Chihuahua.- “Hace 25 años, a esta hora me estaban dando el ramalazo”, expresa Patricio Martínez García, mientras muestra cada uno de los tesoros que guarda en su despacho, donde pasa buena parte de sus días, entre libros, obras de arte, fotografías y objetos cargados de simbolismo personal y político.
A 25 años del atentado que marcó su vida, asegura no guardar rencores. Por el contrario, afirma vivir con “una enorme alegría y satisfacción del deber cumplido”, convencido de que su paso por la vida pública dejó huella en la historia de Chihuahua.
Entre recuerdos de toda una vida y música mexicana de fondo, el exgobernador de Chihuahua recuerda cómo aquel 17 de enero de 2001 sufrió un atentado que, asegura, lejos de derrotarlo, lo llenó de fortaleza para continuar con su misión.
Con orgullo, Martínez García muestra una escultura que le fue obsequiada personalmente por Anthony Quinn, a quien recuerda no sólo como actor, sino como escultor.
“Él la modeló y me la regaló”, comenta, al señalar que conserva la pieza como uno de los regalos más valiosos de su vida.
También destaca “Mi Cristo Roto”, pieza que, aclara, lo acompañó durante seis años en su despacho oficial y que fue adquirida con recursos propios.
“Lo compré yo, no es de gobierno”, subraya, al tiempo que lanza una crítica a quienes, al concluir su gestión, se apropian de bienes públicos. “¿Quién se llevan hasta los clavos de los cuadros? No, no, no”, dice con firmeza.
Aunque dice ser creyente, el exmandatario asegura que fue la ciencia la que le permitió seguir en pie a pesar de las secuelas del atentado, sobre todo profundos dolores.
“Hace 25 años no lo dispuso para mí, y logré el milagro de la vida a través de médicos, camilleros y enfermeros”, afirmó.
El exgobernador recordó con especial gratitud a los médicos que lo atendieron tras el atentado. Entre ellos el doctor Raúl Hernández Lara, neurocirujano ya fallecido; al doctor Maca Martínez, también fallecido; y a su compadre, José Antonio Leal del Rosario.
Destacó la intervención del doctor Ramiro del Valle, reconocido neurocirujano mexicano, quien llegó en un avión del Estado Mayor Presidencial para atenderlo gracias a la rápida gestión del secretario general de Gobierno, Víctor Anchondo.
“Hay un avance en el pensamiento y en la gran evolución del hombre y sus conocimientos. No participo de la anticiencia de quienes pretenden negar a la ciencia, retrocediendo a rituales que pretenden sustituirla. Un sahumerio no puede curar una diabetes, un baile por muy ritual que sea, no puede curar una infección. Los milagros se daban con un formato en los tiempos bíblicos, por la gracia divina. Hoy los milagros los hace a través de sus enviados que estudiaron y alcanzaron la ciencia suficiente para curar al enfermo. Ese es mi caso: doy testimonio de fe, pero no de la fe ciega que niega la ciencia, sino de la fe que cree y afirma que la ciencia es un desarrollo de la inteligencia que Dios nos dio”, explicó Martínez.
Agregó un agradecimiento especial a Phoenix, Estados Unidos, donde continuó su recuperación: “Al maestro de la neurocirugía con Rayos Gamma, en Phoenix, al doctor Robert Spetscher. Y si los recuerdo a ellos, quiero decir que cuando me recuperé, busqué a los camilleros de la Cruz Roja que me habían llevado y que me acompañaron. No fueron nada más camilleros, fueron muy atentos y dieron palabras de tranquilidad al paciente que llevan en la ambulancia, herido con proyectil de arma de fuego atravesando la bóveda craneal”.
Recordó con detalle la enfermera de cuidados intensivos en Phoenix, “una mujer alemana, grande, robusta, madura, que me operaron un viernes y pasé la noche espantosa. Me dio una orden ejecutiva: ‘Patricio, stand up. Wake up. And no negotiation’. Y tuve que obedecer, en una condición en que la cabeza me pesaba una tonelada. Me levantó y me hizo caminar, nada de acostadito. Los médicos me dijeron que tenía que caminar ahora y toda mi vida”.
Martínez compartió que llevó un registro de su recuperación y de las personas que lo acompañaron.
“En 50 días que estuve en el anexo al hospital, caminé 200 kilómetros. Alguien llegaba a visitarme, nos sentábamos y le decía: ‘Vente, acompáñame a caminar’. Al principio mi caminata era tambaleante y difícil por la vista y el equilibrio, pero recuerdo con infinita dulzura a toda esa gente. También agradezco a la población que se preocupó, hicieron cadenas de oración… fue un apoyo enorme”, expresa.
Martínez reconoce que las secuelas físicas son muchas, pero hay otro tema que emerge con el paso del tiempo, la justicia y un proceso que no lo dejó de todo satisfecho.
“Nunca lo toqué y no lo toco. Cualquier acción de esas sería una interferencia”, afirma al referirse al seguimiento del caso.
Explica que, aunque como gobernador era el Ministerio Público, esa función estaba delegada en el procurador.
“Yo pedía que hicieran las investigaciones, pero llegaban hasta el límite del territorio del Estado; de ahí correspondía al ámbito federal”, señala.
En ese contexto, afirma que solicitó directamente al entonces presidente Vicente Fox y a su gabinete de seguridad que actuaran para evitar la impunidad conforme pasaban los días.
“No se hizo, ni hablar. No lo reclamo, sólo digo que los resultados ahí están, cómo fue creciendo la impunidad en los delitos contra ciudadanos y servidores públicos”, afirma, al señalar que ese tema lo planteó personalmente al entonces mandatario federal.
Martínez asegura no guardar rencor alguno contra quien atentó contra su vida.
“Sólo guardo agradecimientos a la misericordia divina. No hay más nada que comentar”, expresa firme, pero con voz pausada y serena.
Desde esa misma serenidad reflexiva, el exmandatario evoca los años en los que gobernó Chihuahua, un periodo que describe como “tormentoso”, marcado por la alternancia política, el avance del PAN tras el triunfo de Francisco Barrio y el inicio del declive del PRI a nivel nacional. “Fueron tiempos muy tormentosos”, afirma, al explicar que tuvo que capotear intensas presiones políticas y partidistas.
Pese a ello, asegura haber concluido su mandato constitucional con estabilidad financiera y sin recurrir a endeudamiento. “Pude llegar al final de los seis años y decirle a los chihuahuenses: sin novedad, finanzas sanas y seguridad bajo control”, señala, al añadir que pagó pasivos heredados de administraciones anteriores y mejoró los indicadores de seguridad respecto a los que recibió.
Martínez también defiende una de las decisiones más polémicas de su trayectoria como presidente municipal de Chihuahua, en 1993, cuando ordenó la apertura de la avenida de las Industrias pese a la oposición del entonces director del Tecnológico de Chihuahua. “Había que hacer la obra y la hicimos”, sostiene, al recordar que la vialidad sigue en funcionamiento hasta hoy. En ese episodio, destacó el respaldo que recibió de El Diario, al que reconoció su responsabilidad social y política.
Al abordar la situación actual de la ciudad, el exgobernador lanza una crítica severa al abandono del Centro Histórico de Chihuahua. Asegura que su rescate no puede recaer únicamente en el Gobierno municipal y que los principales responsables son los propietarios de las fincas.
“El Centro Histórico sí tiene solución, pero no esperen que papá Gobierno nos lo venga a arreglar, los chihuahuenses tenemos que hacerlo”, enfatiza.
Rechaza, además, la idea de convertir el primer cuadro de la ciudad en una zona de bares y cantinas.
“El Centro de la ciudad no es para establecer cantinas”, afirma, al considerar que esa visión pervierte el corazón urbano, histórico y social del estado. Para Martínez, preservar la identidad y la historia de Chihuahua debe estar por encima de cualquier interés económico.
Finalmente, al referirse al panorama político nacional, sostiene que los partidos “están hechos pedazos” y atribuye esa situación a la propia clase política. Reconoce su militancia en el PRI y afirma haber sido testigo de la alternancia entre PAN, PRI y ahora Morena, partido del que ha sido crítico, particularmente en temas como el manejo de las aguas nacionales.