Chihuahua, Chih.- Los videojuegos de multiplataforma dejaron de ser únicamente espacios de entretenimiento para niñas, niños y adolescentes. Hoy también se han convertido en escenarios donde delincuentes y agresores digitales aprovechan la interacción constante para manipular, obtener información personal o incluso aislar emocionalmente a sus víctimas, advirtió el analista y oficial de la Policía Cibernética del municipio de Chihuahua, Enrique Quiñónez.

Más que señalar a los videojuegos como un peligro en sí mismos, el especialista explicó que el verdadero riesgo radica en las estrategias que utilizan quienes buscan ganarse la confianza de menores de edad, aprovechando que muchas plataformas permiten conversaciones por chat o micrófono entre personas que no se conocen.

Quiñónez detalló que dentro del grooming existen tres principales formas de operar. La primera es el agresor directo, quien establece contacto con un objetivo específico sin intentar construir una relación previa, ofreciendo de inmediato aquello que considera atractivo para la víctima.

El segundo perfil corresponde al oportunista, quien observa el estado emocional del menor para detectar momentos de vulnerabilidad. Un regaño, un castigo o un problema familiar pueden convertirse en la puerta de entrada para iniciar una conversación y generar confianza.

La tercera modalidad es la más elaborada: el grooming específico. En este caso, explicó el oficial, el agresor puede invertir hasta un año en desarrollar una relación con la víctima, obteniendo información personal poco a poco hasta conocer sus hábitos, entorno familiar y debilidades emocionales.

"Lo que hacen es conocer a la persona para saber cómo pueden atacar o por dónde pueden hacerlo", explicó.

El oficial señaló además que una modalidad conocida como 'Conejo Verde' representa una evolución de estas prácticas. Mediante engaños, el agresor logra aislar al menor y convencerlo de esconderse en algún lugar, mientras exige dinero a los padres bajo la falsa creencia de que se trata de un secuestro.

Explicó que las víctimas suelen recibir instrucciones para permanecer ocultas en plazas comerciales, terrenos baldíos u otros sitios hasta recibir una supuesta autorización para salir, lo que convierte el caso en una modalidad de secuestro virtual.

Aunque la Policía Cibernética del Municipio recibe relativamente pocos reportes de grooming —entre seis y siete al año—, Quiñónez aclaró que ello no significa que el problema sea menor, sino que muchos casos nunca llegan a denunciarse.

Sin embargo, advirtió que una conducta con crecimiento mucho más evidente es el ciberacoso entre menores de edad.

El especialista explicó que el bullying tradicional ha evolucionado hacia el ciberbullying, donde la agresión ya no termina al salir de la escuela, sino que continúa en internet mediante perfiles falsos y páginas creadas exclusivamente para exhibir, ridiculizar y humillar a estudiantes.

"Desafortunadamente, la mayoría de las escuelas ya cuentan con páginas de quemados o fan pages de quemados; ahora se les conoce como funas", comentó.

En estos espacios, explicó, se difunden fotografías, rumores, burlas y publicaciones ofensivas dirigidas contra alumnos, lo que multiplica el alcance del acoso y dificulta que las víctimas puedan escapar de él.

Quiñónez consideró especialmente preocupante que, en muchos casos, los propios padres desconocen que sus hijos participan en este tipo de páginas, ya sea como víctimas o incluso como quienes generan el contenido ofensivo.

Por ello, insistió en que la supervisión debe ir más allá de instalar aplicaciones de control parental.

Si bien herramientas como Google Family Link permiten conocer qué aplicaciones descargan los menores o establecer restricciones, el oficial explicó que ninguna de ellas puede determinar si esas plataformas están siendo utilizadas para acosar a otras personas o para mantener conversaciones riesgosas con desconocidos.

En ese sentido, hizo un llamado a madres y padres de familia para revisar periódicamente los teléfonos celulares de sus hijos, especialmente durante el periodo vacacional, cuando el tiempo de uso de videojuegos y redes sociales suele incrementarse.

También recomendó activar las funciones de seguridad que ya incorporan diversas plataformas de videojuegos, como el bloqueo del chat, el micrófono o el teclado mediante controles parentales, herramientas que reducen considerablemente el contacto con personas desconocidas.

Para Quiñónez, el reto ya no consiste únicamente en proteger a los menores del contacto con extraños, sino también en identificar las nuevas formas de manipulación digital y prevenir que los espacios creados para convivir y jugar terminen convirtiéndose en escenarios de violencia, extorsión o humillación pública entre los propios adolescentes.