Los obispos fronterizos pidieron al gobierno de Donald Trump cambiar sus políticas migratorias y abrir la frontera con México para los solicitantes de asilo, a quienes desde el primer día de su mandato ha dejado en situaciones peligrosas, expuestos al abuso por parte de organizaciones criminales.
A través de la “Declaración de los Obispos Católicos de Estados Unidos en los Estados Fronterizos y Más Allá, sobre las Reformas Recomendadas a la Aplicación de la Ley de Inmigración en Estados Unidos”, firmada por los obispos de El Paso, Mark J. Seitz, y de Las Cruces, Peter Baldacchino, recomendaron al Congreso políticas que ayuden a proteger los derechos humanos de los inmigrantes y sus familias.
“Nos expresamos preocupados por el impacto de las recientes y continuas medidas de control migratorio del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) contra personas y familias que se encuentran sin estatus legal en nuestro país.
Si bien reconocemos el derecho y el deber de una nación soberana de hacer cumplir sus leyes, también creemos que dichas leyes deben respetarse de manera que protejan la dignidad humana y los derechos de la persona humana otorgados por Dios”, indicaron los 20 firmantes.
Los obispos ofrecieron recomendaciones políticas que ayudarán a proteger los derechos humanos de los inmigrantes y sus familias.
“Se debe respetar el derecho a solicitar asilo en la frontera. Nos preocupa profundamente que a los solicitantes de asilo de buena fe se les niegue la oportunidad de solicitar asilo en la frontera entre Estados Unidos y México. El derecho a solicitar asilo forma parte del derecho estadounidense e internacional. Negarles este derecho los expone a condiciones y situaciones peligrosas, expuestos al abuso por parte de organizaciones criminales”, externaron.
Señalaron que el acceso al asilo en la frontera debe ser completamente restaurado. Y mostraron su rechazo al arresto y la detención de refugiados respetuosos de la ley que han sido admitidos legalmente en Estados Unidos, como lo ha propuesto el Departamento de Seguridad Nacional (DHS).
Los religiosos instaron “encarecidamente” al gobierno de Donald Trump que respete los lugares sensibles y se restablezca la protección de lugares de culto, escuelas e instalaciones sanitarias frente a las medidas de control migratorio, como indica la legislación estadounidense.
Los operativos del Servicio de Control de Inmigración y Aduanas (ICE) han provocado temor entre la comunidad migrante de los Estados Unidos, como ocurre con los niños que van a la escuela o quienes ya no asisten a misa por temor a ser deportados.
“Desde nuestra perspectiva como pastores, hemos constatado que miembros de nuestra congregación han decidido no asistir a misa ni acceder a los sacramentos de la Iglesia por temor a las medidas de control migratorio”, externaron.
A través del documento, los religiosos de la frontera reafirmaron la postura de los obispos católicos estadounidenses de que los inmigrantes y sus familias que han forjado su patrimonio en Estados Unidos y que -la gran mayoría de los indocumentados- cumplen la ley deben tener la oportunidad de salir de la sombra y obtener su ciudadanía con el tiempo, convirtiéndose en miembros legales de pleno derecho y contribuyentes a sus comunidades y a la nación.
“Creemos que los inmigrantes y sus familias que contribuyen al bien común no deben ser objeto de deportación. Las familias inmigrantes deben mantenerse unidas. También les instamos encarecidamente a garantizar que la separación de las familias, que puede tener efectos perjudiciales para la unidad familiar, se minimice permitiéndoles, en la mayor medida posible, permanecer juntas en Estados Unidos”, denunciaron.
Además, dijeron que el Congreso y la administración deben financiar programas de reintegración para los deportados. “Instamos al Gobierno estadounidense a ayudar a mitigar las causas fundamentales de la migración irregular -la falta de desarrollo económico, la degradación climática, los conflictos y la inseguridad en los países de origen-, así como a invertir en programas de reintegración para garantizar que los inmigrantes puedan reintegrarse de forma segura y humana a sus hogares de origen y mantenerse a sí mismos y a sus familias con dignidad. Los inmigrantes no deben ser deportados a terceros países”, externaron.