Cd. de México.- Argentina encara el 2026 envuelta en una paradoja de éxito y misterio.
Tras la gloria eterna en Qatar 2022 y el bicampeonato de América en 2024, la Albiceleste llega al Mundial como el rival a vencer, pero con una cuenta pendiente que genera dudas razonables: la falta de roce con las potencias europeas.
Desde 2023, su camino ha sido impecable en cuanto a resultados, dominando las Eliminatorias Sudamericanas con autoridad, pero el calendario ha privado al equipo de Lionel Scaloni de medirse contra el rigor de la UEFA.
Con la cancelación de la Finalissima ante España, el fogueo de marzo se redujo a pruebas africanas frente a Mauritania y Zambia -dos equipos que no estarán en el Mundial- en La Bombonera.
Si bien la AFA anunció que estos duelos les "ayudarían a preparar su debut" ante Argelia en el Grupo J, la afición argentina se cuestiona si la ausencia de encuentros contra sinodales de calidad como Francia, Inglaterra o Alemania les pasará factura.
En su sector esperan Austria y Jordania, pero el verdadero desafío surgirá en los cruces de eliminación directa, cuando les toque un rival de cuidado.
Aunque la jerarquía de Messi y el buen momento de algunas de sus figuras como Julián Álvarez, Lautaro Martínez, sostienen la ilusión, el ritmo de las transiciones europeas es hoy un enigma para el bloque defensivo nacional.
Sin un termómetro real que mida la respuesta ante la presión alta y el ritmo de las selecciones del Viejo Continente, Argentina apuesta todo a su ADN competitivo, sin saber si le alcanzará o no.