Un día como hoy de 2011, los habitantes del estado de Chihuahua experimentamos un fenómeno meteorológico inusitado, con una de las heladas más extremas de las que se tengan registro, ya que las temperaturas descendieron hasta los -21ºC en algunos municipios, con una sensación térmica de hasta -27ºC. Este evento extremo afectó la totalidad del estado, dejando sin electricidad, gas y agua a miles de habitantes.
A diferencia de otros siniestros, como temblores, marejadas o inundaciones, la contingencia de Chihuahua afortunadamente no produjo decesos, aunque sí molestias, angustias, quejas ¡y hasta coraje cuando el agua se fue! Los chihuahuenses estábamos viviendo algo insólito, sobre todo en la capital, ya que desde su fundación no se había presentado una situación tan peculiar.

El frío congelante inhabilitó parcialmente las plantas generadoras de la CFE, empresa de gran prestigio nacional, pero no por ello ajena a los caprichos de la naturaleza… poco se pudo hacer; de facto dejaron de operar los equipos de bombeo que surten a la ciudad, y el 80% de los hogares se quedaron sin agua, en tanto que las temperaturas seguían en descenso.
Se congeló también el agua de las cisternas y de las tuberías. En esos momentos tan críticos la mayor parte de la población del estado estaba afectada por el desabasto de energía eléctrica, gas y agua, a nadie le importaba el aspecto del congelamiento, que a la postre dañó los sistemas de distribución que operan las juntas municipales, en tanto que la rotura de tuberías domiciliarias tomó por sorpresa a todos, sin importar la clase social... era un caos con fugas por doquier... y la gente sin agua.
El proceso de descongelamiento por elevación de la temperatura permitió la reparación de las plantas de la CFE, y con ello, la puesta la operación paulatina de las plantas de bombeo, sin embargo, la distribución del líquido era irregular, en primer lugar, porque se produjeron infinidad de fugas domiciliarias, pero también porque a la gente que le llegaba agua, en forma desesperada atendía sus rezagos en trastes, ropa, baño y otros tantos menesteres del hogar. El mal era generalizado, y no estábamos preparados para enfrentar esta emergencia. Yo fungía como presidente de la Junta Central de Agua y Saneamiento.
El capítulo que más afectó a los ciudadanos es el relativo a la corrección de fugas domiciliarias... la mayoría nos dimos cuenta que de plomería poco sabemos, pero lo más grave fue la escasez de los materiales para reparar los daños, los ferreteros hicieron su agosto en febrero, y la codicia pudo más que la solidaridad social, aunque conviene aclarar que algunos de ellos estuvieron a la altura.
Ante tales circunstancias, se instruyó con antelación a las juntas municipales para que se proveyeran de material de plomería y contrataran todos los plomeros de las localidades, lo cual se cumplió, pero el número de plomeros fue insuficiente ante la magnitud del desastre, sin embargo, al paso de los días fue posible reparar las fugas de las redes de distribución y también las de las casas, todo en forma gratuita en un plan de solidaridad del gobierno con los ciudadanos.
El desafío más grande para la JMAS de Chihuahua consistió en llenar de agua los 105 tanques que abastecían la ciudad, así como los más de mil kilómetros que conformaban la red de distribución, en una ciudad ensanchada y dispersa con desarrollos habitacionales en las colinas, que obligaron necesariamente a rebombeos. Fue todo un reto técnico presurizar la red para restituir el nivel de servicio a su estatus de antes del fenómeno, pero finalmente se logró.
Aquél fenómeno vivido en Chihuahua hace 15 años y el “Apagón de España” ocurrido el 28 de abril de 2025, donde en cuestión de minutos la interrupción del suministro de energía eléctrica paralizó el transporte, silenció las telecomunicaciones, detuvo hospitales, industrias y servicios básicos, y alteró la rutina cotidiana de millones de personas, ponen de relieve la fragilidad del ser humano y de las instituciones de gobierno, ante los fenómenos de la naturaleza como el cambio climático, pero también a la alta dependencia que se tiene de la energía eléctrica.
Gobiernos y ciudadanos tenemos mucho que aprender de lecciones como las aquí descritas, porque los efectos nocivos del calentamiento global seguirán induciendo la cada vez menor disponibilidad de agua, cambios extremos y bruscos en las temperaturas con sequías más frecuentes y prolongadas en algunas latitudes e inundaciones en otras; tormentas invernales sorpresivas y disrupción en la prestación de los servicios básicos como agua y la energía eléctrica.
Se requieren diseñar políticas públicas, leyes y presupuestos para fortalecer la infraestructura existente tanto hidráulica como eléctrica, los cuales pueden apalancarse con créditos de los organismos financieros internacionales, pero también con la participación de la iniciativa privada.