La salida de Kimberly Guilfoyle como embajadora de Estados Unidos en Grecia se sumó a una serie de renuncias y destituciones de mujeres que ocuparon cargos de alto nivel durante el segundo mandato del Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, una tendencia que ha generado cuestionamientos sobre los criterios con los que el Presidente mantiene o aparta a sus colaboradores.

En apenas tres meses de la primavera, cuatro de las ocho mujeres que integraban el gabinete abandonaron sus puestos: la fiscal general Pam Bondi, la Secretaria de Trabajo Lori Chavez-DeRemer, la titular de Seguridad Nacional Kristi Noem y la Directora de Inteligencia Nacional Tulsi Gabbard.

Guilfoyle se convirtió en la más reciente figura femenina en salir de la Administración. El patrón ha llamado la atención de especialistas en nombramientos presidenciales.

Kathryn Dunn Tenpas, investigadora de la Brookings Institution que ha estudiado la diversidad en los Gobiernos estadounidenses desde la era Reagan, afirmó que nunca había observado una sucesión inicial de salidas del gabinete concentrada exclusivamente en mujeres.

Aunque funcionarios varones también han enfrentado controversias, legisladoras demócratas sostienen que Trump ha actuado con mayor rapidez contra las mujeres de su equipo, mientras algunos hombres señalados por conductas cuestionables han conservado sus cargos o recibido nuevas oportunidades dentro de la Administración.

Kimberly Guilfoyle: una salida tras cuestionamientos financieros

La salida de Guilfoyle, quien fue pareja de Donald Trump Jr., hijo mayor del Presidente, estuvo acompañada de una escena inusual: su destitución se anunció públicamente durante la primera conferencia de prensa de Katie Zacharia como Secretaria de prensa de la Casa Blanca.

De acuerdo con The Wall Street Journal, se le pidió renunciar después de que el diario informara que había solicitado a un donante que cubriera una factura de American Express de 100 mil dólares antes de su votación de confirmación en el Senado.

Guilfoyle negó la acusación.

Trump declaró que, aunque consideraba que estaba haciendo un buen trabajo, no le agradó lo que leyó sobre el caso. También minimizó su cercanía con ella al señalar que no formaba parte de su familia y que había salido con su hijo tiempo atrás.

Pam Bondi: críticas por los archivos de Epstein

La salida de Bondi estuvo precedida por cuestionamientos a su manejo de la publicación de documentos relacionados con Jeffrey Epstein, el financiero y delincuente sexual, así como por no satisfacer las exigencias de Trump para actuar contra sus adversarios políticos.

Su desempeño en comparecencias ante el Congreso y entrevistas televisivas también habría generado descontento en el Presidente.

El caso abrió un debate sobre la rendición de cuentas dentro del Gobierno, particularmente porque otros funcionarios vinculados a controversias relacionadas con Epstein no enfrentaron consecuencias equivalentes.

Kristi Noem: polémica por la publicidad gubernamental

Noem dejó la Secretaría de Seguridad Nacional en medio de cuestionamientos sobre su gestión y el uso de recursos públicos.

Uno de los episodios que habría pesado en su salida fue su testimonio ante el Congreso, en el que afirmó que Trump había autorizado decenas de millones de dólares para anuncios gubernamentales en los que ella aparecía de manera destacada.

El Presidente negó esa versión.

Su salida fue interpretada por legisladoras demócratas como otro ejemplo de la rapidez con la que Trump aparta a mujeres de su gabinete.

Tulsi Gabbard: tensiones por la guerra contra Irán

Gabbard, quien dirigía la Oficina del Director de Inteligencia Nacional, anunció su renuncia para atender a su esposo enfermo.

Sin embargo, su salida se produjo en un contexto de tensiones con la Casa Blanca por las evaluaciones de inteligencia sobre Irán.

La funcionaria se había negado a testificar ante el Congreso sobre la supuesta amenaza inminente que representaba Teherán, argumento utilizado por Trump para justificar la guerra contra ese país.

El Presidente había manifestado que Gabbard mantenía una postura más moderada que la suya.

Lori Chavez-DeRemer: acusaciones de abuso de poder

La secretaria de Trabajo renunció tras verse involucrada en una controversia sobre el funcionamiento de su dependencia y presuntas conductas indebidas.

Entre los señalamientos figuraban acusaciones de disfunción dentro de la agencia, una supuesta relación inapropiada con un integrante del personal y el presunto uso de fondos públicos para fines privados.

Su caso amplió la lista de mujeres de alto rango que dejaron sus puestos en medio de cuestionamientos sobre su gestión y conducta.

Karoline Leavitt y Elise Stefanik: salidas por otros motivos

La rotación de mujeres en puestos destacados también incluyó salidas que no estuvieron necesariamente relacionadas con escándalos.

Leavitt dejó la Secretaría de Prensa de la Casa Blanca en agosto para dedicarse a sus dos hijos pequeños. Fue sustituida por Zacharia, quien se convirtió en la nueva portavoz presidencial.

Por su parte, Stefanik, aliada de Trump y autodenominada defensora del movimiento MAGA, perdió la oportunidad de asumir la embajada de Estados Unidos ante la ONU, puesto que terminó en manos de Mike Waltz, ex asesor de Seguridad Nacional.

Stefanik acabó por abandonar el Congreso.

Waltz había sido sancionado políticamente tras incorporar por error al periodista Jeffrey Goldberg a una conversación privada en la que se compartían planes militares.

Sin embargo, posteriormente recibió el nombramiento diplomático.

La Casa Blanca rechaza los cuestionamientos

La Administración Trump ha rechazado que el género determine sus decisiones. Taylor Rogers, portavoz de la Casa Blanca, sostuvo que el Presidente selecciona a los integrantes de su equipo por su capacidad para cumplir con los estadounidenses y no por características personales.

La defensa también ha sido respaldada por May Mailman, ex funcionaria de la Casa Blanca y Directora del Centro Independiente de Derecho de las Mujeres, quien destacó la presencia de mujeres conservadoras en puestos estratégicos.

Entre ellas mencionó a Susie Wiles, jefa de gabinete y primera mujer en ocupar ese cargo, así como a Erica Schwartz, confirmada para dirigir los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades, y Harmeet Dhillon, responsable de la división de derechos civiles del Departamento de Justicia.

Trump había presumido durante una celebración del Mes de la Historia de la Mujer que su gabinete contaba con más mujeres que el de cualquier otro Presidente republicano.

Tras las salidas recientes, sin embargo, quedan cuatro mujeres en puestos de nivel ministerial.

La discusión no se limita, por tanto, al número de mujeres que permanecen en el Gobierno, sino a los criterios de permanencia y a la aparente disparidad en las consecuencias que enfrentan