Mientras la Ciudad de México se tiñe de fiesta por la proximidad de la Copa del Mundo, en el campamento de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) se respira un aire muy distinto: miedo, psicosis y un sentimiento latente de persecución ante un desalojo inminente.
Para los maestros disidentes, la justa deportiva no es sinónimo de celebración, sino una cuenta regresiva que amenaza la permanencia de su movimiento en el Centro Histórico.
Francisco Ojeda, profesor de la Sección 22 de Oaxaca y quien ha permanecido en el plantón desde su instalación, explica que la estrategia gubernamental ha cambiado, volviéndose más impredecible que en sexenios anteriores.
De acuerdo con el docente, en administraciones pasadas, como la de Enrique Peña Nieto, había certeza de que el Gobierno utilizaría a la fuerza pública, como en el desalojo del 2013 de la Plaza de la Constitución.
Sin embargo, con la Cuarta Transformación, reconoció, la situación se vive diferente.
"Sí entro en psicosis porque no sabemos de qué manera nos van a reprimir o desaparecer nuestro plantón nacional (...). Sabíamos (antes) que teníamos que correr, protegernos, cubrirnos; ahora no sabemos por dónde nos puede llegar la desmovilización, nos quieren partir, dispersar y la 4T cuida sus formas", detalló.
A decir del manifestante, el Gobierno federal busca romper el movimiento desde dentro para evitar el costo político de una represión abierta de cara a los ojos del mundo.
Semana decisiva e inauguración
La CNTE ve los próximos días como un punto de quiebre. La cercanía del jueves 11 de junio, fecha de la inauguración del Mundial, obliga a los profesores a radicalizar sus protestas o arriesgarse a ser diluidos.
"Esta semana es decisiva (...). Es una semana donde tienen que definirse acciones más contundentes que peguen e impacten ante la ciudadanía en general. Es la semana o donde seguimos de manera más contundente o entrarían a transgredernos", advirtió el docente.