Cuando el testigo de iniciales E. F. S. llegó a Juárez le dijeron que era una ciudad tranquila. Había comenzado a trabajar el 28 de marzo de 2022 como encargado de una gasolinera ubicada en el cruce de avenida De las Torres y avenida Universidad Tecnológica, donde supervisaba a los despachadores. Poco más de cuatro meses después, la tarde del 11 de agosto, terminó escondido detrás de un automóvil, auxiliando con un cinturón a un compañero herido de bala en medio de la violencia del ‘Jueves Negro’.
Ese fue el testimonio que rindió durante la tercera jornada del juicio oral por terrorismo que se sigue contra Juan Carlos V. y Jorge Antonio C. B., acusados por hechos ocurridos el 11 de agosto de 2022.

Recordó que aquel jueves había transcurrido con normalidad hasta alrededor de las cuatro de la tarde. Salió de la oficina para dirigirse a las bombas uno y dos cuando un hombre, a quien describió como moreno, de baja estatura y complexión robusta, sacó un arma de fuego y comenzó a disparar contra las bombas de combustible. “Vi una bala”, declaró ante el Tribunal.
Sin tiempo para reaccionar se refugió detrás de un vehículo mientras las detonaciones continuaban. Calculó que el ataque duró varios minutos y dijo que el agresor huyó en un automóvil negro. Cuando el ruido de los disparos cesó, accionó el botón de pánico de la estación con la esperanza de que llegaran los cuerpos de emergencia.
Fue entonces cuando encontró a Ramón, uno de los despachadores, tendido junto a la bomba número uno. Apenas tenía un mes trabajando en la estación y ese era el primer turno que compartía con el testigo. Presentaba una herida de bala en una pierna y otra en una mano, mientras la sangre seguía brotando y ninguna ambulancia llegaba.
“Todo el mundo tenía pánico, nadie quería auxiliarlo”, recordó. Mientras algunos clientes corrían para ponerse a salvo y otros trabajadores permanecían inmóviles por el miedo, el testigo de armó de valor e improvisó un torniquete con un cinturón para contener la hemorragia. Después llamó a unos guardias de seguridad, compañeros de trabajo, que se encontraban en el kilómetro 20, quienes acudieron al lugar y trasladaron al lesionado en un automóvil Tsuru hasta un hospital.
Al recordar aquella tarde, E. F. S. dijo que nunca imaginó que su llegada a Ciudad Juárez estaría marcada por un episodio como ese. “Yo era nuevo en la ciudad. Me decían que era muy tranquilo. Todo fue de la nada, era un día normal para nosotros”, declaró.
El ataque también cambió la rutina de la estación. Al día siguiente casi ninguno de los trabajadores regresó por miedo; solo él y otro compañero se presentaron a laborar, mientras la afluencia de clientes disminuyó considerablemente. Ramón permaneció incapacitado durante seis meses y después renunció.
A varios kilómetros del Cereso 3, donde un motín detonaba la jornada de violencia que quedó marcada como el ‘Jueves Negro’, un trabajador que apenas comenzaba una nueva vida en Ciudad Juárez intentaba salvar a un compañero al que acababa de conocer.
El testimonio de E. F. S. quedó asentado en la tercera jornada del juicio por terrorismo que dio inicio el pasado 15 de julio.