En el marco del centenario de uno de los sucesos más enigmáticos de la historia regional, el Gobierno Municipal de Parral rememoró los hechos ocurridos la madrugada del 6 de febrero de 1926, cuando la tumba del General Francisco Villa, ubicada en el Panteón de Dolores, fue profanada para sustraer su cráneo en una operación encabezada por el coronel Francisco Durazo Ruiz, motivado por la ambición económica y una recompensa ya obsoleta.
De acuerdo con la memoria histórica, tras exhumar los restos de la fosa 632, Durazo intentó trasladar el cráneo hacia Texas; sin embargo, fue interceptado en Jiménez por jefes militares que, indignados por la deshonra al prócer, lo amenazaron con el fusilamiento, lo que derivó en el ocultamiento del botín en la Hacienda El Cairo, cerca de Salaices.
Años más tarde, un plano entregado por la familia Figueroa al gobierno estatal reveló que el entierro del cráneo se encontraba en el kilómetro 41 de la carretera Parral–Jiménez, aunque para 1961 la zona ya había sido cubierta por la infraestructura vial, dejando los restos presumiblemente bajo el pavimento.