A 100 años de su nacimiento, el mito de Marilyn Monroe permanece intacto.
Pocas figuras han resistido el paso del tiempo con la potencia de la actriz nacida como Norma Jeane Mortenson el 1 de junio de 1926.
Su rostro continúa habitando la cultura popular, la moda, el cine, el arte y la imaginación colectiva como un símbolo de glamour, deseo y tragedia.
Pero reducirla a ello sería ignorar la complejidad de una mujer que luchó por ser tomada en serio en una industria empeñada en convertirla únicamente en un símbolo de fantasía.
Aunque Monroe tuvo una filmografía relativamente breve, dejó títulos fundamentales para comprender la evolución del cine estadounidense de los años cincuenta: Los Caballeros las Prefieren Rubias (1953), La Comezón del Séptimo Año (1955), Nunca Fui Santa (1956), Una Eva y Dos Adanes (1959) y Los Inadaptados (1961).
En ellas transitó del arquetipo de la "rubia tonta" a personajes más vulnerables y complejos, demostrando una sensibilidad interpretativa que historiadores del cine, a la larga, han reivindicado.
Incluso hoy, instituciones cinematográficas y críticos especializados insisten en resignificarla como una intérprete aguda, capaz de dominar el humor y el melodrama con una precisión pocas veces igualada, todo sumado a su magnetismo.
"No necesitas haber visto sus películas para saber quién es. Creo que la comedia era lo suyo y peleó por ser considerada para papeles más serios. Luchaba constantemente por salir un poco de esta imagen de la rubia boba, de la rubia inocente.
"Monroe era una figura en muchos sentidos: era un símbolo sexual, una mujer coqueta y atractiva, y tenía un carisma impresionante. Es una de las más emblemáticas de la historia del cine, sin duda", contó Adriana Fernández, crítica de cine.
Sin embargo, la consolidación de la californiana como icono atemporal no puede entenderse sin el peso de su vida privada.
Sus matrimonios con el beisbolista Joe DiMaggio, el dramaturgo Arthur Miller y su primer esposo, James Dougherty, alimentaron el interés mediático.
Las especulaciones sobre romances, incluida su cercanía con figuras políticas, ayudaron a construir una personalidad pública que mezclaba deseo, fragilidad y misterio.
Pero detrás de la superestrella había una mujer marcada por una infancia atravesada por el abandono, los hogares temporales y la enfermedad mental de su madre.
Monroe habló en distintas ocasiones sobre la sensación de vacío, ansiedad y soledad que la acompañaba, mientras enfrentaba problemas de salud emocional, insomnio y dependencia a medicamentos.
Su historia, observada hoy, permite entenderla no sólo como un símbolo sexual explotado por el sistema, sino como una figura humana y vulnerable.
"Fue un personaje muy moderno en el sentido de que tuvo una vida personal muy mediática, y eso es algo que se vive mucho hoy en día, porque las celebridades exponen su vida de forma muy pública a través de las redes sociales. Ella tuvo varios matrimonios fallidos y tormentosos. Además, perdió bebés.
"Tuvo una infancia muy traumática, con una madre ausente, bajo el control de sus esposos y dentro de relaciones muy tóxicas. Es importante también hablar de Marilyn en ese sentido: su salud mental era un gran estigma, pero más allá de la figura hay que recordar que era humana", añadió Fernández.
En la búsqueda de reclamar el control de su carrera, fundó Marilyn Monroe Productions, convirtiéndose en una de las pocas mujeres de su tiempo en desafiar el rígido poder de los estudios de Hollywood.
Con ella produjo apenas dos filmes, Nunca Fui Santa (1956) y El Príncipe y la Corista (1957), justo antes de morir de manera misteriosa el 4 de agosto de 1962, a los 36 años.
"Ella no fue una santa, pero tampoco un demonio. Si hemos de recordar a Marilyn, debería ser como esta figura luminosa y talentosa. Ella está impregnada en el imaginario colectivo. Es de esas pocas figuras que, al pasar de los años, trascienden", comentó Fernández.
"Desde esa foto con el vestido blanco que lució en la película La Comezón del Séptimo Año hasta la vez que le cantó 'Happy Birthday' al Presidente John F. Kennedy, todo eso la convirtió en una celebridad que recordaremos".
"No necesitas haber visto sus películas para saber quién es. Creo que la comedia era lo suyo y peleó por ser considerada para papeles más serios. Luchaba constantemente por salir un poco de esta imagen de la rubia boba, de la rubia inocente.
"Monroe era una figura en muchos sentidos: era un símbolo sexual, una mujer coqueta y atractiva, y tenía un carisma impresionante. Es una de las más emblemáticas de la historia del cine, sin duda", contó Adriana Fernández, crítica de cine.
Sin embargo, la consolidación de la californiana como icono atemporal no puede entenderse sin el peso de su vida privada.
Sus matrimonios con el beisbolista Joe DiMaggio, el dramaturgo Arthur Miller y su primer esposo, James Dougherty, alimentaron el interés mediático.
Las especulaciones sobre romances, incluida su cercanía con figuras políticas, ayudaron a construir una personalidad pública que mezclaba deseo, fragilidad y misterio.
Pero detrás de la superestrella había una mujer marcada por una infancia atravesada por el abandono, los hogares temporales y la enfermedad mental de su madre.
Monroe habló en distintas ocasiones sobre la sensación de vacío, ansiedad y soledad que la acompañaba, mientras enfrentaba problemas de salud emocional, insomnio y dependencia a medicamentos.
Su historia, observada hoy, permite entenderla no sólo como un símbolo sexual explotado por el sistema, sino como una figura humana y vulnerable.
"Fue un personaje muy moderno en el sentido de que tuvo una vida personal muy mediática, y eso es algo que se vive mucho hoy en día, porque las celebridades exponen su vida de forma muy pública a través de las redes sociales. Ella tuvo varios matrimonios fallidos y tormentosos. Además, perdió bebés.
"Tuvo una infancia muy traumática, con una madre ausente, bajo el control de sus esposos y dentro de relaciones muy tóxicas. Es importante también hablar de Marilyn en ese sentido: su salud mental era un gran estigma, pero más allá de la figura hay que recordar que era humana", añadió Fernández.
En la búsqueda de reclamar el control de su carrera, fundó Marilyn Monroe Productions, convirtiéndose en una de las pocas mujeres de su tiempo en desafiar el rígido poder de los estudios de Hollywood.
Con ella produjo apenas dos filmes, Nunca Fui Santa (1956) y El Príncipe y la Corista (1957), justo antes de morir de manera misteriosa el 4 de agosto de 1962, a los 36 años.
"Ella no fue una santa, pero tampoco un demonio. Si hemos de recordar a Marilyn, debería ser como esta figura luminosa y talentosa. Ella está impregnada en el imaginario colectivo. Es de esas pocas figuras que, al pasar de los años, trascienden", comentó Fernández.
"Desde esa foto con el vestido blanco que lució en la película La Comezón del Séptimo Año hasta la vez que le cantó 'Happy Birthday' al Presidente John F. Kennedy, todo eso la convirtió en una celebridad que recordaremos".