Ciudad de México.- Sin importar que suene a pop, regional, electrónica o clásica, los mexicanos aman a la música, se entregan en cuerpo y alma, como se comprobó anoche en el Zócalo con el recital de Andrea Bocelli y sus 130 mil asistentes, cifra según el Gobierno capitalino.
La vibra se sentía al cruzar el Eje Central. Al avanzar por la calle Madero, varios músicos se animaron a dar una "probadita" de lo que le esperaba al público. Un hombre tocando el chelo, otro el violín y, más adelante, alguien cantando ópera, encandilaban a los transeúntes que se abrían paso por el corazón de la Ciudad para llegar a su destino.
El escenario, montado como siempre delante de la Catedral Metropolitana, ya dejaba ver tres grandes pantallas. En la plancha, la primera sección contaba con sillas para invitados especiales del banco organizador: actores, actrices, creadores de contenido, medios de comunicación, invitados del gobierno local y algunos suertudos que llegaron más temprano.
En la otra mitad, las vallas separaban al público que debía permanecer de pie para disfrutar el espectáculo. Familias enteras, jóvenes y adultos mayores se acercaban al Zócalo, la mayoría expectantes, pues la música del italiano no les era ajena, sin ser su predilecta.
Pasadas las 18:45 horas, la tensión en el público era visible, debido a que muchos deberían permanecer parados y a una distancia considerable del escenario. Un nutrido grupo de personas burló la seguridad de la primera sección y comenzó a ocupar los espacios y sillas. El caos fue contenido por elementos de seguridad, quienes decidieron abrir el acceso para evitar mayores disturbios.
En los altavoces se oyó a alguien decir: "A los visitantes que no tienen asiento, les pedimos por favor que se sienten en el suelo", lo que molestó a parte de la multitud, que estalló en gritos, rechiflas y reclamos.
La presencia de Beatriz Gutiérrez Müller, esposa del ex Presidente Andrés Manuel López Obrador, y de Clara Brugada, Jefa de Gobierno de la CDMX, generó una ola de "¡fuera, fuera!" entre algunos de los que se encontraban cerca de la primera sección. Otros de los más cercanos a ambas les pedían fotos.
Pero todo quedó en el olvido cuando el tenor, de 67 años, apareció a las 19:20 horas para conmemorar los 30 años de su álbum Romanza. Los presentes lo recibieron con ovaciones y aplausos.
Enfundado en un brillante saco azul con moño, arrancó con un repaso de su discografía. Durante el concierto lo acompañaron, en distintos momentos, la soprano Larissa Martínez y el barítono Juan Carlos Heredia.
Clásicos como el aria "Nessun Dorma", de Turandot, y la melódica "Sogno", interpretados por Bocelli al frente de la Orquesta Sinfónica de Minería, arrancaron varios suspiros entre el público.
"Gracias a todos, esta es una noche maravillosa", dijo a los mexicanos.
Hasta tres cambios de vestuario lució el italiano, quien, apoyado por bailarines en algunos actos, ofreció una experiencia completa y colorida.
La emoción se desató cuando Los Ángeles Azules y Ximena Sariñana aparecieron para interpretar "Mis Sentimientos" con la sinfónica, así como "What a Wonderful World", el bello himno de Louis Armstrong, junto a Bocelli. Al ritmo de la cumbia llegó el clásico "Vivo Por Lei", momento que compartió con el conjunto de Iztapalapa y Pía Toscano, que se convirtió en uno de los favoritos de la noche.
Los fuegos artificiales estallaban en el cielo nocturno y auguraban el final del
espectáculo. El estelar hizo una reverencia al público y se despidió a las 21:50 horas.