Chihuahua, Chih.- Hidalgo del Parral acumula 72 eventos de violencia familiar y registra una tasa de 57.86 por ciento, colocándose en el séptimo lugar nacional entre los municipios mexicanos con más de 100 mil habitantes. Le siguen Juárez, con 635 eventos y una tasa de 41.98; Delicias, con 57 y 33.31; Chihuahua, con 320 y 31.77; y Cuauhtémoc, con 54 y 27.87. Los datos, correspondientes a la información disponible de enero de 2015 a julio de 2026 y difundidos por el Observatorio Ciudadano de Ficosec, muestran que la violencia dentro de los hogares no es un problema aislado y que sus efectos pueden alcanzar incluso a quienes nunca recibieron directamente un golpe.

En los municipios con menos de 100 mil habitantes también aparecen cifras que llaman la atención. Nuevo Casas Grandes encabeza la tabla con una tasa de 5.60 y 40 eventos, seguido de Santa Bárbara, con 3.94 y cinco casos; Cusihuiriachi, con 3.63 y dos; Meoqui, con 3.32 y 17; San Francisco de Conchos, con 3.26 y un evento; Gran Morelos, con 3.21 y uno; Galeana, con 2.68 y dos; y Rosales, con 2.55 y cinco.

Para la licenciada Gabriela Lacombe, coordinadora de Salud Mental del Instituto Municipal de Prevención y Atención a la Salud (Impas), uno de los aspectos que más debe visibilizarse es que la violencia no necesita dirigirse directamente contra un menor para convertirlo en víctima.

Un niño, niña o adolescente que observa cómo su padre agrede a su madre, cómo un hermano es violentado o cómo desarrollan constantemente episodios de agresión dentro de su hogar también está viviendo una situación de violencia. Aunque nunca haya recibido físicamente una agresión, explicó Lacombe, también debe ser considerado víctima y puede requerir atención psicológica.

El impacto tampoco necesariamente termina cuando la violencia deja de ocurrir. Crecer en un ambiente donde los gritos, amenazas, humillaciones o agresiones forman parte de la vida cotidiana puede influir posteriormente en la manera en que una persona entiende el afecto, resuelve conflictos o establece relaciones de pareja.

Sin embargo, la especialista advierte que no existe un destino inevitable para quienes crecieron en un hogar violento. La posibilidad de repetir esos patrones depende de diversos factores, entre ellos las herramientas que la persona haya recibido para enfrentar lo ocurrido.

Una intervención oportuna puede cambiar el panorama. El acompañamiento psicológico, el respaldo de familiares, el apoyo de instituciones educativas y la posibilidad de hablar sobre lo sucedido pueden ayudar a que una víctima comprenda que la violencia no es una forma normal de relacionarse, dijo.

“Puede completamente no repetir ese patrón”, explicó Lacombe al señalar que una persona que recibe herramientas desde una etapa temprana también puede aprender a reconocer situaciones de violencia en el futuro y poner límites antes de conviertirse en una dinámica permanente.

El problema, agregó, es que no todas las víctimas cuentan con ese respaldo. Mientras algunas personas tienen acceso a atención psicológica y redes de apoyo, otras permanecen solas frente a lo que ocurre en casa, lo que puede aumentar las consecuencias emocionales de la violencia.

En Chihuahua, el Impas ha detectado que muchas situaciones relacionadas con la salud mental tienen algún trasfondo de violencia. La especialista señaló que esto puede aparecer en casos de depresión, ansiedad, pensamientos suicidas, riesgo de suicidio y adicciones, entre otros problemas.

Por eso agregó, hablar de violencia familiar no solamente significa hablar de golpes. Una de las dificultades para detectar estos casos es precisamente que todavía existen personas que consideran que, mientras no haya una agresión física, no existe violencia.

Lacombe insistió en que es necesario aprender a identificar los distintos tipos y modalidades de violencia para que las personas puedan reconocer cuando algo dentro de su hogar dejó de ser una discusión cotidiana y pasó a ser una situación que requiere ayuda.

La prevención, en ese sentido, puede comenzar mucho antes de que una víctima llegue a una institución. Saber identificar una conducta violenta puede ser el primer paso para pedir apoyo, denunciar y evitar que una situación continúe durante años.

Desde el Impas ofrecen servicios de atención psicológica y acciones preventivas. También cuentan con un grupo de acompañamiento para mujeres, además de actividades enfocadas en explicar a las familias cuáles son los tipos de violencia y cómo pueden buscar ayuda.

La atención puede solicitarse a través del 072, en las extensiones 2259, 2260 y 2261.