Siempre he sido seducida por conocer todo sobre la historia de Chihuahua. Bueno, quisiera ser seducida de otra manera, pero a mi edad, ya ni modo. Aunque… ahora que recuerdo, el otro día me encontré un… perdón, me distraje, ese no es el tema.
Le decía que la primera vez que conocí la Quinta Carolina, se me fue el aire ante tanta magnificencia.Sentí un asombro que todavía no termina. Quise saberlo todo sobre Luis Terrazas; me compré sendos libros y me los comí enteritos. El general, el negociador brillante, el ganadero implacable, el artífice de la paz con los apaches a punta de genocidio y cabelleras. El gobernador. El culpable del inicio de la revolución. La Quinta Carolina era el pináculo de su ostentación, aunque tenía más de diez haciendas igual de grandiosas, pero esta era el reflejo exacto de la diferencia de clases y del México que estaba a punto de incendiarse.
La Quinta Carolina es una belleza arquitectónica, con casi tres mil metros de construcción, desmesurada e inconcebible. Permanece como un emblema vivo del porfiriato y nos transporta a la época de los caciques.
Cuentan las crónicas que don Luis mandó construirla como casa de campo para su esposa Carolina y que fue inaugurada en junio de 1909 con una fiesta memorable. El esplendor le duró nada. Un año después, Pancho Villa confiscó la propiedad. Más tarde, tras la derrota villista, Venustiano Carranza devolvió el inmueble a la familia. Y fue entonces cuando comenzó su deterioro.
Donada al gobierno estatal, ha sido restaurada y hoy podremos disfrutarla durante el Festival de Vinorte, el evento en el que solo se reúnen las vinícolas chihuahuenses y donde puede usted convivir y platicar con los enólogos y propietarios de las bodegas. Habrá gastronomía, actividades culturales y, por supuesto, vino.
Ahí estará Vinícola Diez González. Además, ofreceré una charla-degustación sobre vino y cine, un encuentro donde la literatura y la enología se mezclarán para conversar sobre Cumbres borrascosas, esa novela tempestuosa de amor y obsesión. Porque hay historias que, al igual que los vinos, dejan un sabor intenso e inolvidable. Ellos se amaban, pero por caprichos no pudieron vivir su amor. Bueno, eso de amar a todos nos pasa, pero la cosa es que ellos sí se murieron de amor. Yo, ni de loca.
El evento comienza a las 4 p.m. y termina a las 11 de la noche. Acompáñenos y camine entre jardines, escuche historias, pruebe buen vino y permita que la Quinta Carolina le platique de los tiempos del gran don Luis y su magnificencia.
MIEMBRO AECHIC.
SILVIA GONZÁLEZ DELGADO