Hace varios meses, Dan y Meghan Nichols, una pareja de Cleveland, se dieron cuenta de que ya no podían ignorar la profunda brecha que se había desarrollado en su relación.
Los Nichols, casados por más de una década y con tres hijos, han tenido peleas cada vez más acaloradas por la carga mental de Meghan. Ese es el trabajo continuo y en gran medida invisible de administrar un hogar y una familia, lo que incluye reabastecer los víveres, programar las citas médicas de todos y organizar las actividades extracurriculares de los niños.
En las parejas heterosexuales, estas tareas en gran parte recaen en las mujeres, a pesar de que ahora las mujeres conforman casi la mitad de la fuerza laboral en Estados Unidos.
“Estaba en un punto de quiebre y simplemente exhausta”, dijo Meghan.
Así que la pareja buscó ayuda. En lugar de un consejero matrimonial, recurrieron a una fuente poco común: Zach Watson, un exmaestro de Matemáticas y Ciencias de secundaria que vive en Nueva Inglaterra. Watson se describe a sí mismo como un “hombre niño en recuperación” que se convirtió en un coach de redistribución de carga mental hace tres años.
En sus sesiones, Watson guía a los hombres a través del trabajo a menudo invisible que mantiene su hogar en funcionamiento y desarrolla estrategias con ellos para reequilibrar la carga.
Watson se capacitó como facilitador certificado del Método Fair Play mediante un curso desarrollado por Eve Rodsky, la autora de El método Fair Play para las tareas domésticas, un libro que ofrece un sistema para ayudar a las parejas a redistribuir la carga de trabajo en el hogar.
Hay 121 facilitadores del Método Fair Play en Estados Unidos que trabajan con el público; solo ocho son hombres, dijo Jenn Younker, directora de operaciones del Instituto de Políticas Fair Play.
La sesión de la pareja, su primera con Watson, tuvo lugar en una videollamada de Zoom un viernes por la mañana. Watson comenzó revisando el progreso de Dan Nichols con las tareas del hogar. Algunas cosas habían salido bien; otras no. Una mañana, Dan Nichols dijo que prepararía a los niños para la escuela para que Meghan pudiera dormir un poco más.
Preparó los almuerzos de los niños y los vistió, pero luego decidió tomar una siesta rápida.
“Como que me quedé dormido y me pasé de la hora en la que esperaba despertarme”, dijo Dan. Apresuró a los niños al auto para que no llegaran tarde, pero se perdieron el desayuno.
“Yo estaba como: ‘Dios mío, no puedo dar ni un paso atrás’”, dijo Meghan. “¿Puedo confiar en que te encargarás de las cosas?”.
Durante esta sesión, Watson animó a Dan Nichols a asumir la “responsabilidad total” de una tarea.
Si doblas la ropa limpia pero no la guardas, explicó Watson, e ignoras que el detergente está casi vacío, “eso es el 80 por ciento, no el 100 por ciento”.
Watson, quien ha estado casado durante 10 años y tiene una hija de 4 años y bebés gemelos, ha aprendido de sus propios errores. Él comparte esas lecciones en las consultas y con sus 1,4 millones de seguidores en las redes sociales, entre ellos la actriz Kristen Bell, con quien hizo un sketch sobre la “fatiga de decisión” entre las madres. También consiguió un contrato para un libro con Random House.
“Hace unos años, no habría esperado estar en llamadas de Zoom varias veces a la semana hablando con la gente sobre cómo sacan la basura en su casa”, dijo Watson. “Pero aquí estamos”.
Reescribiendo ‘El manual del hombre niño’
Un desequilibrio perpetuo en el trabajo doméstico puede parecer, para algunos, un problema menor, pero puede conducir a la tensión y el agotamiento en la relación y a un menor deseo sexual, y eventualmente resultar en divorcio.
Oona Metz, una psicoterapeuta radicada en Boston que se especializa en tratar a mujeres que atraviesan un divorcio, dijo: “Hablo con mujeres todo el día sobre por qué se están divorciando, y casi siempre, este problema entra en juego”.
Muchos de los clientes de Watson se tambalean en ese borde. La mayoría han sido enviados por sus esposas o parejas, y “se ha sacado a colación el divorcio o la separación”, dijo.
Watson es el primero en admitir que conoce cada truco de lo que él llama “el manual del hombre niño”.
Se casó con su esposa, Alyssa Watson, analista de investigación clínica, en 2015; las tensiones comenzaron en 2018 cuando compraron una casa multifamiliar. Fue idea de él, dijo. El plan era renovar el lugar para que pudieran generar ingresos pasivos al tener un inquilino.
Aun así, fue él quien se mostró pasivo.
Durante los 19 meses de la renovación, dijo él, su esposa estaba “tomando todas las decisiones”, a pesar de tener un trabajo a tiempo completo. Sus peleas se volvieron tan intensas que se separaron por tres meses.
Eventualmente volvieron a estar juntos y su hija Everly nació en 2021. Aunque Alyssa dijo que “Zach estaba realmente motivado para ser un padre involucrado”, comenzaron a pelear una vez más por la excesiva carga mental de ella.
Se dio cuenta de que necesitaba ser un mejor esposo además de padre, y se sumergió en la investigación. En 2022, leyó Fair Play y comenzó a publicar videos en las redes sociales sobre las formas en que los hombres aumentaban la carga mental de su pareja.
En una publicación de 2023, explicó que Alyssa acababa de sacar unos bizcochos de arándanos del horno y había salido de la habitación. Su hija le pidió uno, así gritó para consultarle a Alyssa: “¿Crees que estos muffins están demasiado calientes para dárselos?”, recordó.
Fue una “pregunta estúpida”, dijo. “Podía ver el vapor salir de ellos”.
La publicación tocó una fibra sensible y acumuló 25 millones de vistas hasta la fecha. Después de sus publicaciones en las redes sociales sobre la carga mental, recibió una avalancha de comentarios y mensajes directos de espectadores que le preguntaban si consideraría un papel de asesor.
Poco después, se capacitó para ser facilitador de Fair Play. Desde entonces ha asesorado a cientos de clientes, a quienes les cobra 75 dólares por una llamada de una hora.
Algunos clientes complementan sus sesiones con psicoterapia o terapia de pareja, pero otros no lo hacen, dijo Watson. “Realmente no indago en el pasado de la gente”, dijo. En cambio, “les doy pasos a seguir”.
Watson, que es divertido y modesto, ayuda a los clientes a definir claramente sus roles e insta a las parejas a tener una reunión semanal, independiente de su coaching, sobre la logística del hogar.
Luego, en cada sesión, él registra su progreso, hace que los clientes rindan cuentas mediante sistemas que ha establecido, los anima a compartir sus emociones y busca soluciones a los problemas.
Metz, la terapeuta en Boston y autora de Unhitched: the Essential Divorce Guide for Women, dijo que la asesoría de Watson podría ser útil si las personas están abiertas a cambiar su comportamiento. Pero, dijo, si es un “problema de carácter, donde alguien piensa: ‘Este no es mi trabajo y estas cosas no son la gran cosa’”, eso puede ser más difícil de tratar.
Una y otra vez, Watson les dice a sus clientes masculinos: si asumes más de la carga mental de tu pareja y también haces el trabajo emocional, es probable que tu relación mejore, a veces dramáticamente.
Su esposa ha visto esta curva ascendente en su propio matrimonio. “Zach pasó de ser otro niño al que tenía que cuidar a alguien que en realidad está haciendo su parte en la casa y en nuestras vidas”, dijo ella.
Cuando la pareja recibió la noticia de que venían gemelos en camino, Watson entró de inmediato en modo de planificación de tareas.
“Fui capaz de reconocer gran parte del trabajo que ella iba a empezar a asumir, y de qué podía hacerme cargo”, dijo Watson.
Una carga doméstica más equilibrada puede resultar en un vínculo más estrecho. “Hay muchas más sonrisas, muchos más momentos felices”, señaló Dan Nichols en su sesión con Watson, mientras intercambiaba una sonrisa tímida con su esposa. “Es más fácil conectar, comunicarse”, dijo. “El tema de la intimidad es mucho mejor. Y no se siente como si estuviera saltando de error en error”.
Watson suele decirles a sus clientes masculinos que hay dos “medidas fáciles de aplicar” y eficaces que pueden llevar a cabo de inmediato: deja de decir que estás “ayudando” en la casa y “deja de hacer preguntas abiertas”.
Agregó: “Deja de decir cosas como: ‘¿Dónde está el kétchup?’. ¿En realidad buscaste en el estante?”.