Chihuahua, Chih.- Una mujer que pidió mantener su identidad en el anonimato, Carlos y Edgar compartieron sus experiencias con el consumo de drogas y alcohol, así como los momentos en los que identificaron que la dependencia había comenzado a afectar diferentes aspectos de sus vidas.

La entrevistada relató que comenzó a fumar cristal a los 14 años y que durante los últimos cuatro años de su consumo, el alcohol también se convirtió en una parte constante de su vida. Explicó que sus primeros acercamientos a las sustancias estuvieron relacionados con problemas familiares y con las personas que la rodeaban.

De acuerdo con su testimonio, a los 14 años comenzó una relación con una persona adicta a las drogas, situación que influyó para que ella también comenzara a hacerlo. Con el paso del tiempo, señaló, el consumo dejó de estar relacionado con la diversión y se transformó en una necesidad.

“Uno ya no lo sigue consumiendo tanto por la diversión, sino porque el cuerpo te pide drogarte”, dijo.

Recordó que durante esa etapa despertaba por las mañanas con el deseo de fumar y que cuando no tenía la sustancia, experimentaba cambios de humor y una fuerte necesidad de intoxicarse.

Con el alcohol, explicó, atravesó por una situación similar. Al principio tomaba por diversión, pero posteriormente llegó al punto en que sentía que no podía realizar sus actividades si no estaba bajo sus efectos.

La mujer señaló que llegó a perder las ganas de continuar con su vida porque sabía que tendría que repetir diariamente el mismo ciclo.

“Ya ni me quería despertar porque sabía que iba a pasar por lo mismo”, expresó.

También comentó que durante esa etapa enfrentó maltratos y humillaciones. En su experiencia, ser mujer dentro de un entorno marcado por las adicciones implicó enfrentar además diversos señalamientos y descalificaciones.

Su momento más difícil, narró, ocurrió después de atravesar por una situación que calificó como muy fuerte y que prefirió no explicar públicamente. Dijo que llegó golpeada a su casa y que en diferentes ocasiones había buscado ayuda.

Finalmente, decidió pedir apoyo a su madre para ingresar a un proceso de rehabilitación. Después de pasar por un anexo de puertas cerradas, llegó a un grupo donde, según explicó, comenzó un proceso que le permitió mantenerse alejada del consumo.

Entre los cambios que identificó, mencionó recuperar la seguridad para relacionarse con otras personas, volver a convivir con su familia y recuperar las ganas de vivir.

“He ganado poder ver a la gente a los ojos y no sentirme menos que nadie, seguridad, tranquilidad, ganas de vivir que me faltaban”, relató.

La entrevistada explicó que durante mucho tiempo pensó que podía dejar las drogas por su cuenta, pero aseguró que sus intentos no fueron suficientes.

“Realmente no pude yo sola. Tuve que llegar a un grupo, conocer más gente con el mismo problema para saber qué estaba mal”, señaló.

Carlos, por su parte, relató que está por cumplir seis años de sobriedad y explicó que el alcohol fue la sustancia que marcó su proceso de adicción.

Contó que comenzó a beber entre los 14 y 15 años, después de observar que el alcohol formaba parte de la convivencia familiar y social.

Según explicó, durante sus primeros años tomaba principalmente los fines de semana y procuraba que sus padres no se dieran cuenta. Con el paso del tiempo, comenzó a hacerse más frecuente.

Asimismo señaló que desde una edad temprana notaba que tenía dificultades para detenerse, a diferencia de algunos de sus amigos, quienes podían dejar de beber después de algunas copas.

“Yo nunca pensé que iba a tener un problema con el alcohol”, afirmó.

Durante varios años, dijo, logró mantener un trabajo y una familia mientras se alcoholizaba. Sin embargo, posteriormente comenzó a utilizarlo para enfrentar sentimientos como ansiedad, miedo, frustraciones y preocupaciones personales.

Explicó que llegó a relacionar el consumo con distintos estados de ánimo, por lo que podía beber cuando estaba contento, triste o atravesaba alguna dificultad.

Después llegaron las consecuencias, ya que perdió trabajos y la confianza de personas cercanas, además de enfrentar problemas dentro de su familia.

Carlos también recordó que atravesó momentos en los que llegó a pensar en quitarse la vida porque sentía que ya no encontraba una salida a los problemas que enfrentaba.

En una etapa posterior se trasladó a Chihuahua y comenzó nuevamente a trabajar, durante algunos meses logró mantenerse estable, pero volvió a tomar.

Tras una nueva recaída, uno de sus compañeros le preguntó si necesitaba ayuda y él aceptó y fue llevado al grupo donde comenzó su proceso de recuperación.

Recordó que inicialmente no tenía intención de permanecer en el lugar, pero comenzó a escuchar las experiencias de otros integrantes y a identificar situaciones similares a las que había vivido.

Con el paso del tiempo, señaló, aprendió a asumir responsabilidades y a enfrentar sus problemas sin recurrir al alcohol.

“Me di cuenta que era un niño en el cuerpo de un señor”, explicó al referirse a la forma en que percibía su comportamiento durante aquella etapa.

Aseguró que después de iniciar su proceso de recuperación pudo restablecer la relación con su familia y sus hijos, además de recuperar la confianza de personas cercanas y alcanzar nuevamente estabilidad laboral.

Actualmente, explicó, continúa participando dentro del grupo y comparte su experiencia con personas que llegan con problemas relacionados con el alcohol o las drogas.

Para mantenerse sobrio, señaló que una de las herramientas que utiliza consiste en recordar las consecuencias que tuvo el alcohol en su vida.

Finalmente dijo que busca dejar de relacionar la bebida con la diversión y recordar los problemas, pérdidas y situaciones difíciles que experimentó durante los años de consumo.

También consideró necesario continuar con el acompañamiento y la terapia, pues señaló que para él la recuperación no terminó al dejar de beber.

Por su parte, Edgar relató una experiencia distinta, aunque también relacionada con el consumo de drogas y alcohol. Explicó que comenzó a drogarse desde pequeño y que alrededor de los 20 o 21 años llegó a lo que identificó como el punto más difícil de su vida.

Contó que durante años rechazó la ayuda de su familia porque consideraba que no tenía un problema. Incluso pensaba que las consecuencias relacionadas con las drogas no llegarían a afectarlo.

Sin embargo, seis o siete años después, dijo, se encontró sin estudios, sin un oficio y con la sensación de haber desaprovechado las oportunidades que había recibido.

Recordó que observaba a otras personas de su edad avanzar en sus estudios, conseguir empleos y formar relaciones, mientras él sentía que había perdido esas posibilidades, pero “ya se acabó”, pensando en aquella etapa.

Edgar explicó que su padre conocía el grupo y finalmente lo llevó. Desde entonces comenzó un proceso mediante el cual logró mantenerse sin consumir drogas ni alcohol.

Este mes, dijo, cumplirá 21 años sin consumir.

Durante ese lapso también recuperó su integración a la sociedad y comenzó a participar en las actividades del grupo y agregó que actualmente comparte su experiencia con gente que llega con el mismo problema.

Resaltó que quienes atraviesan por una adicción pueden tardar en reconocer que necesitan ayuda y que cada persona tiene un momento diferente para tomar esa decisión.

También mencionó que el espacio en el que participa permanece abierto las 24 horas y que cuenta con un anexo gratuito para personas que no tienen dónde quedarse o que han perdido sus redes de apoyo debido al consumo.

De acuerdo con Edgar, el grupo se sostiene mediante las contribuciones de sus integrantes y las actividades que realizan quienes ya están en recuperación.

Los tres entrevistados hablaron desde experiencias distintas sobre el momento en que el consumo dejó de ser una actividad ocasional y comenzó a ocupar un lugar central en sus vidas.

La mujer recordó el inicio con el problema durante la adolescencia, las consecuencias que enfrentó posteriormente y el momento en que decidió pedir ayuda a su madre. Igualemente relató el avance de su dependencia al alcohol, las repercusiones que experimentó y los casi seis años que lleva sin consumir. Edgar, entre tanto, recordó haber comenzado a consumir desde pequeño y señaló que está por cumplir 21 años de sobriedad.

Cada uno platicó desde su propia experiencia las dificultades que confrontó para reconocer que tenían el problema y comenzar un proceso de recuperación. La mujer señaló que durante años pensó que podía salir adelante por sí misma; Carlos habló de la necesidad de mantenerse en un proceso de acompañamiento, mientras que Edgar explicó que el momento para pedir ayuda puede llegar de manera diferente para cada persona.