La inseguridad no puede tratarse como un riesgo operativo ni la violencia como una variable inevitable, sentenció Margarita Alarcón, de Mujeres en Geociencias. Al emitir un pronunciamiento a nombre de los trabajadores mineros, advirtió que normalizar esta situación convierte el problema en una crisis de orden institucional, político y moral.

Al arribar la marcha que partió de la Glorieta de Francisco Villa la Plaza del Ángel, para honrar la memoria y exigir justicia por los trabajadores desaparecidos y asesinados en Concordia, Sinaloa, Margarita Alarcón sentenció que el gremio no permitirá que esta tragedia se convierta en una rutina ni una estadística.

Apuntó que el silencio en Concordia, Sinaloa, no es paz, es el vacío que dejan vidas arrebatadas. No son hechos aislados ni números en reportes. Muestran una realidad más profunda, la violencia normalizada como condición de trabajo.
La pérdida de los compañeros, dijo, no es una cifra, es una herida abierta y una fractura ética que atraviesa al gremio.
“Sus ausencias se sienten en cada proyecto, en cada mina, en cada universidad y hogar que conoce el sacrificio de salir a trabajar sin la certeza de regresar”, subrayó.

Agregó que no permitirán que estos hechos se vuelvan una rutina ni una estadística.
Por ello, a nombre del gremio exigió justicia, investigaciones claras, protección efectiva y una estrategia real, coordinada y verificable para devolver la paz a las zonas mineras.

Al finalizar el pronunciamiento, los manifestantes guardaron un minuto de silencio por los mineros asesinados y cantaron el Himno Nacional.
Hasta el momento han sido localizados los cuerpos de cinco de los 11 mineros desaparecidos, entre ellos el de Antonio de la O Valdez, originario de Chihuahua y egresado de la Facultad de Zootecnia de la Universidad Autónoma de Chihuahua (UACH), quien también contaba con estudios de música en el Conservatorio.

Asimismo, permanece desaparecido otro chihuahuense, Saúl Alberto Ochoa Pérez.