Cd. de México.- Cuando miles de maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) instalaron nuevamente un plantón en el Centro de la Ciudad de México a inicios de junio, bloquearon vialidades estratégicas y amenazaron con empañar la inauguración del Mundial de Futbol 2026, el Gobierno federal volvió a enfrentar un fenómeno que ha acompañado a México durante casi medio siglo y es la capacidad de la disidencia magisterial para convertirse en un problema político nacional.

La historia de esta organización comenzó el 17 y 18 de diciembre de 1979, lejos de Palacio Nacional y de las oficinas centrales del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

En Tuxtla Gutiérrez, maestros provenientes de Chiapas, Tabasco, Guerrero y La Laguna fundaron una organización que con el tiempo se transformaría en el principal movimiento sindical disidente del País. Más tarde se sumarían contingentes de Oaxaca, Hidalgo, Morelos y Michoacán.

Desde entonces, la CNTE ha visto pasar Presidentes, Gobernadores, líderes sindicales, reformas educativas y cambios políticos sin abandonar su principal herramienta de presión: la movilización, el bloqueo, la bronca, la advertencia.

Al paso de los años su método ha cambiado poco. Paros, marchas, bloqueos, plantones, toma de oficinas y casetas, presión callejera y la "negociación política" forman parte de un repertorio construido durante décadas.

El movimiento nació enfrentando al poderoso cacicazgo sindical de Carlos Jonguitud Barrios, quien controlaba el SNTE a través de Vanguardia Revolucionaria.

Mientras el sindicato oficial distribuía plazas, ascensos, comisiones y favores políticos, los grupos fundadores de la Coordinadora impulsaban elecciones, asambleas de base y una estructura paralela sustentada en la movilización, incluso con tintes "rojos" mediante estrellas rojas e ideologías marxistas-leninistas.

La primera gran victoria llegó en 1989. Aquel año, miles de maestros participaron en una oleada de protestas que coincidió con la caída de Jonguitud Barrios. El entonces Presidente Carlos Salinas de Gortari removió al dirigente y colocó en su lugar a Elba Esther Gordillo.

La CNTE no conquistó el sindicato nacional, pero sí contribuyó a derribar al hombre que había dominado durante años la estructura magisterial.

Sin embargo, la Coordinadora ha sobrevivido a gobiernos priistas, panistas y ahora morenistas. Ha perdido batallas, pero no la guerra.

Durante su existencia ha pasado por nueve Presidentes de la República, más de 15 Secretarios de Gobernación y más de una decena de titulares de Educación Pública.

Todos los Ejecutivos federales y subalternos terminaron sentándose a negociar con ella.

La Presidenta Claudia Sheinbaum descartó reunirse con la dirigencia de la CNTE. Ha enviado a sus titulares de la Segob y de Educación a la negociación con los maestros. Pero el estira y afloje ha sido desgastante.
Sheinbaum anunció que su Gobierno dialogará directamente con los maestros en las aulas, por lo que rompió con una tradición política de casi medio siglo.

Oaxaca, bastión de la Coordinadora

A diferencia del sindicalismo tradicional, basado en acuerdos cupulares, la Coordinadora desarrolló una estructura apoyada en asambleas de base, consejos de lucha y representación regional.

Su fuerza nunca dependió completamente de la legalidad sindical, sino de la movilización y se mostró con la caída de Jonguitud en 1989.

Ese año estalló la llamada "Primavera Magisterial", una oleada de protestas que cuestionó el liderazgo de Carlos Jonguitud Barrios, el poderoso dirigente que controlaba el SNTE desde los años 70.

La presión del movimiento coincidió con la decisión del Presidente Salinas de Gortari de remover al dirigente y sustituirlo por Gordillo.

Fue la primera vez que la organización mostró capacidad para alterar decisiones tomadas en la cúspide del sistema político.

A partir de entonces, Oaxaca se convirtió en el bastión del movimiento. Si Chiapas fue la cuna de la Coordinadora, Oaxaca se convirtió en su fortaleza.

La Sección 22 construyó una estructura territorial que trascendió los asuntos educativos y terminó influyendo en la vida política estatal.

Durante décadas, miles de maestros participaron en asambleas regionales, movilizaciones y plantones que transformaron al magisterio en uno de los actores políticos más relevantes de la entidad.

La capacidad de movilización de la Sección 22 quedó demostrada en 2006.

El 14 de junio de ese año, el entonces Gobernador Ulises Ruiz Ortiz ordenó desalojar el plantón que los maestros tenían en el Centro Histórico de Oaxaca.

Más de tres mil policías estatales ingresaron de madrugada utilizando gases lacrimógenos, toletes y helicópteros.

El operativo no sólo fracasó, desató una crisis política sin precedentes. Los maestros recuperaron el Zócalo oaxaqueño horas después y el conflicto escaló rápidamente.

Lo que comenzó como una demanda salarial derivó en una exigencia política: la renuncia del Gobernador.

Un mes antes del desalojo del plantón magisterial en el Zócalo de Oaxaca, el entonces secretario general de la Sección 22, Enrique Rueda Pacheco, advirtió que el movimiento de los trabajadores de la educación enfrentaba una etapa de definición frente al Gobierno de Ulises Ruiz Ortiz.

En su discurso de apertura del Primer Congreso Político Estatal de la Sección 22, realizado del 3 al 7 de abril de 2006, Rueda Pacheco llamó a la base magisterial a reorganizarse, corregir errores internos y cerrar filas ante lo que consideró una ofensiva del Gobierno estatal y federal contra el movimiento.

El mensaje fue pronunciado apenas cinco semanas antes del operativo policiaco del 14 de junio de 2006, cuando el Gobierno de Ruiz ordenó desalojar el plantón que maestros mantenían en el Centro Histórico de Oaxaca, acción que dejó profesores heridos y detonó una de las mayores crisis políticas en la entidad.

En el documento, Rueda sostuvo que la Sección 22 llegaba al Congreso con problemas internos, falta de credibilidad y riesgos de división.

"Reconocemos que en este momento nuestro movimiento está entrando en uno de los periodos más difíciles de su historia", planteó.

Pero las asambleas hicieron cohesión.

El dirigente aseguró que el Gobierno de Ulises Ruiz intentaba golpear a la organización mediante represión, división, cooptación de dirigentes y control de espacios políticos.

También acusó que "desde el poder" se buscaba debilitar a la Sección 22, promover organizaciones paralelas y reducir la capacidad de presión del magisterio democrático.

Rueda llamó a construir un plan político-sindical que permitiera enfrentar al Gobierno estatal y fortalecer la unidad interna antes de la jornada anual de lucha del magisterio oaxaqueño.

El mensaje cobró relevancia porque, semanas después, el conflicto escaló de una protesta laboral a una rebelión política.

Tras el fallido desalojo del 14 de junio de 2006, los maestros recuperaron el Zócalo.

El discurso de Rueda muestra que, antes del choque policiaco, la dirigencia de la Sección 22 ya anticipaba un escenario de confrontación con el Gobierno estatal y llamaba a reorganizar al movimiento para resistir.

La memoria del Congreso Político también muestra que la Sección 22 preparaba un plan de acción para abril y mayo de 2006, con reuniones regionales, asambleas delegacionales, marcha en la Ciudad de México y una movilización estatal en Oaxaca prevista para el 15 de mayo.

Esto provocó la solidaridad de las secciones de otras entidades.

La incompetencia estatal en Oaxaca causó la intervención federal.

La CNTE sabe de alianzas en momentos de crisis y "manos duras".

A semanas del desalojo violento en Oaxaca, nació la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), un movimiento que reunió organizaciones sociales, colectivos, sindicatos, estudiantes y comunidades indígenas.

Durante meses Oaxaca vivió una situación inédita: se levantaron barricadas, se ocuparon radiodifusoras, se instalaron retenes, se realizaron marchas multitudinarias. Y ahora la demanda central era una sola: "Fuera Ulises".

La crisis obligó al Gobierno federal a intervenir y convirtió a Oaxaca en el principal foco de conflictividad política del País.

La batalla contra Peña

Años después, la CNTE emprendió una nueva batalla, ahora en la CDMX, con la bandera de rechazar la reforma educativa de Enrique Peña Nieto y se detonó otra etapa de confrontación.

Los maestros consideraron que la evaluación obligatoria ponía en riesgo su estabilidad laboral y respondieron con movilizaciones permanentes.

En agosto de 2013 instalaron un gigantesco campamento en el Zócalo de la Ciudad de México.

Durante semanas, la principal plaza pública del País permaneció ocupada por casas de campaña, lonas y contingentes procedentes, de Oaxaca, Chiapas, Guerrero y Michoacán.

El Gobierno decidió recuperarla. El 13 de septiembre, elementos de la Policía Federal y de la Secretaría de Seguridad Pública capitalina desalojaron el plantón.

Las imágenes de miles de policías avanzando sobre el campamento recorrieron el mundo.

La Coordinadora perdió el Zócalo, pero no la movilización. Se replegó al Monumento a la Revolución y continuó la resistencia.

Luego la confrontación alcanzó uno de sus puntos más delicados el 19 de junio de 2016.

Ese día fuerzas federales y estatales intentaron liberar bloqueos carreteros en Nochixtlán, Oaxaca.

El operativo terminó con muertos, heridos y una crisis política nacional.
Las imágenes de civiles enfrentando a policías se convirtieron en símbolo de la confrontación entre el Gobierno de Peña Nieto y el magisterio disidente.

La presión obligó al entonces Secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, a abrir nuevamente canales de negociación.

Aunque la CNTE no logró impedir la aprobación de la reforma educativa, la Coordinadora sí consiguió sobrevivir a ella.

En 2019, el Presidente Andrés Manuel López Obrador eliminó la reforma impulsada por Peña Nieto y desapareció el esquema de evaluación docente que había sido el principal detonante del conflicto.

Para muchos dirigentes de la CNTE, ese representa su mayor triunfo político. Aquí se logró un remanso en la movilización.

Después de años de plantones y enfrentamientos, el Gobierno federal eliminó la principal política que habían combatido desde 2013.

López Obrador abrió Palacio Nacional a la CNTE en 2024 y recibió a sus dirigentes en al menos dos reuniones.

Así la organización recuperó interlocución directa con el poder presidencial.

Miden fuerzas con Sheinbaum

Desde mayo, los maestros salieron a las calles para anunciar una huelga ante incumplimientos gubernamentales

En Oaxaca ya gritaron "Fuera (Salomón) Jara" y en otros estados las mesas estatales se doblaron, por lo que la protesta se elevó a rango federal.

La negociación de la CNTE se tensó con la Presidenta Claudia Sheinbaum en el contexto del Mundial FIFA 2026.

La CNTE exige cambios en el sistema de pensiones del ISSSTE, modificaciones a los mecanismos de promoción docente y nuevas concesiones laborales.

Sheinbaum busca evitar que la interlocución dependa exclusivamente de los dirigentes.

La estrategia presidencial pretende dialogar directamente con los trabajadores de la educación y la Coordinadora apuesta por mantener la movilización. Un tema casi imposible en una organización que está hecha en el eterno asambleísmo, en la camaradería.

La escena recuerda una constante de los últimos 47 años, en la que cambian los gobiernos y las demandas, pero no el grito magisterial.

A casi medio siglo de su surgimiento, siguen en las calles.

'Estiraron demasiado la liga'

La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) llegó a su más reciente confrontación con el Gobierno federal con capacidad de movilización, presencia nacional y una coyuntura excepcional por la inauguración del Mundial de Futbol 2026.

Sin embargo, cometió un error estratégico: apostó toda su fuerza a una sola exigencia sin construir una alternativa de negociación.

Así lo considera el profesor jubilado del Instituto de Investigaciones Sociológicas de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), Isidoro Yescas, quien sostiene que el movimiento magisterial realizó un cálculo político equivocado sobre la respuesta que obtendría de la Administración de Claudia Sheinbaum.

"Estiraron demasiado la liga e hicieron una mala valoración de la respuesta que iban a tener del Gobierno federal", afirma.

Para el académico y quien ha estudiado por años a la CNTE, la exigencia de abrogar la Ley del ISSSTE de 2007 se convirtió en el eje absoluto de la estrategia de la Coordinadora..

"El problema fue que, pese a insistir durante meses en esa demanda, no presentó públicamente propuestas de transición o mecanismos graduales que permitieran abrir una negociación real.

"La plantearon sin escuchar a la contraparte en términos de que no era viable económicamente para el Gobierno federal atender esa demanda de inmediato. No llevaron una contrapropuesta", señala a Grupo REFORMA.

Yescas considera que el movimiento desperdició una coyuntura que parecía favorable.

Después de dos años de movilizaciones sin avances sustanciales en el tema pensionario, la inauguración de la Copa Mundial representaba una oportunidad de presión política inédita.

La propia Coordinadora resumió esa apuesta en una consigna que acompañó sus protestas: "Si no hay solución, no rodará el balón".

"Pero el Gobierno resistió. Pensaron que con la presión que iban a ejercer previo al Mundial iban a doblar a Claudia Sheinbaum y no ocurrió de esa manera", sostiene.

A juicio del investigador, la dirigencia magisterial también se equivocó al convertir en condición política la presencia directa de la Presidenta en la mesa de negociación, pese a que ya contaba con interlocutores de alto nivel como los titulares de Gobernación, la SEP y el ISSSTE.

"La consecuencia fue que el conflicto comenzó a prolongarse sin resultados concretos, mientras la capacidad de movilización empezó a erosionarse", explica.

Yescas observa que, a diferencia de otros momentos históricos del movimiento, la respuesta de las bases fue menor a la esperada.

"En Oaxaca, considerada la columna vertebral de la CNTE, no se reprodujeron las movilizaciones masivas de otras etapas. Aunque hubo bloqueos, tomas de casetas y acciones de presión, la participación estuvo lejos de los niveles que tradicionalmente caracterizan a la Sección 22. No vimos más allá de unos 10 mil maestros movilizados", afirma.

El desgaste también quedó reflejado en las consultas internas que determinaron la continuidad o suspensión del paro.

Según explica, las votaciones se realizaron únicamente entre los maestros movilizados y no entre la totalidad del gremio. En el caso oaxaqueño, donde la Sección 22 supera los 70 mil integrantes, las decisiones terminaron recayendo en una fracción relativamente reducida.

"Ya evidentemente también hay un desgaste en la participación de la base magisterial", afirma.

A ello se sumó otro factor que comenzó a pesar más que la propia presión gubernamental: el cierre del ciclo escolar.

"Con el paso de las semanas, crecieron las exigencias de padres de familia y autoridades municipales para que los docentes regresaran a las aulas, entregaran calificaciones y concluyeran las actividades académicas.

"Ya son cada vez menos. Hay preocupación de los maestros por regresar a sus comunidades a concluir el ciclo escolar", advierte.

Para Yescas, el Mundial también perdió rápidamente valor como instrumento de presión.

"La parte más fuerte era la inauguración. Después los partidos se dispersan y la coyuntura empieza a diluirse", explica.

Por ello considera

que la Coordinadora atraviesa actualmente una fase de repliegue táctico más que de avance político.

"Están debilitados. Tuvieron un cortazo nuevamente por parte del Gobierno federal. Me parece que se regresan con cajas destempladas", resume.

No obstante, advierte que sería un error dar por concluido el conflicto.

La CNTE conserva una estructura organizativa sólida, experiencia acumulada y una capacidad de reorganización que le ha permitido sobrevivir durante décadas a derrotas parciales y cambios de Gobierno.

"Van a insistir. No van a dejar su demanda de la abrogación de la Ley del ISSSTE", alerta.

Sin embargo, considera que si el movimiento pretende obtener resultados distintos deberá modificar su estrategia y construir una propuesta que involucre no sólo al magisterio, sino al conjunto de trabajadores del Estado afectados por el sistema pensionario vigente.

"Ya no puede ser una lucha exclusivamente del magisterio. Tiene que extenderse a otros sectores", expone el investigador.