Chihuahua, Chih.- Por más de 40 años, el sonido de los martillos sobre la lámina y el olor a pintura automotriz han sido parte de la vida cotidiana de Jesús Antonio Lozano García, un carrocero chihuahuense que ha dedicado gran parte de su vida a reparar vehículos chocados y devolverles su forma original. En su taller, donde llegan clientes por recomendación, también guarda algunos de sus mayores tesoros: autos antiguos que restaura con paciencia y dedicación.
Lozano García comenzó en el oficio prácticamente por intuición.
Cuenta que sus primeros pasos en la carrocería y pintura fueron mientras trabajaba en el área de pintura de la Junta de Aguas, donde tomó un taller aun sin tener la experiencia suficiente, pero con la confianza de quienes lo rodeaban.
“Aprendí casi solo, pero me topé con gente que me ayudó mucho y me tuvieron confianza; yo creo que ya traía la intuición de ser carrocero”, recordó.
A lo largo de los años, su reputación creció principalmente por recomendaciones de clientes y amigos. Hoy, cerca de los 70 años de edad, continúa ligado al oficio, aunque ahora comparte la responsabilidad del taller con su hijo, quien cuenta con estudios técnicos en mantenimiento industrial y está por concluir la carrera de ingeniería. “Ahora él es el que está encargándose más del trabajo, yo ya soy más bien el maestro chalán”, comentó entre risas.
Lozano explicó que la reparación de vehículos ha cambiado con el paso del tiempo. En décadas pasadas, los automóviles estaban hechos con láminas más gruesas y con chasis completos, por lo que el trabajo consistía principalmente en enderezar y reconstruir las piezas dañadas.
“Antes no había tantas refacciones como ahora, todo era pura lámina, quitabas el ‘fender’, enderezabas, planchabas, sacabas las bolas y dejabas la lámina derecha para poder trabajar la masilla”.
En contraste, los autos modernos suelen repararse sustituyendo piezas completas. “Ahora hay muchos accesorios y piezas nuevas, muchas veces ya no enderezamos tanto, sino que cambiamos la parte dañada”.
En aquellos años, además, conseguir herramientas especializadas era complicado. Por ello, el ingenio era fundamental para realizar reparaciones complejas.
“Trabajábamos casi con las uñas. Los martillos eran lo principal y uno se las ingeniaba; hacíamos anclas en el piso para jalar la carrocería, porque no había tantas herramientas”, recordó.
Además de reparar vehículos chocados, Lozano ha dedicado parte de su vida a la restauración de autos antiguos, una labor que, asegura, es mucho más compleja de lo que muchos imaginan.
“Hay gente que compra un carrito viejo en 20 mil pesos y piensa que arreglarlo es fácil, pero no, restaurarlo bien cuesta mucho dinero”.
El proceso puede comenzar desde el chasis, desarmando completamente el vehículo para revisar remaches, fisuras y refuerzos estructurales. A esto suma la dificultad de conseguir piezas originales como tableros, diferenciales o adornos.
“Muchas veces vale más reemplazar el diferencial o el motor porque las piezas ya no las conseguimos. Algunos carros viejitos tenían sistemas muy diferentes en los diferenciales, con campanas y tornillos que ya no existen”.
Uno de los trabajos que recuerda con mayor detalle fue la restauración de una camioneta pick up modelo 1951, realizada hace varios años.
“Ese trabajo salió como en 300 mil pesos, el cliente quiso todo: asientos de piel, adornos originales, defensa, biseles, madera especial, incluso la madera venía de Hawái”, relató.
La pintura automotriz también requiere un proceso meticuloso; según Lozano, antes de aplicar el color final es necesario preparar la superficie con diferentes capas y materiales.
Primero, limpia la lámina completamente, luego aplica un fondo especial para lámina desnuda, seguido de un primario que sirve como base para detectar imperfecciones.
“Hay que ir detallando varias veces, a veces hasta tres manos para que no queden líneas, por eso la gente dice que sólo es pintar, pero no es así”, afirma.
El tipo de materiales también influye en el resultado final. Por ejemplo, los barnices o transparentes pueden tener duraciones diferentes.
“Hay transparentes que duran 10 años, otros cinco y otros sólo uno. Si alguien invierte en restaurar su carro, no va a querer uno barato”.
En su taller también reposan varios proyectos personales. Lozano posee actualmente tres autos antiguos, algunos en proceso de restauración y otros esperando turno.
Entre ellos destaca un Dodge 1942, al que le modificó el toldo para bajarlo cuatro pulgadas y media y planea instalarle puertas tipo “suicida” que abren hacia atrás. También tiene modelos Ford de 1941 y 1946 que espera restaurar en los próximos años.
“Esos los voy arreglando poco a poco, si Dios me presta salud”.
Reconoció que restaurar autos antiguos no siempre es negocio, pues los procesos pueden durar
“Al final lo hago porque me gusta, es bonito ver cómo un carro viejo vuelve a la vida” Jesús Lozano
hasta un año y medio, pero continúa haciéndolo por pasión.
“Al final lo hago porque me gusta, es bonito ver cómo un carro viejo vuelve a la vida”.
Con décadas de experiencia, martillos gastados por el uso y una colección de autos clásicos esperando restauración, Jesús Antonio Lozano García sigue demostrando que la carrocería no sólo es un oficio, sino también un arte hecho de paciencia, ingenio y amor por los automóviles.
Para quien guste de un detallado automotriz, el taller de Jesús está en la calle 47, numeral 3012, y su número telefónico es el 614-17199-21.