Sarahí Ponce y Abagdra Hernández -esposas- tomaron la decisión de maternar desde un deseo compartido de formar una familia y después de varios años de considerarlo, en 2022 trajeron al mundo al pequeño Itzae, quien actualmente tiene cuatro años y que vive en un hogar lleno de amor y respeto.

“Decidimos maternar desde un deseo compartido de formar una familia. Fue algo que hablamos, pensamos y sentimos durante mucho tiempo. Desde aproximadamente 2016 ya habíamos considerado la posibilidad de ser mamás, pero en ese momento también nos enfrentamos a muchos miedos”.

Según lo que ellas narran, no era miedo a maternar ni a cuidar a un hijo, era miedo a traer al mundo a una vida profundamente amada que pudiera quedar expuesta a miradas incómodas, señalamientos, bullying, acoso, odio o discriminación.

“Para nosotras maternar significa criar, cuidar, acompañar, educar y darle a nuestro hijo un hogar donde se sienta amado, seguro y orgulloso de quien es y de la familia que tiene”

Sarahí Ponce y Abagdra Hernández

“De alguna forma, era pensar que todo aquello que en distintos momentos nosotras ya habíamos vivido, ahora podría alcanzar a nuestro hijo, quien no tenía por qué cargar con prejuicios ajenos. Eso nos detuvo por un tiempo, sobre todo desde el lado emocional. Pero con los años entendimos que el miedo no podía decidir por nosotras. Queríamos formar una familia desde el amor, la responsabilidad, la estabilidad y la presencia”.

Para Sarahí y Abagdra maternar significa criar, cuidar, acompañar, educar y darle a su hijo un hogar donde se sienta amado, seguro y orgulloso de quien es y de la familia que tiene.

“También entendimos que la maternidad no pertenece a un solo modelo de familia. Una familia no se define únicamente por estar integrada por mamá y papá; se define por el amor, el cuidado, los límites, la responsabilidad y la presencia diaria”.

UN PROCESO DIFÍCIL EN TODOS LOS SENTIDOS

-¿Fue un proceso difícil? “Sí, fue un proceso difícil en varios sentidos: emocional, social, legal e institucional. Emocionalmente fue complejo porque antes de decidirnos, tuvimos que enfrentar nuestros propios miedos. No por falta de deseo, sino por la preocupación de que nuestro hijo pudiera vivir rechazo o discriminación por tener dos mamás. Eso pesa mucho cuando estás pensando en traer una vida al mundo”.

Además, ambas recordaron el nacimiento de Itzae el cual también fue complicado. “

Antes del parto, una de nosotras preguntó si Abagdra, quien gestó a nuestro hijo, podría estar acompañada llegado el momento y nos dijeron que sí. Sin embargo, al momento del nacimiento, cuando se dieron cuenta de que no se trataba de “el papá”, sino de su esposa, nos indicaron que no era posible. Eso nos obligó a solicitar autorización de la ginecobstetra, del subdirector y del director para que permitieran el acompañamiento”.

Después, al llenar el certificado de nacimiento, hubo insistencia en que proporcionaran el nombre de “un padre”, aun cuando ya sabían que eran dos mamás. Además, tuvieron que mostrar su acta de matrimonio, algo que no parece exigirse de la misma manera a las familias conformadas por mamá y papá.

“También, fue difícil en el ámbito laboral. En mi caso (Sarahí), batallé para que en mi trabajo de ese entonces me otorgaran días para acompañar el nacimiento de mi hijo. Entendíamos perfectamente que no me correspondía una incapacidad como la de Abagdra, porque ella fue quien gestó y quien debía recuperarse físicamente de una cesárea, pero al menos solicitábamos un trato equivalente al que reconocen a los padres por el sólo hecho de ser padres al momento del nacimiento de sus hijos. Esa parte también fue dolorosa, porque parecía que mi maternidad tenía que justificarse más, como si por no haber gestado mi lugar como mamá fuera menos válido”.

El registro de su hijo tampoco fue sencillo, eso aún y cuando su matrimonio ya estaba reconocido legalmente, no fue posible registrarlo de forma inmediata como hijo de ambas.

“Tuvimos que promover un amparo y mientras eso resolvían, vivimos con incertidumbre sobre derechos básicos de nuestro hijo: su identidad, su acceso a servicios de salud, su ingreso a guardería y educación inicial, su seguridad jurídica y su derecho a vivir en familia. Eso fue también revelador: el Estado ya reconocía nuestro matrimonio, pero en la práctica seguía costando que reconocieran plenamente a nuestra familia. Afortunadamente, el servicio médico con el que contábamos fue muy empático durante el proceso, pero la incertidumbre seguía ahí”.

Para esta pareja fue muy fuerte darse cuenta de que no estaban pidiendo un privilegio, sino que, estaban solicitando que su bebé tuviera los mismos derechos que cualquier otro.

“Otra parte incómoda ha sido tener que explicar constantemente cómo fue concebido nuestro hijo. Entendemos que a algunas personas les puede causar curiosidad, pero muchas veces esa curiosidad es más morbo. A las familias conformadas por mamá y papá rara vez les preguntan cómo concibieron a sus hijos. Entonces, para nosotras la pregunta de fondo es: ¿por qué tendría que importar? Nuestro hijo existe, es amado, es cuidado y tiene una familia”.

Entre los mayores retos para ambas ha sido abrirse camino en una sociedad y en instituciones que

todavía están aprendiendo a reconocer que existen muchas formas legítimas de familia.

“NOS GUSTA VER CRECER A NUESTRO HIJO”

“Lo que más nos gusta de ser mamás es el amor en sí. Descubrir una forma de amar que no conocíamos y que viene acompañada de emociones nuevas todos los días. Nos gusta ver crecer a nuestro hijo, ver cómo descubre el mundo, aprende, confía y sonríe. A veces basta verlo reír o que nos tome con sus manitas y nos diga “te amo” para transformar por completo el día”.

A estas dos mujeres, ser mamás les ha enseñado que un hijo puede cambiarle la mirada sobre la vida. Incluso en los días difíciles, verlo les recuerda por qué todo vale la pena.

“También nos gusta saber que “atrevernos” fue lo mejor. Antes había miedo, dudas e incertidumbre, hoy sigue habiendo retos, pero el amor es más grande. Ese amor llena los espacios donde antes había miedo y nos confirma todos los días que formar nuestra familia fue la mejor decisión”.

EN MEDIO DEL ESTIGMA SOCIAL

Al cuestionarles si ha habido estigma, ellas respondieron que por supuesto y es de forma directa, indirecta e incluso, agresiva.

“A veces el estigma aparece en comentarios aparentemente inocentes, en preguntas incómodas, en miradas, en asumir que “falta” algo en nuestra familia o en pensar que un niño necesita necesariamente una figura tradicional para estar bien”.

Recordaron que cuando intentaron registrar a su hijo, además de la negativa institucional, hubo comentarios por parte de personal del Registro Civil que dejaron ver rechazo hacia su familia.

“Nosotras creemos que lo que más necesita una niña o un niño es amor, estabilidad, límites, presencia y respeto. Eso no depende de si una familia está formada por mamá y papá, dos mamás, dos papás, una madre sola, un padre solo o abuelos criando. Depende de la calidad del vínculo, del cuidado y del entorno seguro que construyen todos los días. El problema no está en nuestra familia, sino en los moldes desde los cuales todavía siguen entendiendo a la familia”.

UNA FAMILIA DIGNA

Para Sarahí y Abragda es importante enseñarle a su pequeño el orgullo que es tener a su familia.

“Sabemos que para algunas personas puede ser difícil entender ese concepto, pero para nosotras es una de las enseñanzas más importantes dentro de una familia diversa: que el amor no debe vivirse con vergüenza, que su familia es digna y no tiene que esconderla ni justificarla.

También queremos enseñarle respeto, honestidad, rectitud, congruencia, justicia, honor, integridad, amor propio y fortaleza. Que aprenda a tratar bien a los demás, pero también a exigir que lo traten con respeto. Nos gustaría que creciera libre, seguro de sí mismo y consciente de su valor. Y sí, también queremos enseñarle fortaleza, porque sabemos que en algún momento puede necesitarla. No desde el miedo ni desde la dureza, sino desde la certeza de que es amado, de que su familia es digna y de que no tiene que cargar con prejuicios ajenos”.

De igual manera, ellas desean que su hijo entienda que la dignidad ya es inherente, y que no se mide por cumplir con un solo modelo de familia, sino por actuar con amor, responsabilidad, empatía y coherencia.

¿QUÉ REPRESENTA PARA USTEDES SER MAMÁS?

“Ser mamás representa amor, responsabilidad y una forma muy profunda de compromiso. No es sólo cuidar a un hijo, es acompañar una vida, formar a una persona y construir todos los días un lugar seguro para él. Para nosotras también representa valentía y orgullo de nuestra familia e hijo y de habernos atrevido. En un mundo lleno de incertidumbre, miedo y prejuicios, nosotras recibimos un regalo maravilloso: la posibilidad de experimentar todos los días una forma de amor que nos transforma, nos sostiene y nos recuerda lo valioso de la vida cotidiana”.

Las dos coincidieron en que también es un acto de resistencia ya que, formar una familia diversa en una sociedad que todavía conserva prejuicios implica abrir camino.

“Pero no lo vivimos desde la confrontación, sino desde la vida diaria: criando, educando, trabajando, cuidando y demostrando con hechos que nuestra familia es tan real y tan digna como cualquier otra. Pero, sobre todo, ser mamás representa felicidad, pertenencia y amor. Nuestro hijo es nuestro hogar, familia, vida diaria y el milagro que tenemos la fortuna de descubrir todos los días”.

MADRES DIVERSAS NO ESTÁN SOLAS

-¿Qué les dirían a otras madres diversas en el marco del 10 de mayo?

“Les diríamos que no están solas. Que su maternidad es válida, completa y digna. Que no tienen que demostrar más que nadie para merecer respeto. A veces las madres diversas cargamos con una presión extra: hacerlo perfecto para que nadie cuestione nuestra familia, pero no tenemos que ser perfectas. También tenemos derecho a cansarnos, a tener miedo, a equivocarnos, a aprender y a seguir criando con amor, como cualquier madre”.

Además invitaron a que vivan su maternidad con orgullo y no desde la confrontación, sino desde la certeza de que sus familias existen, aman, cuidan y forman.

“Que no permitan que el prejuicio les quite la alegría de maternar ni la paz de ver crecer a sus hijas e hijos en un hogar donde son profundamente amados”.

AMPLIAR LA MIRADA

Al preguntar que les dirían a la sociedad, ellas invitaron a ampliar la mirada.

“Dejen de pensar que sólo hay una forma correcta de familia. Las niñas y los niños no sufren por tener dos mamás, dos papás, una mamá sola, un papá solo o una familia distinta al modelo tradicional. Sufren por el rechazo, el prejuicio, el bullying y la discriminación que la sociedad permite o normaliza. También le diríamos a la sociedad que nuestras hijas e hijos no son un discurso ni una causa, ni una bandera, son niñas y niños amados, cuidados y profundamente deseados. Nuestras familias no existen para provocar ni para imponer nada, simplemente existen, aman, educan y viven como cualquier otra”.

Aunado a eso, reiteraron que si quieren una sociedad más sana, hay que enseñar desde el respeto en cada uno, desde la escuela y desde las instituciones. “Porque la diversidad familiar no amenaza a nadie, lo que sí daña es la discriminación”.

Por último, las protagonistas de esta historia, enviaron un mensaje general en el que refirieron que no todo ha sido lucha o dificultad.

“Claro que han existido retos, pero nuestra historia está llena de personas, espacios y momentos hermosos. Hemos encontrado familia, amistades, instituciones, escuelas, espacios laborales y personas que nos han tratado con respeto, con naturalidad y con cariño. Para nosotras, ser mamás es levantarnos todos los días con cansancio, pendientes, risas, abrazos, juguetes tirados, preguntas inesperadas y un amor que lo cambia todo. Así que nuestro mensaje sería para todas las mamás: para las que están cansadas, para las que dudan, para las que lo intentan todos los días, para las que maternan desde distintas historias y distintos caminos”.

Finalmente, hicieron un llamado para que todas las madres se reconozcan, abracen y que celebren lo mucho que hacen.

“Porque maternar no es perfecto, pero sí es poderoso y cuando se hace con amor, presencia y orgullo, transforma la vida”, culminaron.