Cuando el presidente Donald Trump dijo en enero que una “armada” estadounidense se dirigía a Irán, la comparó con el tipo de fuerza utilizada en la reciente operación relámpago de su ejército en Venezuela, diciendo que era “capaz de cumplir rápidamente su misión, con rapidez y violencia”.

Ahora, mientras Trump analiza diversas opciones contra el gobierno iraní, incluidos ataques limitados, los expertos advierten que un ataque contra Irán sería significativamente más complejo que una operación en Venezuela, y podría arrastrar a Estados Unidos a un conflicto prolongado.

Los dirigentes iraníes disponen de amplias capacidades militares y de una red de fuerzas regionales indirectas que podrían ayudar a conformar una resistencia.

Y, a diferencia de la rápida operación en Caracas, Trump contempla la posibilidad de implementar una acción militar más amplia sin decir públicamente lo que quiere conseguir. Pero ha dicho que quiere impedir que Irán construya un arma nuclear y que un cambio de régimen sería “lo mejor” que podría ocurrir.

“En el caso de Irán no existe una opción militar de bajo costo, fácil y limpia”, dijo Ali Vaez, del International Crisis Group, organización centrada en la resolución de conflictos. “Existe un riesgo real de que se pierdan vidas estadounidenses”, dijo Vaez, y añadió que esto tendrá una gran importancia en el cálculo de Trump, “especialmente en un año electoral”.

Mientras que los cielos de Venezuela estaban relativamente desprotegidos antes del ataque estadounidense de enero, Irán posee uno de los mayores y más variados arsenales de misiles de Medio Oriente, según los expertos regionales. Su arsenal incluye desde aviones no tripulados hasta armamento antibuque, aunque el volumen actual del arsenal de misiles de Irán sigue sin estar claro tras su guerra de 12 días con Israel en junio.

Los misiles balísticos de alcance medio de Irán son capaces de viajar más de 1930 kilómetros, lo que incluye bases estadounidenses en regiones tan lejanas como el oeste de Turquía y en todo Medio Oriente, incluidos Israel y los Estados del Golfo.

El sábado, los medios de comunicación estatales iraníes informaron que Irán había probado por primera vez un misil de defensa antiaérea con base en el mar con un alcance de 150 kilómetros, durante unas maniobras militares realizadas la semana pasada en el estrecho de Ormuz.

La estrategia de Teherán “consiste en escalar rápidamente y exportar inestabilidad en múltiples escenarios, de modo que el costo se reparta, que el dolor se extienda”, dijo Sanam Vakil, directora del programa de Medio Oriente y el Norte de África de Chatham House, un instituto político.

Los Estados del Golfo, que albergan varias bases estadounidenses, temen que cualquier ataque militar estadounidense pueda tener como consecuencia un contragolpe contra ellos.

En enero, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, ambos estrechos aliados de Estados Unidos, dijeron que no permitirían que Estados Unidos utilizara su espacio aéreo para realizar ataques. Según los expertos, es posible que esta postura no les proteja en última instancia de las represalias iraníes.

Un contrataque iraní podría afectar ciudades importantes de Israel. El ejército israelí utilizó interceptores para derribar la mayoría de los misiles iraníes durante la guerra de junio. Sin embargo, su suministro de interceptores se está agotando tras más de dos años de rechazar los ataques de Hamás en Gaza y de Hizbulá en Líbano.

Vakil dijo que lo más probable es que los funcionarios iraníes crean que el “factor miedo” a una guerra regional de mayor envergadura ayudará a disuadir a Trump de atacar.

Los aliados de Irán podrían amenazar a las fuerzas estadounidenses y a sus colaboradores

Irán opera un “eje de resistencia” que utiliza fuerzas aliadas en todo Medio Oriente, incluidos los hutíes en Yemen y Hizbulá en Líbano. Ha creado y armado a estos grupos para ampliar su influencia y desafiar a sus adversarios en la región.

Aunque muchas de esas organizaciones se han visto gravemente debilitadas, podrían tomar represalias contra las fuerzas estadounidenses y sus aliados, creando múltiples frentes y amplificando el conflicto más allá de las fronteras de Irán.

Al menos un grupo alineado con Irán en Irak ha prometido su apoyo a Teherán si Estados Unidos ataca, y sus líderes han advertido que podrían ordenar “operaciones de martirio” como parte de un conflicto más amplio. Los expertos afirman también que los hutíes podrían volver a atacar el tráfico marítimo comercial en el mar Rojo, como hicieron a finales de 2023 en apoyo de Hamás durante su guerra contra Israel.

Los grupos respaldados por Irán “saben que sería mejor estar juntos que andar por separado”, dijo Vaez del International Crisis Group. “Si el barco nodriza se hunde, se quedarán solos”.

El liderazgo de Irán está profundamente arraigado

El gobierno iraní es una teocracia en la que el líder supremo es la principal autoridad. Lo impone el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, una temida y poderosa rama de las fuerzas armadas que se calcula que cuenta con cerca de 1,2 millones de milicianos uniformados y vestidos de civil.

En Venezuela, Estados Unidos capturó al presidente Nicolás Maduro y a su esposa en una redada coordinada que duró poco más de dos horas. Pero en Irán, destituir al gobierno no es tan sencillo como derrocar al líder supremo. El poder real en Irán está impulsado por la ideología, apoyado por la línea dura política y reforzado por una compleja estructura de poder cimentada a lo largo de casi medio siglo.

Vakil dijo que “una operación similar a la de Venezuela podría ser más difícil de lograr si el objetivo es la decapitación”.

Tampoco estaba claro si habría una figura equivalente como Delcy Rodríguez —vicepresidenta de Maduro y actual presidenta interina— con la que los funcionarios estadounidenses pudieran trabajar si el líder supremo fuera apartado del poder.

Además, Teherán se encuentra a unos 640 kilómetros tierra adentro del golfo Pérsico. Eso dificultaría a las fuerzas estadounidenses llegar directamente a los dirigentes iraníes y apresarlos, en comparación con la operación de Caracas, que está a unos 16 kilómetros del mar Caribe, según los expertos.

Las consecuencias económicas serían globales

Irán ha amenazado con cerrar el Estrecho de Ormuz, ahogando una de las rutas de transporte de energía más importantes del mundo.

Alrededor de una quinta parte del petróleo y el gas natural licuado del mundo viaja por ese canal. Y más del 80 por ciento se dirige a Asia, según la Administración de Información Energética de Estados Unidos.

Cualquier interrupción en el estrecho dispararía los precios de la energía, dijo Claire Jungman, directora de riesgo e inteligencia marítima de Vortexa, empresa que rastrea el comercio de petróleo y energía.

En los últimos días, las fuerzas iraníes han realizado simulacros en vivo en el estrecho, lo que, según algunos expertos, es una señal de que podría cerrar la vía navegable de 144 kilómetros de longitud si estallara la guerra. El cierre del canal también perjudicaría a Irán, al restringir su capacidad de exportar petróleo a clientes importantes como China.

“Sería como derribar el tejado sobre sus cabezas”, dijo Vaez.