Cuando el dinero puede parecer motivo y solución de problemas. Una actividad que seguramente genera ganancias millonarias pero que puede fomentar un problema de salud mental.
Una buena amiga, la licenciada Catalina Castillo Castañeda, es una socióloga local que durante los últimos meses observa casualmente el fenómeno de las personas mayores, que cada viernes acuden a divertirse a los casinos de la ciudad.
Algunos buscan tomarse una bebida y echar un bailecito, otros obtener un jugoso premio de bingo o acumulado en las máquinas, y algunos son llevados por sus cuidadores primarios para que permanezcan horas ahí, jugando y conviviendo.
Las historias son muchas. Lo cierto es que cada vez son más las personas mayores que se congregan en estos lugares, muchas de ellas mujeres , con su mucha o poca movilidad, algunas favoreciendo otros problemas de salud, como el sedentarismo, el consumo de alcohol, tabaquismo, los trastornos visuales y por supuesto las afectaciones al patrimonio. Una sensación de soledad que regresa al salir del lugar, un poco o un mucho sin dinero.
Catalina es muy creativa y ocurrente, me comenta que este fenómeno social observable, en franco crecimiento, puede deberse a una falta de espacios donde tener actividades lúdicas acordes a la edad mayor o bien de plano sería buena idea crear "casinos del Bienestar", irónicamente dicho pues ahí se quedan muchos recursos de las pensiones universales.
Lo cierto es que algo debemos de pensar que hacer con este problema, y convertir una oportunidad de acción conjunta, pues a gritos nos habla de la necesidad en la soledad de los más grandes y lo que se hace con sus recursos económicos en la última etapa de la vida.
Hablamos de la ludopatía como una participación en un juego en una forma no adaptativa, persistente, inadaptada, recurrente que genera trastornos significativo en el funcionamiento personal, social y ocupacional con pérdidas económicas y de todas las esferas.
Existe una afectación de las relaciones familiares, sociales, laborales o académicas debido al tiempo o recursos destinados al juego.
Ya se cataloga en los trastornos adictivos, ya que neurobiológicamente se confirma como adicción. Antes era considerado un trastorno de control de impulsos por los conductos que se hacen cada vez más fuertes ya que se hace una tolerancia, como si fuera una droga.
Los sistemas cerebrales de la persona ludópata están desequilibrados y por lo tanto sus neurotransmisores, principalmente la dopamina en un “error de predicción de recompensa”, algo inesperado que te produce satisfacción. Pero también hay irritabilidad, inquietud en diversas fases incluso síntomas de abstinencia. Tiene una prevalencia del 3 al 5 por ciento de la población; lo padecen principalmente hombres jóvenes, aunque cada vez son más los adultos mayores que se integran a estos ambientes de apuestas favoreciendo la ludopatía.
La ludopatía se acompaña de otras afecciones como los trastornos que tienen síntomas depresivos, bipolaridad, abuso de sustancias psicoactivas como alcohol, adicción tabaco y cocaína. Se asocia con déficit de atención, personalidad antisocial, personalidad narcisista, duelos en la infancia o hasta una ausencia de normas.
Lejos de constituir un mero hábito o una falta de voluntad, la ludopatía se articula como un trastorno recurrente que altera de manera profunda el bienestar individual y el entorno familiar.
​La era digital ha transformado radicalmente este panorama. La inmediatez de las aplicaciones móviles y la omnipresencia de las plataformas de apuestas en línea eliminaron las barreras físicas, exponiendo a perfiles vulnerables a una disponibilidad ininterrumpida de estímulos que amplifica exponencialmente la conducta de riesgo.
​Detectar este patrón a tiempo resulta decisivo, pues la dinámica del juego destructivo suele manifestarse a través de señales claras como la pérdida de control, con fracasos reiterados al intentar reducir o erradicar el hábito, acompañados de irritabilidad o inquietud cuando se interrumpe la actividad.
​Reconocer la urgencia de un freno ante estos síntomas constituye el primer paso indispensable para recurrir a un acompañamiento profesional oportuno.
Vislumbrar como viviremos nuestra vejez también es contemplar de qué modo nos divertiremos, sin afectar nuestra salud ni los pocos recursos que puedan sostener nuestro bienestar. Catalina, sin duda sabe que hay mucho trabajo por hacer.