dijo después movió con fuerza el tapete de los aspirantes a la candidatura por la gubernatura de Chihuahua, especialmente en Morena. Textualmente declaró: “Yo sostengo que la senadora va a ser candidata y va a ser gobernadora; ya se merece Chihuahua un buen gobierno”.
Todos, morenistas y prianistas, lo entendieron como una imposición ilegal e inaceptable del senador; y en el contexto, algunos quisieron interpretar que “renunció a cambio de designar a Andrea Chávez como candidata”. Esto causó una resistencia natural dentro de Morena. En ese contexto, la senadora debió haberlo sentido como “el beso del diablo”, pues problematiza la viabilidad de su legítima aspiración a la candidatura.
El primero en saltar en contra fue Cuauhtémoc Estrada, quien dijo que “se deben respetar los tiempos y las reglas internas del partido; en Morena deben conducirse con responsabilidad política todos los aspirantes a la candidatura, y existen otros perfiles como Pérez Cuéllar y Mayra Chávez con posibilidades de ser candidatos”. Luego salió Pérez Cuéllar a decir que “en Chihuahua no manda un senador, manda la gente”. Por su parte, Brigitte Granados afirmó que “Morena elegirá a su candidato por medio de una encuesta; será la gente la que tome la decisión”. Como se ve, el partido y los aspirantes se opusieron rotundamente a lo dicho por el excoordinador senatorial.
La situación de Adán Augusto es uno de los escándalos usados por la ultraderecha contra Morena en la lucha por las 17 gubernaturas; escándalos agigantados por la propaganda, como el de “un salón de belleza en el Senado”, el video de “empleados de la Corte limpiándole los zapatos a su jefe”, el seguir relacionando a Adán Augusto “con el líder de La Barredora en Tabasco”, la detención del presidente municipal en Tequila, Jalisco, por “extorsión y nexos con los de las cuatro letras”, o porque “México le regala el petróleo a Cuba”. Todo ello ha sido difundido incesantemente por la ultraderecha y, a la luz de las últimas encuestas, ha logrado restarle puntos al apoyo popular a Morena.
En efecto, algunos sondeos, a la pregunta: ¿Usted con cuál postura ideológica se identifica más?, arrojan que un 26 % dijo identificarse con la izquierda y un 28 % con la derecha. Y a la pregunta ¿con cuál partido se identifica más en este momento?, el 42 % respondió que con Morena, pero un 27 % se declaró apartidista. Esto refleja que el país, ideológicamente, es conservador, y que los escándalos, sumados al desgaste natural del ejercicio del poder, sí han perjudicado a Morena.
En la misma situación está la percepción popular sobre dos aspirantes —ambos YSQS— a la gubernatura, que a la vista de todos siguen derrochando dinero en precampañas, en lugar de ajustar su ambición personal de poder a los principios éticos y políticos que siguen dando fuerza al proyecto de la Transformación: austeridad en la vida pública y privada; sencillez; humildad en el trato con el pueblo; caminar, platicar y saludarlo en la calle y en los caminos; conocer cara a cara sus necesidades, su forma de ver al movimiento de la Transformación y a sus líderes, y cómo se pueden fortalecer para resistir los embates de la ultraderecha, que no descansa ni un instante en su intento de hacer retroceder los grandes cambios logrados hasta hoy.
Es decir, la situación de Adán Augusto sacó a la luz del sol las incongruencias, los escándalos y las fallas éticas de algunos personajes guindas que debilitan a la Transformación en la lucha por las 17 gubernaturas. Esos dos aspirantes de Morena deben dejar sus intentos de agandallar la candidatura, acercarse más al pueblo y evitar dejarse ver, pública y privadamente, derrochando dinero en su ambición personal.
Si las encuestas están “avisando” que esos escándalos sí perjudican a Morena, es obvio que el pueblo de Chihuahua quiere que los candidatos de Morena sometan su ambición personal y dejen de derrochar dinero en festejos públicos, bardas y propaganda; que su imagen y estilo de vida, tanto públicos como privados, signifiquen ejemplos valiosos de la Transformación para todos, y no lo contrario: modelos de desprestigio destinados a ser derrotados en las urnas.
También se llega a la recta final de la aprobación de la reforma electoral y de la jornada progresiva de las 40 horas.
Para oponerse, el PRIAN reorganizó a sus mismos líderes de siempre; no cambian ni en el pensamiento. Para ello, inventaron otro membrete con el nombre de “Frente Amplio por la Democracia”. Nadie sabe cómo le van a hacer para evitar la aprobación de la reforma electoral ni su camino hacia la desaparición. Lo que sí les sirve para seguir “robando oxígeno” son los escándalos de algunos “desviados” de la Transformación, ampliamente carroñeados por la propaganda ultraderechista.
Así las cosas.