Chihuahua, Chih.- El vocero de la Arquidiócesis de Chihuahua, Gustavo Sánchez Prieto, planteó una reflexión sobre la diferencia entre las tradiciones del Día de Muertos y la veneración a la Santa Muerte, al considerar que, desde la fe católica, la muerte no debe ser objeto de culto, sino un acontecimiento que encuentra esperanza en la resurrección.

El sacerdote ha manifestado su rechazo a la veneración de la Santa Muerte, al argumentar que la doctrina cristiana no reconoce a la muerte como una divinidad ni como una figura a la que deban encomendar la vida. En ese sentido, ha sostenido que para los creyentes la muerte no tiene la última palabra, pues el fundamento de la fe está en la vida y la resurrección.

La reflexión cobra relevancia durante las celebraciones del Día de Muertos, en la que miles de familias colocan altares, fotografías, alimentos y flores para recordar a sus seres queridos fallecidos. Sin embargo, desde la perspectiva católica, recordar a quienes ya no están no significa rendir culto a la muerte, sino mantener viva su memoria y orar por su descanso eterno.

La diferencia, por tanto, está en el sentido que le otorgan a estas prácticas. Mientras el recuerdo de los difuntos forma parte de una tradición cultural y religiosa, la veneración a la Santa Muerte implica atribuir poderes sobrenaturales a una representación de la muerte, algo que la Iglesia católica considera incompatible con su doctrina.

En medio de la popularidad que ha adquirido esta figura en distintos sectores de la sociedad, la postura del padre Negris invita a reflexionar sobre el significado de las tradiciones, las creencias y la manera en que enfrentan la pérdida de los seres queridos. Para la Iglesia, la muerte no debe convertirse en objeto de adoración, pues el mensaje central del cristianismo no es la muerte, sino la promesa de vida eterna.

“Noviembre, mes de los difuntos. Precedidos por el extranjero Halloween, llegamos al mexicano día de muertos, altares y catrinas. Dos tradiciones diferentes, una que refleja ambiente pagano y oscuro, la otra que expresa el encuentro de culturas indígenas con la fe católica. La diferencia es obvia entre el ambiente nórdico y lo nuestro. Con todo, hay que decir que lo mexicano no es sinónimo de indígena. Como todo lo nuestro, refleja lo español y católico frente a lo autóctono. Un tesoro y un reto. No olvidamos nuestras culturas anteriores. Tenemos Evangelio!.. y predicamos el Evangelio que renueva culturas y humanidad. Animados por la presencia evangelizadora de María de Guadalupe, tenemos mucho camino que recorrer y mucha acción evangelizadora en este México convulsionado”, argumentó el sacerdote.