Chihuahua, Chih.- La Plaza de Armas fue sede de la tradicional carrera de meseros, en la que el servicio se fusionó con la adrenalina. En este escenario, profesionales de la gastronomía desafiaron la gravedad con un objetivo: demostrar una destreza absoluta para evitar cualquier derrame y completar el recorrido en el menor tiempo posible.
Es así que 14 camareros cambiaron la rutina de las mesas por el desafío de demostrar que dominar la charola es un verdadero arte de precisión y destreza.
La carrera fue desarrollado en el marco del 97 aniversario del Sindicato de Trabajadores de la Industria Hotelera y Gastronómica (STIHG) de la CTM.
El banderazo oficial —o mejor dicho, el tradicional charolazo de salida— corrió a cargo de Jorge Doroteo Zapata García, secretario general de la Confederación de Trabajadores de México (CTM) Chihuahua.
La adrenalina creció aún más en las rondas definitivas, cuyo arranque lo encabezó el secretario general del STIHG, Javier Rayo Rodríguez, lo que mantuvo la emoción al límite de principio a fin.
Los competidores devoraron los metros de la plaza sosteniendo la charola con una sola mano, desafiando la gravedad con un cargamento de cuatro vasos llenos de cerveza y una pesada botella de 940 ml. El más mínimo temblor o un paso en falso significaba la descalificación instantánea por parte de un implacable cuerpo de jueces que vigiló la cerveza derramada.
Tras una competencia de velocidad y precisión, los ganadores de la edición 2026 fueron definidas con milésimas de segundo de diferencia.
En la rama femenil, Diana Limón, representante de Chili’s, logró coronarse como la gran campeona absoluta. El podio lo completaron dos integrantes de La Cerve: Siboney Romero, quien obtuvo el segundo lugar, y Elizabeth Díaz, en la tercera posición.
En la categoría varonil, Efrén Chacón de La Cebolla Roja pudo consagrarse como el ganador, Sergio González de Food Works logró un segundo lugar y Jesús Enríquez, compañero banquetero del Sindicato, aseguró el tercer puesto con una técnica impecable.
La jornada cerró con broche de oro durante la comida anual del STIHG, donde ocurrió el giro más esperado del día. Por una tarde, los profesionales del servicio colgaron los mandiles para convertirse en los invitados de honor, siendo servidos y consentidos en las mesas por sus propios jefes. (Claudia Valenzuela / El Diario)