Ghulam Kehar se levantó antes del amanecer a principios de junio para asistir a la primera oración del día en su mezquita local en Irving, Texas, antes de partir hacia un despliegue de varios meses con la Guardia Costera de Estados Unidos.
Había sido desplegado antes, pero esta vez era diferente. Se sentía aprensivo por separarse de su esposa y sus cuatro hijos en Texas, incluso por poco tiempo.
Los ataques retóricos contra los musulmanes por parte de los principales líderes de Texas se habían vuelto más directos, y parecían estar calando poco a poco. En su mezquita, el Centro Islámico Valley Ranch, y en otras por todo el estado, los feligreses y líderes religiosos intercambiaban historias de comentarios desagradables dirigidos contra ellos mientras rezaban en público o estaban sentados en parques públicos.
En meses recientes, un hombre fue arrestado y acusado de hacer una amenaza terrorista en un nuevo e importante centro islámico en Houston. No muy lejos, en Conroe, una mujer les dijo a unos compradores musulmanes en un supermercado que “no eran bienvenidos en este estado ni en este país”; tras perder su empleo, recibió casi 250.000 dólares de simpatizantes después de que el video de sus comentarios circulara ampliamente. En McKinney, un suburbio de Dallas, una mujer agarró a un exalcalde y le metió un papel con un mensaje antimusulmán en la camisa durante una acalorada audiencia del Concejo Municipal sobre la expansión de una mezquita.
“Dejarlos solos en este entorno sería un poco preocupante”, dijo Kehar sobre su familia. “Es simplemente el miedo a lo que está sucediendo allá afuera”.
Hizo los arreglos para que su familia se le uniera en su despliegue cerca de la frontera canadiense tan pronto como pudieran llegar allí.
Kehar, que creció en California, es parte de un número creciente de musulmanes que se mudaron a Texas en las últimas décadas en busca de buenas escuelas, viviendas asequibles y una próspera comunidad de correligionarios. El área de Dallas-Fort Worth ha sido un imán particularmente fuerte para familias como la suya. Se han abierto decenas de mezquitas. Algunas se están expandiendo. Otras, como la resplandeciente Casa de la Paz de DeSoto, al sur de Dallas, tienen como objetivo proporcionar nuevos pilares para las comunidades musulmanas en Texas.
“Este es el lugar donde deben estar los musulmanes estadounidenses”, dijo Tammam Alwan, quien se mudó a Irving desde Detroit tras descubrir la comunidad a través de videos religiosos en internet. “Hice una oración: por favor, Dios, envíame a Irving”.
Pero, a medida que las comunidades han crecido, también lo ha hecho el resentimiento contra los musulmanes.
Durante mucho tiempo, la promesa de combatir el “islam radical” ha formado parte de la política republicana. La retórica solo se ha intensificado a nivel nacional, a medida que musulmanes como Zohran Mamdani, el alcalde socialista democrático de la ciudad de Nueva York, y Abdul El-Sayed, el candidato demócrata progresista al Senado por Michigan, ganaron contiendas importantes.
Pero los políticos en Texas han ido más allá de las palabras, enfocando el poder del estado en contra de algunos grupos musulmanes.
Un importante punto de inflexión llegó a principios de 2025, después de que los miembros del Centro Islámico de East Plano revelaran planes para un desarrollo inmobiliario centrado en una nueva mezquita en tierras de cultivo al este de Dallas. La oposición fue inmediata e intensa.
Los líderes estatales, incluidos el gobernador Greg Abbott y el fiscal general Ken Paxton, han abierto desde entonces investigaciones sobre instituciones musulmanas en todo Texas. Han buscado bloquear el desarrollo inmobiliario e investigar el asesoramiento religioso para divorcios. Abbott amenazó con retirar los fondos estatales de los aeropuertos de Texas que proporcionan estaciones de lavado ritual para los viajeros musulmanes, ordenó la cancelación de una fiesta privada en un parque acuático que celebraba una festividad musulmana y señaló al Consejo de Relaciones Estadounidenses-Islámicas (CAIR, por su sigla en inglés), un grupo nacional de derechos civiles, como un grupo terrorista, un paso que incluso el gobierno de Donald Trump no ha dado hasta ahora. (Florida siguió a Texas al aplicarle la misma etiqueta al CAIR).
Los esfuerzos de los líderes republicanos del estado para restringir la práctica islámica han coincidido con un impulso para expandir el lugar del cristianismo en la vida pública. En junio, Texas se convirtió en el primer estado en ordenar lecturas de la Biblia en las escuelas públicas, donde los legisladores ya habían exigido un tiempo de oración y la colocación de los diez mandamientos.
Para muchos votantes conservadores en Texas, el islam ha reemplazado a la frontera como una preocupación principal desde principios del año pasado, según han dicho consultores republicanos. Activistas antimusulmanes y candidatos de extrema derecha han descrito cada vez más al islam como incompatible con los valores estadounidenses. Advierten que Estados Unidos pronto podría parecerse a Europa, donde las poblaciones musulmanas son más grandes.
“No descansaré hasta que todos los musulmanes se vayan”, escribió un candidato republicano a nivel estatal, Bo French, en las redes sociales este verano.
Los líderes musulmanes en Texas han debatido sobre cómo responder. Algunos aconsejaron el acercamiento comunitario. Otros estaban frustrados con el regreso de una retórica que había estado en gran parte inactiva desde los ataques del 11 de septiembre a pesar de años de intentar fomentar el entendimiento interreligioso.
“Constantemente hemos intentado señalar nuestro historial y esperar que nuestro historial hable orgánicamente por sí mismo”, dijo Omar Suleiman, un destacado académico musulmán, en una entrevista en la mezquita de Valley Ranch. “Intentamos eso y no nos sirvió de nada”.
El momento exigía una postura de “fuerza”, dijo Suleiman, y una defensa legal sólida contra lo que, según él, eran ataques falsos. “En realidad tenemos que hacer que mentir sea legal y políticamente costoso para esta gente”, dijo. “Tenemos que contratacar”.
Señaló las protecciones religiosas otorgadas por la Constitución de Estados Unidos como la base de dicha defensa. Pero recientemente, los conservadores de línea dura han estado buscando una forma de negar esas protecciones.
En lo que aparentemente sería una primicia, una vía que se está explorando en Texas es intentar utilizar la ley estatal para prohibir o regular algunas prácticas culturales islámicas, tales como tribunales para el matrimonio y otras decisiones regidas por reglas religiosas, a menudo denominadas como la sharía.
Algunos quieren hacerlo tan pronto como la Legislatura de Texas se reúna el próximo año.
“Una de las primeras cosas que vamos a intentar hacer es definir qué es una religión”, dijo el representante estatal Alan Schoolcraft, un republicano de San Antonio. “El islam en sí no es solo una religión. Es mucho más que una religión”.
Una parte creciente de Texas
La población musulmana de Texas sigue siendo pequeña, alrededor de un 1 o un 2 por ciento de todos los residentes. Las cifras precisas son difíciles de obtener, porque el censo no pregunta sobre la religión, pero encuestas del Pew Research Center, y estimaciones de funcionarios estatales, sitúan a la población entre 300.000 y 500.000 personas. Entre los estados más poblados, solo Nueva York e Illinois tienen una mayor proporción de musulmanes que Texas.
El área de Dallas-Fort Worth ha sido un destino popular. En los últimos años, una de sus comunidades en crecimiento se encuentra en Irving, alrededor del Centro Islámico Valley Ranch, la segunda mezquita de la ciudad. Fundada en 2009, la mezquita tiene un campus grande y está planeando una expansión de casi 2880 metros cuadrados, con una cafetería y una cancha de baloncesto. En una oración nocturna reciente, las familias tuvieron dificultades para encontrar estacionamiento.
“Estamos creciendo más rápido de lo esperado”, dijo el jeque Yaser Birjas, quien ha dirigido la congregación desde 2010.
Birjas dijo que el éxito de la mezquita se debió en parte a su temprana adopción de la tecnología. Personas nuevas descubrieron sus servicios en internet. Algunas se mudaron a Texas para unirse.
Una señal del crecimiento de la comunidad proviene de los datos del censo sobre la migración internacional desde países de mayoría musulmana hacia los Estados Unidos. Esa población creció en el área metropolitana de Dallas-Fort Worth a más de 159.000 en 2024, desde unas 79.000 personas una década antes, creciendo cinco veces más rápido que la población en su conjunto.
Otra señal es el creciente número de congregaciones musulmanas.
En los cuatro condados más grandes de Dallas-Fort Worth, el número de mezquitas casi se triplicó a 76 para el 2020, por encima de las 28 de dos décadas antes, según datos de la Asociación de Archivos de Datos de Religión. En el condado de Collin, un área suburbana de rápido crecimiento al norte de Dallas, el número se cuadruplicó, pasando de tres a doce.
El aumento fue notable, pero el número de mezquitas sigue siendo pequeño. En comparación, los cuatro condados tienen más de 3000 congregaciones cristianas evangélicas.
Cómo el islam se convirtió en un foco de atención republicano
Casi todos los discursos en la Convención Republicana del Estado de Texas en junio incluyeron alguna expresión de sentimiento antimusulmán. Múltiples paneles de la conferencia advirtieron sobre una invasión musulmana. Combatir la sharía, el código islámico que guía a los practicantes, fue nombrado como una prioridad legislativa principal.
En el salón de convenciones, el nuevo Caucus Libre de Sharía de la Cámara de Representantes de Texas tenía un puesto. Amy Mekelburg, una destacada influente antimusulmana, presentó un video advirtiendo que los restaurantes de parrillada de Texas estaban siendo reemplazados por “plazas comerciales árabes”, como parte de una “toma de control” coordinada.
La atención sobre los musulmanes ganó nuevo impulso con la primera candidatura a la Casa Blanca del presidente Trump. En 2015, la alcaldesa de Irving, Beth Van Duyne, captó la atención nacional al criticar duramente la sharía. (Ahora es miembro del Congreso). Dos años después, los republicanos de Texas aprobaron legislación contra la sharía como parte de una ola de proyectos de ley impulsados por el Centro de Políticas de Seguridad, un laboratorio de ideas de extrema derecha en Washington.
Durante un tiempo, el partido se alejó del islam para concentrarse en la migración, la pandemia y las políticas de género.
Pero algunos en la extrema derecha comenzaron a enfocarse en un mensaje diferente y más polémico: que el islam no es una religión sino una ideología política.
Luego llegó la propuesta de desarrollo inmobiliario con una mezquita a las afueras de Dallas, conocido en ese momento como EPIC City. “Así es como cae Occidente”, escribió Mekelburg en las redes sociales en febrero de 2025.
Su retórica llamó la atención de Abbott, y él pronto inició investigaciones estatales sobre el desarrollo propuesto y la comunidad de la mezquita, el Centro Islámico de East Plano, o EPIC (por su sigla en inglés), que lo apoyaba.
Anthony Holm, un consultor político republicano, dijo que las preocupaciones sobre el islam eran una extensión de los temores de los votantes republicanos acerca de la migración ilegal, y ayudan a explicar el enfoque de Abbott. “Cualquier cosa que él hace está impulsada por las encuestas”, dijo Holm sobre el gobernador.
Abbott ha utilizado su designación terrorista del CAIR para intentar restringir a otros grupos islámicos. El consejo está impugnando la designación en los tribunales.
“Experimentamos oleadas de islamofobia”, dijo Shaimaa Zayan de la sede del CAIR en Austin. “Esta es la peor oleada”.
Ven un conflicto religioso inminente
Unas 300 personas se reunieron en un cine de Dallas a fines de mayo para ver un documental promocionado por revelar “el desastroso efecto del islam en Estados Unidos”.
Los patrocinadores del evento incluyeron un ministerio cristiano cercano, un grupo de conservadores judíos, varios grupos de mujeres republicanas y dos partidos republicanos locales de condado.
“La mayoría de las personas que están alzando la voz son cristianas”, dijo Frank X. Panico, director de la película y que es católico, mientras se relacionaba con los presentes junto a las máquinas de palomitas de maíz.
A medida que la población musulmana ha crecido en Texas, un cristianismo asertivo también ha echado raíces. Los cristianos conservadores de línea dura caracterizan la situación no como un cambio demográfico, sino como una batalla espiritual.
El documental, The Great American Conflict, contenía una mezcla de advertencias teológicas, políticas y culturales. Describía al islam como una fuerza que podría arrastrar a las comunidades hacia la izquierda —citando al alcalde Mamdani de Nueva York— y también amenazar la libertad de las mujeres.
El público escuchó que Texas estaba en el centro de esta lucha cultural.
“Este es el campo de batalla en este momento”, dijo Erick Stakelbeck, un presentador de Trinity Broadcasting Network, en el evento.
Barbara Isaacs, una activista del condado de Collin, distribuyó un panfleto animando a los texanos a involucrarse con sus gobiernos locales para prevenir o frenar la construcción de mezquitas.
“Compartan esto con sus amigos, con los miembros de su iglesia”, instó a la multitud.
¿Qué significa ‘asimilarse’?
Farhat Shaikh, una doctora que vive en Frisco, al norte de Dallas, se mantuvo de pie afuera de un centro de votación durante una reñida elección de segunda vuelta para la alcaldía en junio.
Para muchos en la extrema derecha, Frisco, con sus grandes poblaciones de sudasiáticos y musulmanes, era el epicentro de la lucha por el futuro de Texas.
Shaikh instó a los votantes a apoyar a Mark Hill, un exmiembro de la junta escolar, quien prometió unir la ciudad. El oponente de Hill, Rod Vilhauer, habló sobre la necesidad de que los musulmanes se asimilaran a la cultura estadounidense, y algunos de sus partidarios advirtieron de una “toma de poder” musulmana.
Hill se impuso en la elección. Aun así, para Shaikh, la campaña divisoria puso a musulmanas como ella en una especie de aprieto.
La asimilación significa unirse a las instituciones y ser “parte de la toma de decisiones”, dijo. “Formo parte de la PTA, soy voluntaria para mi comunidad, soy una médica en ejercicio. Me estoy asimilando”, dijo usando la sigla en inglés de la Asociación de Padres y Maestros. Pero ser activa también puede ser atacado como un intento de “toma de poder”, dijo.
La cuestión de la asimilación ha motivado a legisladores de Texas como Schoolcraft, y ha impulsado las peticiones de una definición de religión en la ley de Texas. Schoolcraft esperaba que dicha legislación animara a los musulmanes a asimilarse más plenamente y a no crear enclaves, como el desarrollo EPIC City.
“No estoy diciendo que abandones totalmente tu cultura”, dijo Schoolcraft. “Pero trata de convertirte en ciudadano del lugar donde vives. De lo contrario, va a haber conflicto”.
Los republicanos de Texas han advertido sobre musulmanes que buscan crear un sistema de justicia paralelo. Algunos señalaron a una pequeña organización con una década de antigüedad con sede en Dallas, el Tribunal Islámico, que proporciona consultas religiosas a mujeres que buscan el divorcio, incluso en matrimonios abusivos. Paxton inició una investigación.
Una abogada de la organización, Maria Kari, dijo que su orientación religiosa, como la de un tribunal rabínico judío o un tribunal católico, estaba protegida por la Primera Enmienda.
“No somos una corte”, dijo Taher El-Badawi, quien fundó el Tribunal Islámico.
Redefinir el islam como una ideología política no tendría precedentes como estrategia legislativa, dijo Asma T. Uddin, una abogada especializada en libertad religiosa, y sería “una manera de ganar la lucha por la libertad religiosa antes de que comience, definiendo al otro lado fuera de la categoría”.
Los tribunales estadounidenses han evitado definir la religión a lo largo de los años. En 2010, residentes de Tennessee intentaron detener una nueva mezquita, argumentando que no tenía derecho a ser tratada como un lugar de culto porque el islam no era una religión.
El Departamento de Justicia respondió en un escrito que “el islam es claramente una religión” protegida por la Primera Enmienda. Si el departamento bajo el mandato de Trump tomaría la misma postura era una pregunta abierta.
Por ahora, las instituciones musulmanas locales se han defendido por motivos constitucionales y legales, y prometieron continuar con su labor.
“La comunidad musulmana es una comunidad inmensa en Dallas y necesitan ayuda”, dijo El-Badawi del Tribunal Islámico. “Somos ayuda religiosa. Eso es todo”.