Una propuesta impulsada por el Presidente Donald Trump para prohibir las exportaciones de diésel de Estados Unidos obligaría a países como Brasil y Reino Unido a buscar rápidamente suministros alternativos, lo que podría elevar aún más unos precios que ya rondan máximos históricos.

La posible medida llega en momentos en que la guerra con Irán restringe el suministro mundial de combustible.

Si la medida entra en vigor, Latinoamérica sentiría con mayor fuerza el impacto inicial. En lo que va de septiembre, Brasil, una potencia agrícola, es el principal comprador de diésel y combustibles similares producidos en Estados Unidos, según datos de las firmas de análisis energético Kpler y Vortexa Ltd. El seguimiento coincide con el inicio de la temporada de siembra y otras labores de cosecha en Brasil, que elevan la demanda de diésel para tractores y camiones.

Chile -donde el diésel se utiliza ampliamente en equipos de minería-, México, Reino Unido y Países Bajos también figuran entre los cinco principales destinos del combustible este mes. Al mismo tiempo, Estados Unidos se ha convertido en un proveedor crucial: sus exportaciones se dispararon a un máximo histórico cercano a 2 millones de barriles diarios este verano.

El precio minorista del diésel en Estados Unidos se ha disparado a un récord de más de 6.50 dólares por galón, avivando los temores de inflación y los llamados a limitar los envíos al extranjero. Trump dijo que ha alentado a sus asesores a apoyar una prohibición de las exportaciones, mientras Politico informó el miércoles que su administración trabaja en planes para suspenderlas durante 90 días.

Sin embargo, Estados Unidos no ha anunciado ninguna restricción. El secretario de Energía, Chris Wright, dijo que la administración está trabajando con las refinerías para que reduzcan voluntariamente sus exportaciones como alternativa a una moratoria total.

Una suspensión de las exportaciones de diésel por parte de la administración Trump supondría un duro golpe para aliados clave de Estados Unidos que ya enfrentan altos costos de combustible, alimentos y bienes de consumo debido a las disrupciones provocadas por la guerra con Irán en las cadenas mundiales de suministro.

El diésel es esencial para la agricultura, la calefacción, el transporte de mercancías y la industria manufacturera, por lo que un aumento de sus precios puede repercutir en toda la economía global. Incluso la posibilidad de una prohibición está impulsando los futuros del gasóleo bajo en azufre, la referencia europea para el diésel, mientras que los futuros del combustible en Estados Unidos han retrocedido desde su máximo de cuatro años.

Un portavoz de la Casa Blanca no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios.

El papel de Estados Unidos en el mercado mundial del diésel creció después de que el tráfico de buques cisterna por el estrecho de Ormuz prácticamente se paralizara en primavera. Meses después, los envíos de combustible desde la región siguen restringidos y no se vislumbra una solución a la guerra. El suministro estadounidense cobró aún más importancia después de que Rusia prohibiera las exportaciones de combustible en julio en respuesta a los ataques ucranianos con drones contra sus refinerías.

La medida rusa eliminó una importante fuente de diésel para países como Brasil, donde los precios minoristas del combustible están cerca de alcanzar sus máximos estacionales. Una prohibición estadounidense alteraría aún más los mercados mundiales de combustibles, según escribieron en una nota William O'Neil, Brian Stetter y Debnil Chowdhury, analistas de S&P Global Energy.

"Dada la falta de capacidad de refinación disponible en América Latina y la escasez de alternativas claras para sustituir esos barriles importados, la pérdida repentina y total del diésel estadounidense probablemente provocaría fuertes aumentos de precios y mayores costos para los consumidores y las empresas de la región", escribieron los analistas.

El panorama tampoco es mucho más alentador en Europa, que depende cada vez más del suministro estadounidense para compensar la pérdida de cargamentos procedentes de Medio Oriente, así como la reducción de los flujos rusos hacia Turquía.

"Aunque proporcionalmente está menos expuesta que América Latina, una interrupción de las exportaciones estadounidenses a Europa probablemente tendría efectos económicos negativos similares, además de consecuencias indirectas para otros productos refinados, ya que las refinerías europeas intentarían maximizar la producción de diésel para compensar la pérdida", escribieron los analistas.

Los patrones de exportación varían de un mes a otro, por lo que países que dependieron del diésel estadounidense en octubre pasado, como Francia y Alemania, también podrían verse afectados por la escasez este año. En términos generales, una prohibición de las exportaciones elevaría los precios en todo el mundo, incluso en países que no compran combustible a Estados Unidos.

La consideración de Trump de una prohibición de exportaciones tiene un precedente reciente. Cuando los precios del combustible se dispararon bajo el mandato del ex presidente Joe Biden, su administración también evaluó la posibilidad de imponer restricciones a los envíos al extranjero, antes de finalmente dar marcha atrás por advertencias de la industria de que tales medidas elevarían los costos internos y perjudicarían a los aliados de Estados Unidos en Europa y América Latina. Es posible que Trump no tenga reparos similares, dijo Kevin Book, director general de ClearView Energy Partners.

"La realidad es que el presidente Trump no comparte esa visión de esas alianzas, y tiene margen para tomar una decisión que priorice a Estados Unidos", dijo Book.

Sigue sin estar claro cómo sería una prohibición, incluyendo si detendría por completo los envíos o si incluiría un período de transición para permitir que las cargas que ya están en tránsito lleguen a sus destinos.



Tampoco está claro si la prohibición tendría una base legal sólida. La Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional permite al presidente restringir las exportaciones ante una emergencia nacional que implique una "amenaza inusual y extraordinaria", pero cualquier restricción podría ser impugnada de inmediato ante los tribunales, según analistas. Aun así, la autoridad del presidente para prohibir las exportaciones es "indiscutible", según la consultora Rapidan Energy.