Muchos de estos comerciantes son adultos mayores que no cuentan con un empleo formal, pensión o jubilación; otros viven con alguna discapacidad que les impide acceder a trabajos estables. El tianguis es su única alternativa de subsistencia.
Rigoberto Rodríguez y su esposa tienen alrededor de 20 años dedicados a esta actividad. Desde muy temprano, él acomoda la mercancía, pese a estar incapacitado por enfermedad. Su esposa, además, trabaja de lunes a viernes en labores de limpieza en un banco para completar el gasto familiar.
“Hay días buenos y días malos, pero ya no es lo mismo que antes, las ventas han bajado mucho porque ahora hay mucha gente vendiendo lo mismo”, señalan.
Raúl Borruel lleva 12 años trabajando en los tianguis y asegura que las condiciones son cada vez más adversas. “Aquí pasamos fríos, asoleadas, calor y lluvia, y aun así la venta es muy mala. Antes no había tanta competencia, ahora están el Facebook, Shein, Amazon, y eso nos ha afectado mucho”, comenta. Añade que en cualquier colonia hay personas vendiendo, lo que reduce aún más las posibilidades de venta.
En la calle Ramiro Chávez, Pedro Salvatierra y Juan de Añate tienen seis años como tianguistas, combinando esta actividad con trabajos eventuales de albañilería y soldadura. “A veces la venta está bien y a veces está muy mal, pero de esto depende nuestra familia”, explican.
Pese a las dificultades, los tianguistas continúan levantándose de madrugada y enfrentando las inclemencias del clima y la competencia desleal, con la esperanza de que algún cliente llegue a sus puestos. Su esfuerzo diario refleja una realidad silenciosa: la de quienes, sin apoyo ni seguridad social, luchan cada semana por sobrevivir con trabajo honesto.