El ex candidato presidencial y ahora Senador del PAN, Ricardo Anaya, mantiene una de las agendas políticas más visibles del País, mientras que en su tiempo libre lo dedica a preparar a la nueva generación de pilotos.

Según estimaciones de la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) y asociaciones sindicales, México requiere sumar aproximadamente 10 mil nuevos pilotos en las próximas dos décadas para cubrir la creciente demanda.

"Quiero dejar mi granito de arena combinando dos pasiones: la enseñanza y la aviación", comenta Ricardo Anaya en entrevista para REFORMA.

Durante un fin de semana, REFORMA acompañó al Senador a una sesión de instrucción en una aeronave Cessna 182 y revisó la documentación que acredita las certificaciones aeronáuticas obtenidas por el panista para poder impartir instrucción.

Lejos de los recintos legislativos, Anaya inició hace más de una década un proceso de formación aeronáutica que derivó en diversas certificaciones emitidas por la Administración Federal de Aviación de Estados Unidos (FAA).

REFORMA revisó las habilitaciones y licencias que acreditan su condición de piloto e instructor de vuelo.

La documentación incluye, además, una autorización emitida por la Agencia Federal de Aviación Civil (AFAC) que le permite desempeñarse como instructor en México, mientras concluye el proceso de convalidación de sus certificaciones estadounidenses.

MUCHAS HORAS

Su camino no fue corto.

La formación de un piloto exige cuantiosas horas de estudio y entrenamiento en materias como meteorología, navegación, reglamentación aérea, procedimientos de emergencia, gestión del riesgo y seguridad operacional.

"Lo que más me atrajo fue la disciplina", dice Anaya. "La aviación no permite improvisar. Todo tiene procedimientos, listas de verificación y estándares que deben cumplirse.

"Hay mucho estudio. Cada habilitación implica exámenes, procedimientos y entrenamiento recurrente. Es una actividad muy regulada", señala.

Con el tiempo acumuló nuevas habilitaciones y experiencia operacional hasta obtener certificaciones avanzadas y autorizaciones para impartir instrucción de vuelo dentro del sistema estadounidense y mexicano.

ANTES DE DESPEGAR

Durante la sesión observada para este reportaje, buena parte del trabajo ocurre incluso antes de encender el motor.

La instrucción incluye revisión de procedimientos, análisis de escenarios, planeación de vuelo y verificación de listas de control.

Parte del entrenamiento también se desarrolla en simulador, herramienta utilizada para practicar procedimientos y emergencias antes de trasladarlos a la aeronave.

La exigencia para obtener y mantener certificaciones aeronáuticas vuelve inevitable una pregunta: ¿cómo logró una actividad de esta naturaleza convivir durante años con una carrera política de alta exposición?

"Disfruto mucho aprender cosas nuevas", afirma. "Si de verdad te interesa algo, siempre encuentras tiempo para aprender. Al final es cuestión de disciplina y de organizar bien el tiempo".

PRACTICANDO EL DESPLOME

Ya en vuelo, la sesión incluye una de las maniobras requeridas para la formación aeronáutica: el desplome.

El instructor pide al alumno reducir velocidad hasta que la aeronave pierde sustentación. Durante algunos segundos, la nariz del avión desciende y la sensación de caída resulta inevitable para quien no está familiarizado con el entrenamiento.

Desde el asiento derecho, Anaya supervisó la maniobra mientras el alumno ejecutaba el procedimiento de recuperación. Segundos después, la aeronave volvió a su vuelo normal y la lección continuó.

LEJOS DE LOS REFLECTORES

Mientras la discusión pública sigue ocupando buena parte de sus días, la instrucción aeronáutica se ha convertido en una actividad paralela desarrollada lejos de los reflectores y prácticamente desconocida dentro de su trayectoria.

"En aviación nunca terminas de estudiar. Siempre hay algo que aprender, algo que actualizar y algo que perfeccionar", señala.