Cd. de México.- En algún rincón de la casa del animador Adam Elliot hay una caja con miles de cartas.


Es la correspondencia de 30 años con un hombre estadounidense, quien tenía Asperger y cambió su vida. Son su tesoro.


De Australia, hogar de Elliot, a Estados Unidos, morada de su compañero epistolar, y viceversa, iban y venían sueños, confesiones. Seres vulnerables se narraban sus vidas con papel y tinta.


"Cuando le escribía, le contaba cosas que jamás habría compartido con mis amigos o mi familia", admite el director, en entrevista.


De aquella amistad a distancia nació Mary y Max (2009). La película, de stop motion, se convirtió en un título de culto en todo el mundo, incluido México, donde no había hallado distribución en cines... hasta ahora.


La cinta llegará a las salas este jueves como un ajuste de cuentas para los cinéfilos. El ganador del Óscar lo ve como homenaje a David Rubin, como se llamaba realmente ese amigo por correspondencia, quien murió en 2024.


"No nos conocimos en persona sino hasta que terminamos la película. Lamentablemente, falleció hace unos años. Resulta extraño pensar que, durante 30 años, me mandaba cartas con una persona a la que nunca había visto, pero con la que había compartido tanto.


"Aquí tengo todas sus cartas, miles, que me escribió. Así que, sí, creo que el mensaje de Mary y Max sigue vigente hoy. Los personajes resultan creíbles y auténticos, a pesar de ser simples masas de plastilina".


Incomprensión, soledad y amor. De acuerdo con su creador, esos temas son el corazón y el alma de Mary y Max, una historia llena de empatía sobre dos personas que sienten que no encajan en este mundo.


Mary Dinkle (Toni Collette), de ocho años, solitaria, con madre alcohólica y padre indiferente, vive en Melbourne. Un día, elige al azar un nombre de la guía telefónica de Nueva York y le escribe una carta.


Max Horovitz (Philip Seymour Hoffman), de cuarenta y tantos, con Asperger y una vida monótona, la recibe con sorpresa. Decide contestar.

El largometraje es un recorrido por los altibajos de la improbable relación epistolar. Creada como una película para adultos, recorre aspectos como la depresión, las adicciones, la disfunción familiar y el aislamiento.


Cuando Elliot la hizo, las redes sociales comenzaban. A 17 años de su lanzamiento, cree que su mensaje prevalece pues, en medio de la hiperconectividad actual, el mundo atraviesa una epidemia de soledad.


"Yo escribía sobre mi propia soledad y la de mi amigo. No creía que a nadie le interesara, porque la soledad conlleva un estigma. Si te sientes solo, es posible que te vean como impopular, raro o introvertido.


"Por supuesto, ocurrió lo contrario: una historia muy personal puede llegar a ser universal. Y sí, la soledad es una epidemia. A pesar de las redes, mucha gente se siente desconectada, aislada y confinada".


Creada de manera independiente, la filmografía de Elliot es así: está poblada por personajes marginados, incomprendidos. En Memorias de un Caracol (2024), su heroína era una niña con labio leporino, acosada en la escuela.


Si el realizador siente debilidad por seres así es porque se identifica con ellos, dice. Tiene una enfermedad hereditaria que lo hace temblar, por lo cual quiso que sus creaciones tuvieran grietas, lucieran imperfectas.


Elliot, de 54 años, admite que en lo personal tiene largos periodos de baja autoestima y depresión. Opina que la plenitud es una sensación fugaz, momentánea, y cuando él está más cerca de ella es cuando crea un filme.


"Nunca he encontrado la felicidad y sé que probablemente nunca lo haré. Pero creo que soy más feliz cuando estoy en el estudio con mis animadores, artistas, escultores y mi diseñador de sonido.


"Hacer una película es un desafío enorme, titánico, pero, al mismo tiempo, es cuando me siento más a gusto. Cuando entro en ese estado todo fluye. Es como el yoga. En los periodos entre películas no me siento bien".


La condición humana, sostiene, es una mezcla de altibajos, como una montaña rusa. Su cine replica ese ying-yang a través de sombríos dramas (carentes de finales hollywoodenses), pero con dosis de humor.


"Todos nos esforzamos por obtener la mayor cantidad posible de cosas buenas, pero debemos ser conscientes de que también nos tocará lo malo.


"Lo bueno es que nacemos y lo malo es que morimos. Incluso a un nivel tan simple, es imposible escapar de la oscuridad".