El yarn bombing, bombardeo de hilo o estambre, empezó con el camino que tomaba para ir a la escuela Louise Moerup por el centro de Copenhague. Mientras pasaban por el parque cada mañana, ella y su hijo de 10 años solían hablar de una estatua desnuda de la diosa Venus que había allí y se preguntaban por qué no había más estatuas de mujeres reales en su lugar.

Durante las vacaciones de Navidad, Moerup decidió organizar una provocación amable que hiciera pública esa pregunta. Ávida tejedora, confeccionó un vestido de tirantes a rayas y se lo puso a la estatua deslizándolo por la cabeza.

“No fue realmente la desnudez lo que me hizo querer tejer su vestido”, dijo Moerup, “sino la ausencia de mujeres a quienes se recuerda por sus logros. Tejer el vestido fue mi forma humorística de hacer que la gente se detuviera a mirar y se fijara en lo que faltaba”.

Desde entonces, sus acciones han inspirado un movimiento más amplio de tejedoras que protestan por el desequilibrio de género en los monumentos públicos de Dinamarca, que en su mayoría representan a hombres. Y a finales del mes pasado, el gobierno danés anunció que destinaría 1,5 millones de dólares a financiar obras de arte públicas que conmemorarán a mujeres históricamente significativas.

El ministro de Cultura, Jakob Engel-Schmidt, dijo que era una coincidencia, y señaló que ya había encargado a un comité que elaborara una lista de mujeres cuyos logros merecieran una conmemoración pública. Pero las tejedoras están convencidas de que han tenido un impacto.

“Es muy gratificante”, dijo Matilde Dueholm, miembro del Consejo Municipal de la ciudad de Aarhus, quien forma parte de quienes tejen. “Da la sensación de que nos han escuchado”.

El pequeño acto de resistencia de Moerup cobró mayor fuerza a principios de febrero, cuando un informe del Museo de Arte en Espacios Públicos demostró que 484 monumentos de Dinamarca representan a hombres históricamente significativos, mientras que solo 43 son de mujeres. Más allá de las estatuas de personas reales, más de 120 esculturas públicas son desnudos femeninos, que a veces representan figuras mitológicas, literarias o alegóricas.

La autora Maren Uthaug publicó estos hallazgos en Instagram, e hizo referencia a su novela Eleven Percent, que imagina un futuro en el que los hombres solo representan esa parte de la población. En el libro, las estatuas de hombres que antes dominaban las plazas públicas han sido reunidas en terroríficos parques temáticos donde las mujeres pueden asustarse con una visión de la vida bajo el patriarcado.

“Veo que habrá mucha gente en el parque de terror”, escribió Uthaug.

Ese comentario inspiró a Moerup a enviar a Uthaug una foto de la estatua que había vestido en el parque, y la autora publicó la imagen junto con un llamado a otras personas a participar en “un poco de artesanía activista-feminista”.

Tejedoras de todo el país tomaron las agujas, y empezaron a llover fotos de estatuas vestidas con jerseys, por no hablar de chales, faldas y bikinis.

“Es increíble”, dijo Uthaug en una entrevista. “Cada día hay más y más mujeres que me envían fotos”.

Entre las tejedoras estaban Dueholm y una compañera del consejo de Aarhus, Anna Thusgaard. “Decidimos hacer las cosas nosotras mismas y vestir las estatuas del parque del Ayuntamiento”, dijo Dueholm. “De hecho, tenemos tres mujeres allí, y ninguna lleva ropa”.

“Es importante que cuando las jóvenes y las mujeres pasemos por Aarhus, nos sintamos también representadas en el entorno público”, dijo Dueholm sobre la motivación que hay detrás de un minivestido rosa y una falda con volantes. “No solo como bellos cuerpos sin ropa, sino como individuos con agencia y poder”.

No todo el mundo lo ha aprobado, y Uthaug calculó que había recibido miles de comentarios que criticaban lo que algunos perciben como puritanismo. (Un hombre escribió: “Qué vergüenza, por tapar los hermosos cuerpos de las mujeres”).

“Eso no es lo que queremos”, dijo Uthaug. “No queremos que se retiren las estatuas, y en realidad no queremos taparlas. Pero no podemos demostrar nuestro argumento con estatuas históricas, porque no están ahí”.

La iniciativa también ha suscitado un debate político. La diputada Katrine Daugaard denunció los tejidos como “vandalismo” y preguntó a Engel-Schmidt, ministro de Cultura, en el pleno de la legislatura nacional si se oponía a la campaña de tejido.

“Respondí, con toda franqueza, que no lo veo como un problema”, dijo Engel-Schmidt en una entrevista. “Lo veo como un tipo muy singular de protesta contra el presente para tener un futuro más igualitario”.

Los tejidos no han disminuido desde el anuncio de la financiación, y Uthaug sigue recibiendo fotos de estatuas recién vestidas, incluso de fuera de Dinamarca.

Pero la estatua que inició la campaña vuelve a estar desnuda. Los curadores del Museo de Copenhague invitaron recientemente a Moerup a donar el vestido a su colección.

Su motivación era en parte la conservación: como la nieve del invierno se convertía en lluvia, al museo le preocupaba que los tintes del hilo pudieran dañar el bronce. Pero uno de los curadores, Jakob Ingemann Parby, dijo que también era una cuestión de archivo. “Nuestro objetivo como museo es documentar los debates en torno a los monumentos públicos y cómo interactúa la gente con ellos”, dijo.

Moerup dijo que no podía creer que “algo que hice con restos de estambre vaya a estar en la colección de un museo”. Añadió que le complacía haber contribuido a un debate mucho más amplio.

“Si mi pequeña intervención tejida ayudó a impulsar la conversación”, dijo, “me alegro de ello”.