Cd. de México.- En Paseo de la Reforma, el resto de mexicanos que no fue al Estadio Azteca también demostró su poderío desde temprano. Crédito: Alfredo Moreno Espinosa
No hubo un solo indicio de desconfianza en el equipo nacional. Crédito: Iván Serna Ruiz
Mientras se enfilaban hacia el Ángel de la Independencia, cada quien manifestó su optimismo como quiso. Crédito: Alfredo Moreno Espinosa
El entrenador de Ecuador previó que los primeros 15 minutos del partido contra México serían un torbellino y quizás se quedó corto.
En el campo, los muchachos de Javier Aguirre fueron vertiginosos, fuertes y certeros.
En Paseo de la Reforma, el resto de mexicanos que no fue al Estadio Azteca también demostró su poderío desde temprano.
Los jugadores todavía no salían del hotel de concentración, cuando la corriente de playeras verdes comenzó a inundar la avenida más importante de la Capital.
No había un solo indicio de desconfianza en el equipo nacional.
Mientras se enfilaban hacia el Ángel de la Independencia, cada quien manifestó su optimismo como quiso.
La mayoría ondeó banderas tricolores o resopló cornetas, como si estuviera en una competencia.
En los alrededores al "monumento de la victoria alada", hasta se adelantaron a las fiestas navideñas.
Los aficionados utilizaron un semáforo para colgar una piñata y se turnaron para apalearla hasta que no resistió y cayeron los dulces que traía adentro.
Del otro lado, los caracoles y otros instrumentos de viento anunciaban el baile de una decena de danzantes prehispánicos.
En las aceras y los carriles laterales, todavía se podían hacer las últimas compras para sumarse a la avalancha esmeralda.
Las playeras piratas eran las más socorridas, pero también abundaban los sombreros de ala ancha, las tejanas verdes, rojas y blancas, los gises de colores patrios que ayer sustituyeron al rubor.
"Al rato va a llover bien cabrón y van a estar más caras, eh. Más vale prevenir", decía un señor y luego mostraba el surtido de capas impermeables que vendía.
A las 17:00 horas, las pantallas en El Ángel anunciaron que en los alrededores ya no cabía nadie más y eso provocó las primeras expresiones colectivas de júbilo.
Ni la lluvia ni el retraso del silbatazo inicial menguaron el ánimo, si acaso provocaron algunas mentadas de madre y chiflidos.
Las pantallas se iluminaron de nuevo durante la ceremonia de los himnos y la gente volvió a la carga con las cornetas, las matracas y los gritos.
Durante el partido aplaudieron y celebraron absolutamente todas las jugadas de México.
Lo mismo daba si Gilberto Mora hacía una recepción dirigida, si Johan Vázquez concluía una cobertura con una barrida, o si Erick Lira ganaba un mano a mano con Caicedo.
Varias veces contuvieron el grito de gol, pero enseguida tuvieron revancha y se desquitaron con los tantos de Julián Quiñones y Raúl Jiménez.
Igual que la Selección, en el segundo tiempo bajaron la intensidad, pero ya no se guardaron nada cuando el árbitro finalizó el juego.
Arriba, los colores de los fuegos artificiales iluminaron al Ángel y ratificaron el pase a Octavos de Final.
Abajo, la gente volvió a demostrar su alegría como quiso.
"¡Esto es ser mexicano!", gritó un señor.