Ciudad Juárez.- En el interior de la habitación de concreto de 4 x 3 metros cuadrados, Sandra González López, de 48 años, fue sorprendida por su esposo, José Francisco C. C., quien la asfixió hasta dejarla sin vida sobre el colchón de la cama, la cual también es de cemento.
“Se ondeó”, dijo José Francisco, cuando la mujer presuntamente se despidió de él al dar por terminada la relación marital y pretender abandonar la habitación destinada a la visita conyugal dentro del Cereso número 3.
Al parecer nadie escuchó nada y sólo hasta que concluyó la hora del encuentro autorizado fue cuando los celadores encontraron el cadáver y al reo a un lado del cuerpo, informó personal de la Secretaría de Seguridad Pública Estatal (SSPE).
Será en las próximas horas cuando el Ministerio Público adscrito a la Fiscalía Especializada de la Mujer acuse de feminicidio a José Francisco C. C.
Ya había matado por celos
Los celos que embargaban al exguardia de seguridad lo llevaron a cometer el primer crimen, por el cual purgaba una sentencia en el penal a cargo de la SSPE.
En abril de 2016, José Francisco y Luis Fernando M. D. asesinaron a Jesús Javier Padilla Salas, de 27 años, quien presuntamente le envió mensajes privados por medio de Facebook a su pareja, una mujer identificada entonces como “Carmen”.
El cuerpo de la víctima, según el archivo periodístico, fue localizado envuelto en una cobija y en avanzado estado de descomposición el 2 de abril de ese año, en una vivienda ubicada en las calles Estación Barreal y Estación Madera, del fraccionamiento Jardines de Satélite.
C. C. era pareja sentimental de una mujer llamada “Carmen”, misma que sostenía una relación amorosa con la víctima; el agresor tuvo acceso a la cuenta de la red social Facebook de “Carmen”, y a través de los mensajes privados se percató del amorío que existía entre ambos.
Citó con engaños a la víctima el día 23 de enero en la casa de Satélite, y junto con Luis Fernando M. D., torturó a Jesús Javier durante una hora y media y finalmente lo asesinó con un arma blanca.
Entre los dos lo envolvieron en varias cobijas, lo cubrieron con plástico transparente y lo ataron con soga, dejándolo escondido en una recámara de la vivienda.
Carrillo Corona refirió haber colocado el arma blanca en el interior del resumidero del baño, de donde fue recuperada.