Hay hombres que no aprenden. Y luego está José Francisco, que parece que vive con el fósforo siempre encendido.

El homicidio de Sandra González López, de 40 años, en el área de visita conyugal del Cereso número 3 ya había cimbrado a la ciudad. Pero lo que ahora pesa más que las rejas es el patrón: los celos no solo fueron el detonador esta vez… fueron el mismo combustible que ya lo había llevado a prisión.

Hace diez años, en enero de 2016, José Francisco trabajaba como guardia de seguridad y su entonces pareja se llamaba Carmen. Una noche decidió revisar el celular de ella, abrió los mensajes de Facebook y se topó con lo que para él fue gasolina pura: un amorío con un tal Jesús Javier Padilla Salas, de 27 años.

En vez de hablar, llorar o irse, eligió el camino torcido. Se hizo pasar por Carmen y citó al supuesto rival el 23 de enero en una casa de las calles Estación Barreal y Estación Madera, en Jardines de Satélite.

Ahí, junto con un amigo identificado como Luis Fernando M.D., lo tuvo cautivo hora y media. Lo torturaron. Después lo mataron con un arma blanca.

El cuerpo fue envuelto en cobijas, cubierto con plástico transparente y amarrado con soga, como si así pudiera ocultar la furia que lo había desbordado. Lo dejaron escondido en una recámara.

El cadáver apareció hasta el 2 de abril, ya en avanzado estado de descomposición. Por ese crimen, José Francisco fue sentenciado a 16 años. Le faltaban seis para recuperar la libertad.

Pero los celos no se quedaron cumpliendo condena.

UPS, 60 AÑOS MÁS

El pasado lunes, en el área de visita conyugal del Cereso 3, Sandra González López le dijo que iniciaría los trámites de divorcio. Esa frase fue la chispa. Otra vez.

Según información interna, eso lo hizo estallar. Cuando los custodios entraron al cuarto, encontraron a Sandra sin vida, sobre el colchón colocado en la plancha de cemento.

La Fiscalía de la Mujer ahora pedirá 60 años de cárcel por este nuevo asesinato.

Cuando lo confrontaron, José Francisco soltó una frase que retrata su lógica torcida: “Se ondeó”, dijo, dando a entender que ella le había fallado y que por eso la mató.

Como si la vida de alguien fuera un castigo que él puede repartir cuando se siente traicionado.

APÚNTELE BIEN

No es la primera vez que los celos aparecen como excusa en un expediente criminal. Pero aquí no hablamos de un impulso momentáneo: hablamos de un patrón.

Hace diez años fue el amante.
Ahora fue la esposa.

Mismo motor, distinto cadáver.

Y mientras él suma años a su condena, dos familias suman ausencias. Porque cuando el amor se convierte en posesión, lo que arde no es el orgullo… es la vida de alguien más.

Las autoridades señalaron que Sandra conoció a José Francisco mientras visitaba a un familiar en el Centro de Reinserción Social y posteriormente inició una relación sentimental con él, la cual culminó en matrimonio al interior del penal