Ucrania.- Cuando Polonia pretendió establecer una base militar estadounidense en 2018, presentó la idea como Fuerte Trump.
Cuando Armenia y Azerbaiyán firmaron un compromiso de paz en la Casa Blanca el año pasado, llamaron al enlace de transporte que creaba la Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacionales.
Pero quizá el caso más inverosímil en que el nombre del presidente Donald Trump se ha asociado a un foco de conflicto geopolítico sea uno que ha permanecido oculto al público hasta ahora. En las conversaciones de paz sobre Ucrania en los últimos meses, funcionarios ucranianos han sugerido que la parte de la región del Donbás por la que Rusia sigue luchando podría llamarse “Donnyland”.
El nombre, una referencia a “Donbás” y “Donald”, fue descrito por cuatro personas familiarizadas con las negociaciones, quienes hablaron de ello bajo condición de anonimato debido al secreto que las rodea.
Cuando un negociador ucraniano mencionó por primera vez el término, en parte en broma, lo hizo como parte de un intento de convencer al gobierno de Trump de que se opusiera más a las exigencias territoriales de Rusia, según tres de las personas familiarizadas con las conversaciones. El presidente Vladimir Putin ha prometido seguir luchando hasta que las fuerzas rusas alcancen una frontera administrativa clave en el límite del Donbás, la región industrial del este de Ucrania donde el Kremlin empezó a librar la guerra en 2014.
Que un nombre que evoca a Disneyland se haya aplicado a una zona despoblada y devastada de la región ucraniana del carbón y el acero podría parecer chocante mientras continúan los combates más mortíferos que ha vivido Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Pero también refleja una realidad global en la que los gobiernos apelan a la vanidad de Trump para poner el poderío estadounidense de su parte.
Para Ucrania, el esfuerzo aún no ha dado sus frutos. El término ha seguido utilizándose en las conversaciones, aunque no consta que esté escrito en ningún documento oficial. Los negociadores también han planteado la posibilidad de que la Junta de Paz de Trump desempeñe un papel en la administración de la zona, aunque ni Rusia ni Ucrania se han unido a ella hasta ahora, según cuatro personas familiarizadas con las conversaciones.
Pero Rusia no ha aceptado un acuerdo que sea viable para Ucrania. Eso ha dejado el destino de la zona que los ucranianos propusieron llamar Donnyland —de unos 80 kilómetros de largo y 60 de ancho— como uno de los principales puntos de fricción en las negociaciones.
Las conversaciones sobre Ucrania han avanzado entre bastidores en las últimas semanas, incluso cuando los principales negociadores estadounidenses —Steve Witkoff, amigo íntimo y enviado especial de Trump, y Jared Kushner, yerno del presidente— han estado enfocados en la guerra con Irán. El presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, dijo este mes que esperaba que Witkoff y Kushner visitaran Ucrania pronto. Pero una persona familiarizada con las conversaciones dijo que los estadounidenses seguían esperando que se produjeran avances suficientes para justificar ese viaje y que también tenían intención de hacer otra visita a Rusia.
“Ucrania está avanzando. Ojalá pudieran llevarse bien”, dijo Trump a los periodistas la semana pasada. “Veremos qué ocurre. Están ocurriendo cosas allí”.
Trump, por supuesto, prometió en su campaña presidencial que pondría fin a la guerra en Ucrania en 24 horas. Él y sus principales negociadores llevan ya más de un año intentando alcanzar un acuerdo de paz, con largas horas de conversaciones con Putin y la frustración de los funcionarios ucranianos, a quienes les parece que actúan más como mediadores que como defensores de Ucrania.
“Donnyland” fue una de las formas en que los ucranianos intentaron que Trump se pusiera más de su parte. Desde que Trump se reunió con Putin en Alaska el pasado agosto, el gobierno de Trump ha señalado que podría apoyar un acuerdo de paz en el que Ucrania se retirara hasta la frontera administrativa de la región de Donetsk, una de las provincias del Donbás, medida que los críticos consideraron una importante concesión al Kremlin.
Las autoridades ucranianas afirman que en este territorio viven actualmente unas 190.000 personas. Otras personas cercanas a las conversaciones afirman que la cifra real podría ser aproximadamente la mitad. Está tan cerca del frente que la principal autopista de acceso a la zona está cubierta de redes para protegerla de los drones rusos que explotan.
Queda poco de la economía local, aparte de una mina de carbón en funcionamiento y negocios que sirven a los soldados apostados en la zona, incluidas tiendas que venden globos y flores para que los soldados compren a sus esposas o novias cuando van de visita.
Ucrania insiste en que puede defender esta zona y que no la cederá. Sin embargo, en diciembre, Zelenski se mostró dispuesto a aceptar un acuerdo que estableciera una zona desmilitarizada o una zona económica libre que no estuviera bajo el control total de ninguna de las partes en conflicto.
Los ucranianos consideraron, aunque no aprobaron, propuestas para un administrador neutral o un órgano de gobierno que contara con representantes rusos y ucranianos, siempre y cuando Rusia no pudiera reclamar el territorio después de la guerra.
El Kremlin dijo que Rusia podría estar abierta a la formación de una zona desmilitarizada si se permitía que la policía rusa o los soldados de la guardia nacional la patrullaran, una medida inaceptable para Kiev.
Ucrania quería que el gobierno de Trump presionara a Moscú para que suavizara aún más su postura. Los negociadores ucranianos empezaron a llamar a la zona propuesta Donnyland, un área que no estaría totalmente controlada por ninguna de las partes y que se calificaría como un logro de Trump.
Samuel Charap, politólogo del laboratorio de ideas RAND Corporation que ha seguido de cerca las negociaciones, argumentó que tanto Moscú como Kiev han mostrado cierta flexibilidad sobre el futuro de esta parte del Donbás que Ucrania aún controla.
Para Ucrania, una preocupación clave es el riesgo de que ceder ese territorio, junto con las fortificaciones que Ucrania ha construido allí, facilite a Rusia retomar su invasión en el futuro. Charap dijo que Ucrania parecía ver un beneficio para su seguridad en el hecho de que el nombre de Trump estuviera vinculado a la zona.
“Tener el aval de Trump en una zona económica libre, creo que, probablemente, lo considerarían algo así como un elemento disuasorio”, dijo Charap, en referencia a Ucrania.
Otra propuesta llamó al acuerdo de posguerra el “modelo Mónaco”, una referencia a la ciudad-Estado del Mediterráneo francés. Al igual que Donnyland, se refería a un posible Estado miniatura semiautónomo que se beneficiaría de su condición de zona económica extraterritorial. La frase modelo Mónaco aparecía en los borradores del tratado, mientras que Donnyland solo surgió en las discusiones, según una persona con conocimiento directo de las estrategias negociadoras de Ucrania.
Pero las conversaciones sobre la cuestión territorial se estancaron a finales de febrero, y la guerra de Irán absorbió la atención del equipo negociador estadounidense. El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergey Lavrov, dijo que Rusia solo aceptaría el pleno control legal del Donbás. Y Zelenski restó importancia a las perspectivas de intercambiar territorio por paz, diciendo que hacerlo sería un “gran error”.
Rusia y Ucrania no han cedido desde entonces en el control del territorio, incluso mientras continuaban las conversaciones sobre otras cuestiones, incluidos los compromisos de Estados Unidos de garantizar la seguridad de Ucrania tras la guerra, según personas familiarizadas con las conversaciones.
Un negociador ucraniano creó una bandera para Donnyland —de color verde y dorado— y un himno nacional, utilizando ChatGPT, dijo la persona con conocimiento de las estrategias negociadoras de Ucrania. No está claro que la parte estadounidense llegara a verlos.