“No hay hombre lo bastante bueno para gobernar a otro sin su consentimiento”.
Abraham Lincoln

Si Kafka hubiese nacido en Sinaloa y escrito ahí su Metamorfosis, al terminarlo y después de enterarse de las noticias, lo hubiese hecho trizas. A la imaginación de este filósofo del absurdo la habría rebasado la realidad de su hipotético estado natal. Rocha Moya ganó con el apoyo ilegal, violento, sucio, inmoral, de la delincuencia organizada. Obtuvo de inmediato el sostén de su “hermano” el entonces presidente-rey-mesías-tlatoani y ratificado por la actual presidenta de la nación. La inseguridad, los despojos, robos, extorsiones, bloqueos, asesinatos, asaltos, terrorismo que sufren los sinaloenses de parte de los maleantes y de los propios funcionarios públicos que deberían defenderlos, es indescriptible. Se manifestaron en contra de “su” gobernador, pero en este caso no aplicó el principio de que “el pueblo pone, el pueblo quita” porque no conviene a los intereses de la 4T.
Primer acto. Si los ciudadanos no lo pudieron hacerlo renunciar, si fue posible para una “oficinita” oculta en un callejón oscuro de Nueva York, esto desde la perspectiva de Claudia. A Rocha Moya lo acusaron de todo y por eso se vio obligado a solicitar licencia. Dejaron en su lugar a una incondicional “meserita de lonchería” (comentario por demás misógino y despectivo de parte de Rocha) porque la Transformación no debe tener un solo desvío. La presidenta y los morenistas se dedicaron a defenderlo “no hay pruebas”, “no hay pruebas” y la Fiscalía General de la República lo llamó a declarar y le preguntó “¿por qué es usted tan guapo, inteligente y patriota?” “¿es inocente de los infundados cargos por narcotráfico que los Estados Unidos lo acusa?” “¿Verdad que usted no tiene nada que ver con el asesinato de Melesio Cue?”.
Segundo acto. Después de que la FGR y la presidencia de la república se cansaron de decir que no había “pruebas contundentes” para investigar al gobernador con licencia, se la creyó. “Si no me están investigando es porque soy inocente, puedo volver al cargo”, se dijo. Tomó el teléfono, marcó un número que inicia con LADA 916, preguntó a quien debía preguntarle y le dijeron ¡adelante! Fue a Palacio de Gobierno, se sentó en su silla y dijo “el rey ha vuelto, ¡viva el rey!”
Tercer acto. En una franca contradicción quienes lo aplaudieron y le gritaron “no estás solo” primero, desconcertados, lo apoyaron. Pero la primera mandataria dijo que siempre sí, que estaba bajo investigación, seguramente porque el cuestionario antes mencionado, no lo supo responder correctamente. De inmediato la moreniza corrigió “sí estás solo” y gobernadores, diputados, senadores y sus mismos amigos le dieron la espalda y como San Pedro lo negaron 12,983 veces.
Cuarto acto. ¿De dónde pensaba afianzarse Rocha? ¿con los de Morena? Pero si son un partido muy disciplinado. En escena platican dos senadores, uno le dice al otro “los cocodrilos vuelan” “eso es imposible, su tamaño, peso y aerodinámica se lo impedirían” “lo dijo el presidente desde Chiapas” “Ah, bueno, sí, pero bajito”. ¿Iba a aplaudir su regreso el pueblo bueno y sabio cuando lo que quiere es que se vaya? ¿se cobijaría en la oposición que no puede verlo ni en Badiraguato? Eso es no tener ni un poquito de vergüenza, de pudor y manifestación de poder que reflejó la antesala fallida de un golpe de estado en contra de la presidencia de la república.
Quinto acto. Está por escribirse, ¿cómo reaccionará Sinaloa ante esta burla, insulto a la inteligencia, agravio a la sociedad, humillación ante el país, desprecio a la voluntad popular? Si hubiesen elegido un gobernador interino de oposición, podrían pasar dos cosas: que no pudiera con el paquete y fortalecería a Morena, pero, la más peligrosa, que sí gobernara desde y para los sinaloenses con buenos resultados. No, para Morena el poder no se comparte. “El reto para nuestro partido, por el bien del país, es estar en el poder por siempre y para siempre” (La Ley de Herodes). No, no es como el viejo PRI, es peor.
Mi álter ego aconseja a Claudia es el momento de seguir el ejemplo de Tata Lázaro: ir por él a Palenque, subirlo a un avión y mandarlo a Cuba o Nicaragua. No lo vaya a enviar a Estados Unidos o Inglaterra (recuerde que es orgullosamente monolingüe) o a España, Argentina, Chile o Colombia porque ¡se lo devuelven!