Nueva York, Estados Unidos.- Nueva York pondrá fin a una tradición de 168 años a partir de junio de 2028. La decisión reaviva el debate sobre el bienestar animal y la seguridad, mientras unos 200 trabajadores cuestionan la falta de garantías económicas para dejar la actividad.
En la ciudad se aprobó una ley para poner fin a los tradicionales paseos en carruajes tirados por caballos en Central Park, una de las imágenes más emblemáticas.
El Concejo Municipal votó hoy 22 de octubre a favor de la medida, conocida como Romanch's Law, que establece el fin de las operaciones a partir del 1 de junio de 2028.
La iniciativa fue aprobada con 40 votos a favor y siete en contra, una mayoría suficiente para superar un eventual veto.
La medida representa un avance para los grupos defensores de los animales que, durante años han denunciado las condiciones en que trabajan los caballos y los riesgos de mantenerlos en un parque rodeado por el tráfico y la actividad de una de las ciudades más concurridas del mundo.
Sin embargo, la decisión también amenaza el sustento de los cocheros y propietarios que dependen de esta actividad.
Los trabajadores sostienen que la prohibición podría acabar con sus empleos sin ofrecerles garantías suficientes de compensación ni una alternativa económica concreta.
¿Qué se aprobó y cuándo entrará en vigor?
La ley prohíbe la emisión de nuevas licencias para operar carruajes y establece que el servicio deberá terminar el 1 de junio de 2028.
Hasta entonces, la industria podrá continuar bajo las regulaciones vigentes.
La legislación también ordena a la Administración municipal preparar un plan de transición laboral que incluya orientación profesional, referencias a ofertas de empleo, actividades de contratación y acceso a oportunidades educativas.
Además, contempla apoyo para encontrar destinos adecuados para los caballos y prohíbe que sean enviados a mataderos o transferidos para trabajar en otra empresa de carruajes.
El calendario da a la ciudad alrededor de 20 meses para organizar la salida de la actividad y definir cómo atender las necesidades de los trabajadores y los animales.
No obstante, los representantes del sector consideran que las medidas todavía no garantizan una compensación adecuada por la pérdida de sus negocios y licencias.
Una disputa que comenzó hace casi dos décadas
Aunque la votación se produjo en octubre de 2026, la discusión legislativa para eliminar los carruajes lleva cerca de 20 años.
En 2007, el entonces concejal Tony Avella presentó una de las primeras iniciativas para prohibir la actividad.
Desde entonces, organizaciones defensoras de los animales y algunos representantes políticos han intentado acabar con el negocio.
Sus propuestas han chocado con la oposición de los cocheros, propietarios y sindicatos, que defienden la continuidad de una actividad histórica y sus fuentes de empleo.
El debate cobró nuevo impulso en junio de 2026, cuando Romanch Mahajan, un turista indio de 18 años, murió después de caer de un carruaje que se desbocó en Central Park.
Tras el accidente, la presidenta del Concejo Municipal, Julie Menin, anunció que impulsaría una revisión legislativa y posteriormente respaldó la iniciativa que lleva el nombre del joven.
El Alcalde Zohran Mamdani también apoyó el fin de la actividad. La alianza entre el Gobierno municipal y la dirigencia del Concejo permitió que la propuesta avanzara hasta conseguir los votos necesarios para su aprobación.
¿Por qué se decidió prohibirlos?
Los partidarios de la ley argumentan que el funcionamiento de los carruajes es cada vez menos compatible con las condiciones actuales de Central Park.
Seguridad pública: Los caballos comparten el entorno del parque con peatones, ciclistas y otros usuarios. Los defensores de la prohibición advierten que un animal asustado puede desbocarse y poner en peligro a pasajeros, conductores y transeúntes.
Bienestar animal: Organizaciones defensoras de los animales denuncian que los caballos están expuestos al ruido, el tráfico, las altas temperaturas y el pavimento duro. También han señalado episodios en los que animales se desplomaron, escaparon o murieron mientras trabajaban en las calles de la ciudad.
Un parque más concurrido: Central Park recibe decenas de millones de visitantes al año. La administración municipal considera que el aumento de peatones y ciclistas hace más difícil mantener esta actividad de forma segura.
Quienes respaldan la ley sostienen que Nueva York puede conservar su atractivo turístico sin depender de los carruajes.
Una tradición que forma parte de la imagen de Nueva York
Los paseos en carruaje forman parte de la historia turística de la ciudad desde el siglo XIX. La actividad, que se remonta a 1858, sobrevivió a la transformación de Nueva York de una ciudad en expansión a una metrópoli dominada por automóviles, transporte público y millones de peatones.
Durante generaciones, los carruajes se convirtieron en una atracción para visitantes que buscaban recorrer Central Park a un ritmo distinto del de las calles de Manhattan.
Su presencia también quedó asociada a postales, películas y representaciones populares de la ciudad.
Los cocheros temen perder su sustento
Para los trabajadores del sector, la prohibición supone mucho más que el final de una atracción turística.
Cerca de 200 personas dependen de la industria, entre conductores y otros trabajadores, mientras que los propietarios también afrontan la posible pérdida de sus negocios.
Uno de los puntos más sensibles es el valor de las licencias para operar. Los permisos son limitados y algunos propietarios han invertido grandes sumas para adquirirlos, conservarlos o transmitirlos dentro de sus familias.
El Sindicato Internacional de Trabajadores del Transporte, que representa a los cocheros, ha rechazado la legislación y ha advertido que podría impugnarla judicialmente.
La preocupación es especialmente importante para quienes han dedicado años a una actividad especializada y no saben si podrán encontrar un empleo equivalente en turismo, transporte u otros sectores.
La ley contempla programas para orientar a los trabajadores hacia nuevas oportunidades, pero la existencia de un plan de transición no equivale a una indemnización garantizada ni resuelve por sí sola el futuro económico de cada familia.